Economía

Sólo sentido común

El país requiere un Estado fuerte e inteligente, que se concentre en la protección a ciudadanos, el imperio de la ley y regulación de monopolios.

Ideas
Hernán Paredes Muñoz
Por 
La Paz - domingo, 15 de enero de 2023 - 5:00

El debate iniciado por Antonio Saravia y Samuel Doria Medina es una buena oportunidad para reflexionar Bolivia. Parto del convencimiento de que el desarrollo del país será más acelerado y con grandes logros económicos, sociales y ambientales si constituimos un Estado fuerte e inteligente, que genere políticas económicas, que, a estas alturas del conocimiento y la experiencia internacional, son de sentido común.

Parece increíble, pero Carlos Marx y Javier Milei (distantes en el tiempo y en el pensamiento) coinciden sobre lo que acelera el desarrollo en estos últimos siglos. Dejemos a un lado las variantes (neos, posts) y vayamos al fondo. Milei, ese excelente economista y ojalá próximo presidente de Argentina, demuestra con pasión cómo los países más desarrollados y con bajos índices de pobreza, son, probadamente, los que han aplicado políticas liberales.

Para Marx y también León Trotski, el capitalismo acabará cuando ya no pueda desarrollar fuerzas productivas y coinciden en que las políticas liberales clásicas son las más acelerantes. Visiones tan dispares coinciden en que hay capitalismo por un buen tiempo, mientras genere tecnología, fuerzas productivas, inteligencia artificial, robótica, etcétera.

A propósito de las políticas liberales. En Bolivia, salvo excepciones, aplicamos políticas anti-liberales desde la Revolución del 52 a la fecha, mediante diversos gobiernos fieles a un Estado intervencionista, empresario y empleador público. Los resultados son claros: economía pequeña y atrasada. En la década del 70 y en la década pasada, a pesar del gran ingreso de dólares por exportaciones primarias, seguimos con una economía débil/primario exportadora, lejos de las promesas. Carlos Toranzo diría, perdimos oportunidades para constituir un “nuevo patrón de acumulación”.

Sin embargo, hay un hecho que marca la diferencia en nuestra historia y con el entorno económico actual. Gracias a Víctor Paz Estensoro, la estabilidad económica ya es un patrimonio nacional. El actual presidente y exministro ha hecho bien en consolidar este legado, más allá de los discursos. El problema es que la estabilidad no es suficiente para el desarrollo que nos urge.

Bolivia tiene increíbles recursos naturales y sus recursos humanos han mostrado tener potencialidad, el problema son las reglas de juego. Es indiscutible que sin instituciones no hay desarrollo. La pobre institucionalidad ha sido más deteriorada a partir de la última reforma constitucional, y es contraria al desarrollo, entre otras cosas por:

1. Exagerada intervención del Estado en la economía; 2. Tremendo daño de la corrupción a la economía y la moral; 3. Falta de leyes apropiadas que promuevan la generación de empleo, desarrollo productivo, etcétera. Exceso de leyes inútiles. 4. Mantenimiento de la economía informal que convierte la estabilidad del tipo de cambio en incentivo al crecimiento del contrabando. 5. Convencimiento que la sostenibilidad de cualquier proyecto político depende de la cantidad de empleados públicos que sean militantes/simpatizantes del partido de gobierno, este no es solo un rasgo exclusivo del actual gobierno, la exageración, sí.

Las reglas de juego para los actores económicos y sociales, son tan inciertas como inútiles, bloquean la potencialidad de los diversos actores económicos. Veamos algunos hechos:

1. Burocracia pública desproporcionada que no logra institucionalidad, coexiste y es funcional a una gigantesca informalidad/ilegalidad económica: el 70% de los bolivianos vivimos al margen de la legislación económica. Una especie de liberalismo salvaje, que sirve de colchón para la pobreza, pero nos afinca en un tropezar cada vez con la misma piedra.

2. Mayor proporción del presupuesto general de la nación destinado a financiar esa gordura burocrática. Un mal compartido por los tres niveles de gobierno y todos los colores políticos. Consume más que los impuestos que pagamos los bolivianos, es decir, los gobiernos tienen que acudir a créditos/emisión inorgánica/sacrificar inversión, para contratar masivamente empleados públicos, normalmente al margen de la meritocracia. De manera paralela, establecen una relación negativa con la actividad privada llamada formal. Diría Robert Kiyosaki que tenemos como país, más pasivos (que sacan dinero de las arcas del Estado: burocracia) y menos activos (que meten dinero a las arcas del Estado: empresas que pagan impuestos).

3. Si Marcelo Quiroga Santa Cruz estaría vivo, seguro escribiría El saqueo de Bolivia, hoy, se referiría, entre otras cosas a la explotación del oro por la sociedad cooperativas/inversionistas chinos. Es más, Eduardo Galeano escribiría Las venas abiertas de Bolivia. Según publicaciones de prensa y declaraciones de autoridades, durante el último conflicto, cuando el gobierno intentó aplicar un impuesto del 5%; se estima que anualmente se saquea Bolivia, aproximadamente el triple de todas nuestras reservas internacionales. Increíble, por falta de institucionalidad, y fortaleza estatal; estamos raspando la olla por dólares, mientras por el norte paceño sale oro sin límites, generando además de daño económico, un daño ambiental impresionante, liderizados por el químico mercurio. En este problema, comparten actitud/debilidad, los tres niveles de gobierno. Basta escuchar las declaraciones del gobernador de La Paz, o el silencio de los alcaldes de la zona. Me pregunto: ¿Por qué no se nacionaliza el oro y se genera un modelo empresarial como Codelco de Chile, o mejor? Ojo, estamos hablando de El Dorado.

4. Podemos llamar privatización, socialización o lo que se quiera, pero paremos la chorrera de dinero público que se va por las perdidas de las empresas públicas. ¿Siempre fue así? A lo largo de nuestra historia de Estado interventor, normalmente. Pero hay excepciones valiosas que debemos rescatar. Por ejemplo, la privatización del ingenio azucarero Guabirá. Antes, cuando era propiedad de la exPrefectura de Santa Cruz, se ahogaba en la mediocridad, baja producción, empleo improductivo, poca producción de baja calidad. Algo parecido a lo que hoy pasa en muchas empresas públicas. Luego de la privatización, se asociaron los anteriores trabajadores y productores de caña. Hoy es una empresa privada exitosa de alto impacto social. Paga impuestos (dejó de ser un pasivo regional). ¿Qué pasó, si son los mismos trabajadores y productores de caña? ¿Qué cambió? ¿Qué explica esa transformación? Solo cambió la institución, las reglas de juego, se privatizó, salió el Estado de la administración. Eso sí es lo que se debe hacer, con el nombre que se le quiera poner.

Necesitamos un Estado fuerte e inteligente, que se concentre en la protección a ciudadanos y medio ambiente, imperio de la ley, regulación de los grandes monopolios, eficacia de la salud y la educación. Los Estados, al igual que las personas, deben tener cuerpos atléticos, eficientes y cultivar el cerebro para tomar acciones inteligentes en función del bien común.

“El actual presidente ha hecho bien en consolidar este legado, más allá de los discursos. El problema es que la estabilidad no es suficiente para el desarrollo que nos urge”.

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