Crisis y corrupción

¿Qué se puede hacer con la Policía Boliviana? ¿Tiene remedio?

Analistas coinciden en que lo que falla en la Policía es la ausencia de controles; recomiendan aplicar reformas que vayan en sintonía con la sociedad. Las opciones van desde una institución descentralizada, hasta la creación de una Guardia Nacional, como parte de las FFAA.

Ideas
Redacción Diario Página Siete
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La Paz - domingo, 15 de mayo de 2022 - 5:00

Policías que tienen en su posesión autos robados y comercializándolos; jefes policiales involucrados en narcotráfico... la lista es larga. El último escándalo de corrupción en la Policía Boliviana, una institución tan esencial del Estado, ha vuelto a poner en debate la necesidad de implementar reformas. Pero, ¿qué se debe hacer? ¿Tiene remedio la Policía?

Han surgido propuestas desde aplicar una descentralización, eliminación del mando único, creación de policías departamentales y municipales independientes, fiscalización regional y municipal, hasta la transformación de leyes que rigen el régimen policial.

¿Hay una salida? Lejos de brindar certezas, el comandante de la Policía, Jhonny Aguilera, afirmó que “la Policía es mejor que el FBI”; anunció también que se descontará un año de antigüedad a cada oficial que sea sorprendido en posesión de un auto indocumentado o robado. Aunque después anunció que se dará de baja a los oficiales ”reincidentes” en posesión de autos indocumentados. Pero pese a esas desafortunadas declaraciones, el jefe policial dijo que “tenemos que recibir esta llamada de atención y de crítica no sólo con conciencia, sino también con compromiso. Tenemos ahora la posibilidad de reinventarnos”.

También esta semaa el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, dijo que la reforma de la Policía ya está en marcha y que se concretará con un paquete de leyes. “Tendremos un nuevo régimen disciplinario donde se podrá sancionar al mal policía y se pueda absolver a cualquier buen policial que está siendo involucrado injustamente en un proceso”, afirmó.

Según Jorge Santiestevan Justiniano, coronel del servicio pasivo y analista de seguridad y defensa, en este momento de “calor político” se puede dar todo tipo de sugerencias “porque se ha desnudado ya de una manera abierta, cínica e incontrolable la corrupción en la Policía”.

Pero, agrega, hay que tener tino para proponer acciones rectoras para solucionar este problema, porque la institución policial puede desestabilizar a un Estado y a un gobierno “porque tienen un poder que el mismo Gobierno de turno les ha otorgado”.

Los políticos, dice el analista, son “prisioneros de los mandos policiales porque les conocen toda su vida y los detalles de lo mal que hacen”.

Critica las declaraciones del comandante de la Policía, que ofrece “reformas mediáticas”, como la intervención de Diprove, medida que en su criterio “no soluciona nada”. En su opinión, una reforma en esa institución, primero debe ser despolitizada y debe ser inclusiva y cercana a los intereses de la sociedad.

“La Policía está desmoralizada porque no existe liderazgo”, dice y asegura que uno de los cambios inmediatos debe ser una reorganización, cambiando el alto mando, y poner gente consciente que quiera trabajar, al margen de colores políticos, que se haga cargo de la institución hasta que se hagan las reformas. Eso en lo inmediato y urgente”.

Una segunda opción, en su criterio, es es que la Policía forme parte de la estructura organizativa de las Fuerzas Armadas como una Guardia Nacional y que forme parte del Comando en Jefe de las FFAA como una cuarta fuerza, bajo un mando único.

“Esa solución está orientada a los problemas operativos, porque las órdenes se harán en un plano de ente colegiado y las tareas serán conjuntas, como en una sola fuerza. Los temas administrativos serán mejor controlados”, explica y alerta que esa medida causaría “una remoción política porque tienen miedo de hacerla, pero se puede”.

Otra alternativa es que la Policía (como una Guardia Nacional) sea una entidad con mando único centralizado administrativamente, pero con ejecución de las tareas operativas descentralizada en las diferentes regiones.

“Para ello deben tener tareas exclusivas, no con un sinnúmero de tareas porque ninguna se cumple bien. Éstas deben ser proteger a la sociedad de las amenazas tradicionales y emergentes, como la lucha contra el narcotráfico y la lucha contra el crimen organizado, desprendido en trata y tráfico de personas, secuestros, atracos a mano armada, tráfico de armas y terrorismo”.

“Esas tareas atentan a la seguridad de los ciudadanos; por eso el mando debe estar centralizado, pero con ejecución descentralizada, pero se deben desprender de la Policía el régimen penitenciario, los batallones de seguridad, Tránsito, Diprove, Bomberos e investigaciones del Ministerio Público, órganos que deben pasar a depender de los gobiernos municipales o departamentales, según sus competencias”, complementa

Y la última, que no es difícil de hacer, sólo se necesita voluntad política, es que la Policía mantenga su actual estructura, pero cambiando a un mando que tenga la voluntad de reformar la institución y con la seguridad ciudadana a cargo de los municipios; esto en concordancia con el artículo 299 de la CPE.

“¿Por qué la Policía se hace cargo de la seguridad ciudadana?”, se pregunta y sostiene que ningún nivel de gobierno (central, departamental o municipal) realiza una buena labor en esa área.

“Los gobiernos departamentales y municipales hacen negocio; compran equipo y camionetas y ahí ganan un porcentaje. No funciona así. Los gobiernos municipales deben hacerse cargo de la seguridad ciudadana, así la Policía tendría un peso menos”.

Las reformas que propone el coronel Santiestevan pasan por una reforma constitucional, principalmente del artículo 244 que establece la conformación de las Fuerzas Armadas.

Institucionalidad débil

Según el analista Gregorio Lanza, los problemas en la Policía son reflejo de la débil institucionalidad del país; “sin embargo, en los últimos diez años estas debilidades han crecido hasta generar una profunda crisis porque el gobierno y Evo Morales han convertido a la Policía en una institución al servicio político para el uso de la fuerza frente a la demanda social y para el control de los opositores. Les ha dado vía para todos los ilícitos”.

El segundo aspecto, en su criterio, tiene que ver con la concepción de la Policía, “que es retrógrada”. “El uso de la fuerza y no de la inteligencia, de los procesos y no de la tecnología y eso tampoco ayuda”.

Con referencia a esos procesos, Lanza dice que para ingresar a la Academia de Policías, los postulantes deben pagar alrededor de 10 mil dólares, “porque es una inversión y tienen que recuperarla; ahí comienza el camino de la corrupción, pagar a los altos mandos”.

También observa la ausencia de un “control cruzado” (base de datos y seguimiento de inteligencia para saber cuáles son los delitos que cometen los oficiales, desde el volteo de droga, robo de autos).

“Se tiene información de que al menos un 20% de los oficiales tienen procesos, pero nunca se hace nada”, apunta.

“Esta situación tan grave puede ser cambiada, pero lo primero que debe haber es decisión política. Soy optimista, creo que el presidente Arce y el vicepresidente Choquehuanca tienen la disposición para resolver esto, pero se necesitan procesos. Es una reforma de largo plazo”, estima.

Para el corto plazo sostiene que se debe crear una comisión con personas externas, con apoyo internacional, conformada por los mejores oficiales de las promociones, que tendrán que estar al mando de acá a cuatro, a cinco años. “Esos oficiales deben participar, para esbozar un plan de reforma de la Policía. De lo contrario, la situación será más grave, tener a esa Policía es un riesgo para la ciudadanía porque no se ocupa de la seguridad ciudadana”, dice.

Lanza sostiene que deben existir cambios concretos, como la necesidad de que los que llegen a la Policía lo hagan por meritocracia, con exámenes transparentes en los que se incorpore la inteligencia emocional, capacidades y otras aptitudes.

Tres propuestas

Gabriela Reyes, criminóloga y experta en seguridad, dice que se debe tomar tres medidas: modificar la Ley 101, del régimen disciplinario de la Policía; cambiar el plan de carrera policial; y continuar con la reforma del sistema educativo policial.

“La Ley 101 debe ser cambiada. Si bien hay varias propuestas, se debe lograr un consenso sobre una versión final. Es ‘clave’ la socialización de la propuesta y su aceptación en la suboficialidad. Arreglar la última versión de la Ley del Plan de Carrera Policial, para que se aplique sólo a oficiales. Su implementación será esencial para su efectividad, por lo que una comisión de policías y civiles debería encargarse de esto”.

Y explica que la reforma del sistema educativo policial se inició el 2019 y ya hay diagnóstico y hoja de ruta. Para llevarla adelante, se debe contar con policías y expertos en áreas específicas porque esta tarea no se la puede dejar únicamente a la Policía ni a extranjeros.

Sobre la crisis en esa institución, dice que no es algo nuevo. “Es una herencia, algo que se mantiene y que no se ha podido modificar. Todos los intentos de reforma han fracasado y cuando se han hecho reformas que han afectado lo estructural o que se pensaba que iban a afectar lo estructural han tenido como resultado la caída de ministros”,.

Reyes recomienda no hablar de “reforma policial” porque eso genera miedo e incertidumbre en la Policía, pero recalca que “es imperativo reformar o presentar una nueva ley del sistema disciplinario policial, ya que la actual la Ley 101 no funciona”.

“Si no se cambia el modo de gestionar los recursos humanos policiales, nada va a cambiar; para mí, ésa es la columna vertebral de todo”, dice la analista y califica las medidas anunciadas por el comandante de la Policía como “errores”. “Un policía rezagado es un policía que sabe que no tiene chances de llegar a ser general. Entonces, ¿qué motivacion tiene para ser buen policía?, sólo con mantenerse en la institucion y ascender para subir su sueldo no es suficiente”.

Se muestra crítica, también, con el sistema penal, que libera a policías que han cometido delitos y que luego son reincorporados a la institución. “Hay buenos policías, pero la idea de esa ley de plan de carrera es poder discernir y que los buenos se queden y los malos se vean obligados a dejar la institucion”, afirma.

Sostiene que hay un vacío en la norma policial en cuanto a esa gestión de recursos humanos. ¿Cómo se evalúa hoy a un policía? ¿Tiene metas, objetivos, indicadores de desempeño que cumplir? ¿Cómo se premia ese buen desempeño de manera objetiva?

Sin controles

Emilio Rodas, exviceministro de Régimen Interno y Policía, dice que “cada semana vemos un escándalo de proporciones en la Policía, lo que demuestra que el sistema de control está totalmente desbocado; no hay controles, evaluaciones ni seguimiento”.

Sobre la descentraliación, dice que la Policía es cuerpo nacional con mando único, vertical y si bien algunas funciones de la Policía pueden ser asumidas por los municipios, el caso de Tránsito, por ejemplo, la Policía es una institución nacional, así lo dispone la Constitución.

“No sería funcional, pero el problema no es la centralidad del mando, el problema es que los mecanismos de control interno no están funcionando. ¿Cómo puede ser que un capitán llegue a general con una fortuna millonaria y que la institución no lo evalúe?”, se pregunta.

En la Policía existe la Oficina de Control Interno, pero según Rodas es un “saludo a la bandera”, porque las instancias disciplinarias de la Policía no responden las notas para ver en qué situación están las denuncias ciudadanas contra algunos oficiales.

“La Policía está desmoralizada porque no existe liderazgo; uno de los cambios inmediatos debe ser una reorganización, cambiando el alto mando, con gente que quiera trabajar”.
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