Matasuegra

¿Quién podrá defendernos?

Pedro Callisaya decidirá qué camino seguir: el de la ética y el compromiso con la ciudadanía, o el de la picardía y el compromiso con el partido, escribe el autor.

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La Paz - domingo, 02 de octubre de 2022 - 5:00

La Defensoría del Pueblo es una institución importante y necesaria en cualquier país, más aún en Bolivia, donde los abusos de autoridad son frecuentes y muchas veces quedan impunes.

Solo el Estado puede violar los derechos humanos, vale decir, que solo las autoridades del Estado pueden violar derechos humanos. Si yo me llevo a una persona contra su voluntad, es un delito, secuestro; pero si lo hace un policía, sin una orden judicial, es una violación de derechos. La diferencia es clara.

Entonces, la función del Defensor es, precisamente, defender a la ciudadanía de los abusos de poder que pueden cometer algunas autoridades o funcionarios estatales. El gobierno no necesita un Defensor del Pueblo, de hecho, nadie puede violar los derechos humanos del gobierno o de los gobernantes, pues son ellos los únicos que podrían incurrir en esta figura.

No obstante, el gobierno del MAS se ha empeñado, desde David Tezanos, en tener un defensor que este de su lado. La actuación de este señor durante las protestas de los discapacitados, por ejemplo, fue vergonzosa, ya que, lejos de abogar por los manifestantes –que desde ya estaban en desigualdad de condiciones en su enfrentamiento con la policía–, hizo de agente infiltrado y ofreció incentivos para dividir la movilización.

O sea, fue un operador de la típica estrategia masista de la división, “divide y vencerás” (que viene del imperio romano, por si acaso los antiimperialistas no saben de dónde proceden sus actuales prácticas socialistas).

Luego nos enteramos que Tezanos estaba muy lejos de ser el candidato idóneo para el puesto, y ante el escándalo público por violencia de género, don David tuvo que dejar la Defensoría en manos de Nadia Cruz, quien no ocultó jamás su corazoncito albiazul. Ella incluso tomó partido durante los conflictos de 2019 y se reunió con sectores masistas, entre otros deslices que cometió durante su larguísimo interinato, que, además, ambicionaba prolongar de manera oficial.

Y el MAS lo volvió hacer, pese a no contar con los dos tercios en el Legislativo, urdió una estrategia y la ejecutó a la perfección: esperaron pacientemente a que la oposición bajara la guardia y saltaron. Era previsible, por otra parte, que muchos legisladores cruceños viajaran a su departamento para celebrar el 24 de septiembre, y así sucedió, y los masistas cambiaron el orden del día, votaron y eligieron a su candidato: Pedro Callisaya.

Las “estrategias envolventes” –eufemismo acuñado por García Linera hace años– son la característica del MAS. Hacen alarde de su picardía, se sienten orgullosos, pues ante la falta de inteligencia, el pícaro infla el pecho por sus barrabasadas, ya que no conoce de ética ni principios, solo de trampas y ventajismo.

Y claro, ahora dice que todo fue legal, y es cierto, pero no fue ético, y eso señores y señoras oficialistas no le hacen bien a la democracia, pues no solo debemos buscar la legalidad, sino también la legitimidad, en un marco ético que dé ejemplo al resto de la ciudadanía. Pero para qué seguir hablando, pues como dice el viejo proverbio chino: “No trates de enseñarle a leer a un cerdo, pues perderá el tiempo y harás enojar al animal”.

Ahora don Pedro Callisaya está en el ojo público, y cualquier error será inmediatamente detectado. Claro que él puede desbaratar los prejuicios que ya le asignó buena parte de la opinión pública con un desempeño ético y enmarcado en lo que estrictamente le compete, que es defender al pueblo de los abusos del Estado y sus autoridades.

Debe recordar que no tiene porqué defender al gobierno, a ningún gobierno. Pero, tampoco se puede dejar pasar que él aceptó la picardía masista: don Pedro, al aceptar la elección ilegítima, avaló la tramposa maniobra del oficialismo. Una persona ética habría declinado su candidatura antes de ser elegido en condiciones tan polémicas.

Sin embargo, merece el beneficio de la duda. Ahora me acuerdo de otro defensor cuestionado al inicio de su gestión, don Rolando Villena, que luego tapó la boca a muchos y se ganó la enemistad del masismo. Don Rolando hizo un buen trabajo y dejó la vara alta, demostró que la independencia es vital para ejercer ese cargo y que la ética y el compromiso con los derechos humanos son irrenunciables pese a las presiones y, seguramente, tentaciones que se presentan en el camino.

Pedro Callisaya ya carga un “pecado original”, pero solo de él depende liberarse de esto, y lo logrará siguiendo el ejemplo de Ana María Romero, Waldo Albarracín y Rolando Villena, quienes dieron la talla y supieron enfrentarse al poder para defender al pueblo. Los otros dos que siguieron, casi derrumbaron la institución, echando por tierra la labor de sus predecesores y la imagen bien construida de la Defensoría.

Don Pedro decidirá qué camino seguir: el de la ética y el compromiso con la ciudadanía, o el de la picardía y el compromiso con el partido. Por lo pronto, en situación tragicómica, recuerdo una vieja serie humorística mexicana y me pregunto: Y ahora... ¿quién podrá defendernos?

“Don Pedro, al aceptar la elección ilegítima, avaló la tramposa maniobra del oficialismo. Una persona ética habría declinado su candidatura”.

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