Espacios sociales diferenciados

Los dueños de la nueva arquitectura aymara de El Alto

La actividad comercial es uno de los núcleos de las construcciones, conocidas como cholets, que a su vez mueven la trama de las relaciones sociales y económicas, sostiene el autor.

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La Paz - domingo, 26 de junio de 2022 - 5:44

Junto con los estudiantes de sociología de la UPEA estamos haciendo un recorrido selectivo por los diferentes lugares de la joven y dinámica ciudad de El Alto. El objetivo es conocer de cerca las experiencias de vida, las actividades económicas (como los circuitos turísticos) y las nuevas obras en arquitectura en esta ciudad. Este recorrido nos está permitiendo conocer aspectos poco difundidos en los medios de comunicación, especialmente referidos a la nueva arquitectura aymara (“cholets”, lo que no deja de ser despectivo por venir del vocablo cholo).

El Alto tiene varios núcleos con densidades urbanísticas diferentes y dinámicas poblacionales propias y complejas de una ciudad joven, que se reflejan en las actividades comerciales, la arquitectura y la vida cotidiana de sus habitantes ubicados a 4.000 metros sobre el nivel del mar. Según una proyección del INE para 2021, El Alto habría tenido una población de 1.089.100 habitantes (creemos que es mayor). Aquí la vida social como económica es intensa como compleja dada en la existencia de diferentes niveles económicos y la producción de los espacios sociales diferenciados. En esa relación, la actividad comercial es uno de los núcleos junto con la nueva arquitectura. El comercio y la arquitectura merece un tratamiento sociológico, porque son los núcleos gravitantes que mueven la trama de las relaciones sociales y económicas.

Estamos realizando diálogos con los actores de la nueva arquitectura aymara. Ese trabajo no es fácil, pero tampoco difícil. Se podría decir que es cuestión de decisión y tenacidad, como las que tienen dichos actores. La palabra decisión tal vez sea clave para la producción de esta nueva arquitectura. En aymara, existe la palabra uñt’aña (conocer) u uñjant’aña (mirar) sobre o de algo que no se conoce o se conoce poco. Esto es importante porque por ese medio se puede entender cómo se obtienen los logros económicos y a la vez las maneras de pensar de los dueños de los nuevos edificios y la gente que los rodea.

El sábado 4 de junio conversamos con don Víctor Choque, dueño de “Titanic” (nombre que le dieron los medios de comunicación), porque el prropietario dice que aún no tiene nombre y cuando lo tenga será registrado en el Senapi. En esa conversación notamos que la palabra “obra” es la expresión favorita de don Víctor cuando se refiere a la nueva arquitectura. Esta obra está ubicada cerca de la UPEA. El edifico es imponente porque da un nuevo paisaje a esta parte de la ciudad. Según el dueño, hace seis años que está en construcción.

El lugar será para que todos visiten y puedan apreciar no solo el aspecto arquitectónico, sino también obras de arte y de carácter turístico y por tener símbolos emblemáticos de la cultura andina y del mundo global.

Le preguntamos al señor Choque sbre las fuentes de financiamiento del proyecto. Él responde que “es producto del trabajo de toda una vida”. Una dedicación al comercio que le obligó a privarse de otros aspectos, como las fiestas o las amistades. “No bailo, soy muy poco de beber, prácticamente le he dedicado mi vida entera a este proyecto”, dice. El diseño nació de él y su esposa, ajustado por el arquitecto Freddy Mamani Silvestre.

Sociológicamente se puede decir que su finalidad es la búsqueda de la distinción, pero no como el de ser mejor que los otros, sino ser diferente frente a los otros. “Esos otros pueden ser los actores de la arquitectura alteña o las élites bolivianas, como la de Samuel Doria Medina, que ha construido su Green Tower”, dice. En este punto hay una particularidad ya anunciada por Randolph Cárdenas y otros (2010) que es la búsqueda de lo original en esta nueva arquitectura. En la mente de don Víctor está muy presente ese hecho y para eso es importante imaginar e invertir capital económico.

Este alteño se identifica con lo aymara porque es ahí donde aprendió, afirma, perfectamente el sentido de la palabra luraña u irnaqaña (trabajar sin descansar). Nadie puede estar sin hacer nada, y en en el mundo aymara existe el mensaje de vida que dice “no hay que estar echado como lagarto, sino siempre haciendo algo”. En esa relación se puede divisar que hay una ética de trabajo y una decisión como acto de hacer algo en la vida.

Si uno decide y lo tiene proyectado en mente es cuestión de trabajar y poner en dirección todo acto y sentido de la vida. Eso se refleja en el diálogo, al que nosotros llamaríamos alaxpach uta: casa del cielo y de la vida.

Esa relación habla de la disciplina y una forma de ser gente, o jaqi, puesto que la gente trabaja para ser algo en la vida. Así, el trabajo es una de las fuentes de lo que uno es, o no es. Sin duda todos los mundos sociales tienen un fin o un proyecto de vida social o individual. Aquí ese detalle también se observa. En ese sentido don Víctor nos refiere que la obra no es solo para el dueño y el copropietario (el edifico tiene copropietario), sino para que todos puedan estar en ese lugar para disfrutar la ciudad y la altura del lugar.

Aquí también se cruzan dos claves: disfrutar la vida y la actividad comercial. Según Víctor, toda la obra será parte de una actividad económica, pero a la vez de disfrute de la vida. La parte de arriba será para mirar el paisaje de la ciudad, el resto tendrá espacios de actividades festivas, comercio, entre otras.

Llevar a la práctica cada una de esas decisiones y visiones no es fácil. Implica riesgos, desasosiego, entrega, dedicación y también imaginación. Ese mismo razonamiento se escucha en otros de nuestros entrevistados que seguiremos presentando próximamente.

“Sociológicamente se puede decir que su finalidad es la búsqueda de la distinción, pero no para ser mejor que los otros, sino ser diferente frente a los otros”.
“Sociológicamente se puede decir que su finalidad es la búsqueda de la distinción, pero no para ser mejor que los otros, sino ser diferente frente a los otros”.

Pablo Mamani Ramirez / Sociólogo

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