Francia

Macron, un monarca republicano

Su reelección lo confirma como auténtico monarca republicano, con cierto halo heroico y dique de contención frente a la extrema derecha.

Ideas
Redacción Diario Página Siete
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La Paz - domingo, 08 de mayo de 2022 - 5:00

La “grandeur” (grandeza) va asociada al régimen fundado por el general Charles de Gaulle. El paseo de Emmanuel Macron, acompañado por su mujer más un grupo de niños y adolescentes, con la Torre Eiffel como fondo bajo los acordes del Himno de la Alegría, exhibía sentido de trascendencia, cual prólogo del discurso de aceptación de la victoria en el Campo de Marte. París como representación del poder y capital fedataria de formas, protocolo y ritual que prestigian la institución máxima de la Francia laica. La teatralización del festejo introdujo un toque postmoderno, con DJ convertido en segundo protagonista, quien, contorneándose con fineza, elegía músicas euforizantes para la ocasión. El yin y el yang.

Si los presidentes del Hexágono se asemejan a monarcas republicanos, dicho rango queda realzado en Macron. Los resultados electorales confirman los datos de hace un lustro: la irrelevancia de los otrora partidos mayoritarios, socialistas y “gaullistas”, en las presidenciales. Según ocurriera con tantos reyes, el pueblo llano le percibe como alguien elitista y arrogante; pero, un halo heroico rodea al procónsul agradecido con aquellos votantes que le eligieron como segunda opción para frenar a Marine Le Pen. Macron es baluarte de los valores republicanos de la democracia liberal. El dique de contención –galo y continental– frente a la amenaza de una extrema derecha que, como hormiguita, no cesa de avanzar. La candidata rubia ha alcanzado el 41,4% de sufragios, escalables desde el 33,9  (2017) y menos del 18% –cota de su padre en 2002–.

Desde la “grandeur” de la política exterior, dominio reservado del Palacio del Eliseo, Ucrania requería primacía sin otorgar réditos electorales; y el presidente, seguro de sí mismo y con espíritu de “noblesse oblige” (nobleza obliga), se alejó del “homo economicus” para llegar tarde a la campaña. La instantánea en mesa infinita frente a un Putin temeroso del contagio por covid-19 figurará en el álbum fotográfico del siglo XXI. Dicen que Macron resulta distante; pero, ¿lo puede ser un estadista no populista que, con motivo de la muerte de Maradona, escribe un artículo personalizado donde refleja su admiración por el astro argentino?

La banca Rothschild data del siglo XVIII. Uno de los patriarcas de la saga le dijo a cierto cliente engreído, enfadado por tener que esperar para ser atendido: “tome dos asientos”. ¿Qué tienen en común Georges Pompidou y Macron? Ambos presidentes brillaron en el banco mítico, provisor de contactos y distinción; mientras, fichajes tan inteligentes reflejan la sabiduría de la familia ennoblecida de prestamistas judíos salidos de un gueto alemán.

Un impuesto sobre los carburantes atizó el estallido social de los “chalecos amarillos” (2018), entendido como revuelta de la Francia de provincias: las “jacqueries” datan del Medievo. Los sectores populares de una clase trabajadora erosionada, percibidos a sí mismos como perdedores de la globalización, en el epicentro. Si ese resentimiento condujo a ciertos votantes del Medio Oeste de Estados Unidos hacia el populismo de Trump, el enfado francés beneficia tanto al extremismo de derecha (Le Pen) como a la izquierda radical (Mélenchon).

La Francia de Vichy, colaboracionista con la Alemania nazi, es fantasma incorporado al subconsciente colectivo galo. Los “pieds-noirs” constituían otro foco pionero de ultraconservadurismo, integrado por colonos de origen europeo retornados desde Argelia, sobre todo a la costa mediterránea francesa, tras la independencia de la nación magrebí (1962). A partir de estos mimbres, echó a andar la extrema derecha con el Frente Nacional de François Le Pen. Como en bola de nieve rodante, se han ido sumando nuevas capas, incluidos antiguos votantes comunistas procedentes de zonas mineras en declive industrial del noreste de Francia.

Marine Le Pen se presentaba con maneras más suaves; mientras, el nombre del partido fundado por su progenitor ha sido cambiado. No obstante, como en el cuento del “lobo vestido de cordero”, el fondo permanece. Una actitud beligerante frente al chivo expiatorio de la inmigración tenía como correlato su deseo de dar preferencia a los nacionales en materia de subsidios de desempleo y ayudas sociales. Además, abogaba por eliminar el automatismo de la nacionalidad para los niños nacidos en el país de padres foráneos: una traición a los principios de la Revolución Francesa.

La desconfianza hacia la UE integra un perfil contrario a la globalización. En debate televisado, la candidata populista llamaba con ingenuidad a frenar las compras de bienes extranjeros, lo que también reduciría las emisiones de CO2 al evitar el transporte desde países lejanos. El presidente replicó con brillantez, echándole en cara la propuesta de reducir el IVA sobre los carburantes que son importados y contaminantes.

En 2017, Macron, exministro con el socialista François Hollande, se postulaba para presidente de Francia desde un centro extremo, abierto a delfines “gaullistas”. Las reformas de liberalización económica impusieron un giro hacia el centro-derecha durante su primer mandato, acentuado por la política de mano dura contra la inmigración ilegal. La recuperación tras la crisis pandémica, con baja tasa de desempleo –un 7,5%– e inflación menor que en el agregado de la Zona Euro, favorecía la reelección. Macron lanzó guiños para captar votantes de Mélenchon, apoyado por muchos jóvenes en primera vuelta.

El presidente afrontará una medida impopular en país estatista: la reforma de las pensiones públicas, que aumentaría la edad de jubilación a los 65 años. Este proyecto, razonable en una Europa envejecida ha sido criticado por Le Pen. Macron también deberá mostrar mayor activismo en políticas medioambientales. El deterioro de los servicios públicos en salud y educación preocupa. Los liceos, antiguas fábricas de hacer franceses que no logran integrar a la población multiétnica de la “banlieue” parisina, son tema recurrente en películas como La clase (2008).

El apoyo al presidente –con un 58,6% de los votos y elevada abstención– se dispara en la exitosa ciudad global de París, que le ha concedido más del 85% del sufragio, denominador común entre barrios acomodados y aquellos con menores ingresos, feudo electoral de Mélenchon.

En cualquier caso, un dato resulta inquietante en el París que excluye a Le Pen: el buen desempeño de un candidato situado a su derecha en distritos muy exclusivos como Neuilly, donde Éric Zemmour ha cosechado casi el 19% de los votos desde un populismo receloso en extremo frente a los musulmanes franceses.

“Los resultados electorales confirman los datos de hace un lustro: la irrelevancia de los otrora partidos mayoritarios, socialistas y gaullistas, en las presidenciales”.
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