Chile en una etapa de crisis y reforma

Subordinado a la reforma constitucional y rodeado de novatos, la imagen de Boric cae

Analistas sostienen que la gestión y la agenda del joven mandatario chileno están marcadas por la aprobación o rechazo de la nueva Constitución. Un equipo de gente sin experiencia en la función pública y los desencuentros en la coalición gobernante están complicando su administración.

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LaPaz - domingo, 24 de julio de 2022 - 5:00

El pasado 11 de marzo, el presidente más joven de la historia de Chile, Gabriel Boric, de 36 años, juraba a su cargo. En este corto periodo su popularidad ha sufrido una significativa caída: entre el 30 y 40% de los chilenos rechazan su gestión, situación que según analistas se debe a que su gobierno está subordinado al proceso de reforma a la Constitución, a los problemas dentro de la coalición en el poder y por la inexperiencia política del equipo que lo acompaña.

De igual forma, una corriente que opta por el rechazo a la nueva Constitución también ha tomado fuerza en los últimos meses. La Convención Constitucional concluyó el 28 de junio la redacción de una nueva Constitución para Chile y, tras un año de trabajo, entregó, a inicios de julio, el proyecto de Carta Magna al presidente Boric. El próximo 4 de septiembre los chilenos deberán aprobar o rechazar ese proyecto.

Las reformas más importantes que demandan los chilenos están centradas en la seguridad social (pensiones), en la salud, el tema impositivo y también la seguridad interna.

Sergio Molina, periodista y analista boliviano que vive en Chile hace casi 20 años, hace un análisis estructural, otro que tiene que ver con la coalición que gobierna y el tercero, que está relacionado con la inexperiencia de su equipo, lo que explica la baja popularidad de Boric. Veremos esos tres aspectos un poco más adelante.

Para Alejandro Olivares, politólogo de la Universidad Católica de Temuco, el gobierno optó por un estilo en el que el presidente habla menos. “Piñera hablaba todos los días en cadena nacional, Boric busca un estilo distinto y ha dejado la comunicación en manos de la vocera y de otros actores; él habla en momentos más específicos, lo que ha generado algún ruido interno; muchos dicen que cada vez que el presidente habla, o que aparece, tiene aprobación, es muy buen orador y acertivo. Hace un par de semanas comenzó a aparecer más, para frenar un poco esta baja popularidad que está teniendo y la alta desaprobación, que algunas encuestas fijan en torno al 40% o 50%”, explica.

Según analiza, el gobierno ha tenido aciertos y desaciertos que han generado un “manto de dudas” con respecto a su funcionamiento; algunos errores de ministros, de nombramientos fallidos, que ponen la duda con respecto a si el gobierno está preparado para asumir.

“Han habido problemas de coordinación entre los partidos que forman la coalición, más los nuevos socios; todo eso, sumado a la inflación y el dólar en alza, ha generado una sensación extraña en torno a su gestión”, explica.

Volver al pasado para entender

Para Molina, la situación política en Chile es compleja desde hace varios años, no es un tema que tenga que ver exclusivamente con una gestión, sino un deterioro que viene del pasado, de un modelo que fue muy exitoso y admirado, pero que ya se agotó. Desde el retorno de la democracia hace 30 años, ese país había logrado índices notables de desarrollo y disminución de la pobreza.

“El símbolo de ese agotamiento fue el estallido social de 2019, el quiebre de la institucionalidad chilena, ese quiebre tiene una consigna: ‘no son 30 pesos, son 30 años’, porque la elevación del precio del metro a 30 pesos fue el detonante de una movilización que incendió Chile. Este proceso viene de un Chile casi quebrado, democrática y políticamente, con el agotamiento de un modelo. Si no entendemos eso y pensamos que Chile es el mismo de antes, es difícil entender lo que está pasando hoy”, explica.

Chile, un país institucionalizado, está atravesando por una enorme crisis institucional. “Cualquier cosa que se institucionaliza, inmediatamente se desprestigia, es el caso de la Convención Constitucional, que tiene su propia lógica. Tuvieron mucha legitimidad en un principio, pero después se la farrearon y terminaron hace unas semanas con su popularidad por los suelos, pero es lo mismo que le ocurre al gobierno, al Congreso y a los partidos políticos, que tienen un 2% de apoyo. Si ves esas cifras, no solo Boric, sino todas las instituciones están por los suelos”, sostiene.

Frente a esa crisis, que los chilenos supieron sortear sin llegar a la violencia, se estableció un acuerdo político para reformar la Constitución y, según Molina, eso hace que el gobierno de Boric esté subordinado a esa agenda, porque se trata de un gobierno de transición. “Digamos que es el último gobierno de una etapa en Chile, que puede ser mejor o peor. Esa, quizá, sea la mejor definición de este gobierno, más que un gobierno de izquierda, es un gobierno cuya agenda está muy subordinada a este proceso de la Constitución. La agenda está absolutamente constreñida a un proceso que no es el de Boric”.

Un segundo gran aspecto a considerar es, según la visión de Molina, la coalición que está gobernando: una izquierda parecida a la de Podemos de España y otro sector, donde está el Partido Comunista, que es más duro y reniega del pasado de Lagos, de Bachelet y de lo todo lo que fue esa transición y dicen que hay que olvidar eso; y otra facción que está con el Partido Socialista, más tradicional. “Esa contradicción dentro del propio gobierno le causa muchas dificultades”, afirma.

Esas dos coaliciones, añade, si bien tienen un raigambre de izquierda, están profundamente enfrentadas.

“Y el tercero, que es más elemental y cotidiano, es que el equipo del gobierno es novato, no han tenido experiencia gubernamental previa y eso es relevante. Es gente joven y está bien, es un recambio generacional, que nació en los 90, y como son novatos cometen errores muy elementales, de principiantes. En estos momentos de crisis se necesita pericia y experiencia, no solo buenas intenciones”, dice Molina.

Sobre la nueva Constitución, resalta que hay un sector mayoritariamente importante que quiere rechazar la Constitución, por la vía de “rechazar para reformar”, que es una de las corrientes que quiere mantener el statu quo. “Lo que no va a suceder es volver a ese pasado, como en Bolivia no vamos a volver a la década de los 90; son otros escenarios”, estima.

Errores y aciertos

Según el politólogo Alejandro Olivares, hoy que terminó el proceso constituyente, la opción por el rechazo se mantiene todavía como una primera fuerza, “pero diferentes encuestas muestran que se acortan las brechas entre las opciones, y la de apruebo ha comenzado a recuperar algo de margen en la medida en que los constituyentes no están debatiendo”.

“Las encuestas indican que hay una opción por el rechazo que parece ser mayoritaria y que se cruza porque muchos partidos están promoviendo algo que no hicieron durante 30 años, muchos de derecha, que están disponibles para cambiar la actual Constitución, pero para eso hay que rechazar”, explica.

En su criterio, el proceso de la nueva Constitución fue complejo en varios sentidos. “Por primera vez hubo una deliberación, debate y discusión transmitida 24/7, todo el proceso se transmitió en vivo, lo que significa que vimos cómo grupos maximalistas planteaban posiciones absurdas, muchos sectores se quedaron con este proceso, más que con el resultado final y eso le ha abierto la puerta a los indecisos y a muchos que critican el proceso y eso hace que en las encuestas se manifestara una opción clara hacia el rechazo”, explica.

En lo que califica como una jugada hábil de Boric, el mandatario anunció hace poco que si que gana la opción de rechazo promoverá una nueva Convención Constitucional. “Con esto deja en mal pie a los partidos que promueven la opción de rechazar para reformar”.

En criterio de Olivares, el mayor acierto del gobierno de Boric es su estilo de conducción que le está permitiendo negociar con muchos actores; un estilo que se diferencia mucho del gobierno anterior y, por tanto, está utilizando su espacio para negociar políticamente. Por ejemplo, en una reforma tributaria. “Es un gobierno que dialoga y que tiene la capacidad de escuchar”, dice.

Su principal desacierto o problema tiene que ver con la capacidad de conducción política, que no ha sido bien desarrollada. “Es un gobierno que recién está empezando, la mayoría de sus miembros no han estado antes en funciones públicas y por eso a veces hay problemas entre ellos. Eso les pasa la cuenta”.

Consultado sobre si la Constitución de Chile toma principios de la boliviana y sobre si Evo Morales es un “modelo” para Chile, Olivares dice que “la derecha chilena ha tratado de transmitir ese discurso, que la Constitución nueva es de izquierdas, es chavista, bolivariana e indigenista, todo como adjetivos negativos y que con esto se promueve la plurinacionalidad y la división de Chile, y dentro de esos argumentos la Constitución chilena sería una copia de la ecuatoriana, de la boliviana o de la venezolana, pero en realidad la nueva propuesta toma varias cosas de varios ejemplos; tiene la lógica plurinacional de Ecuador o Bolivia, tiene la autonomía territorial española; no me atrevería a decir que es una Constitución a lo boliviano o a lo ecuatoriano, sino que tiene elementos que fueron tomando de varias experiencias”.

Otro elemento que comenzó a circular, como fake news, es que con la plurinacionalidad algunos pueblos iban a poder dejar el país y anexarse a Bolivia, lo que es falso, porque se permite la autonomía de los pueblos, pero no su independencia.

Sobre si Boric se parece a Evo Morales, el analista considera que no, porque responden a una tradición de izquierda distinta. “Boric no tiene una tradición indígena detrás, como la de Morales, ni los grupos que conformaban el MAS en su momento. Acá son partidos más tradicionales y jóvenes, son menos personalistas que Evo y son más institucionales. Es otro tipo de izquierda, que se parece más a la uruguaya que a otras como la de Bolivia, Ecuador o Venezuela”.

Sergio Molina concluye la reflexión señalando que la promesa de una mejor vida para los chilenos fue quebrada, no por una persona o un gobierno, sino por la forma en la que se administró el modelo. “No hay que comparar Bolivia con Chile. Chile le dio una promesa a sus ciudadanos, que se incumplió; el sistema no pudo responder, por muchos factores. Fue un modelo tan exitoso que se negó a reformarse y así las cosas se rompen”.

“El gobierno de Boric es de transición, digamos que es el último gobierno de una etapa en Chile, que puede ser mejor o peor”.

Mejorar los derechos sociales, objetivo de Boric

A principios de junio, al rendir su primera cuenta ante el Congreso, el presidente de Chile dijo que pondrá énfasis en la lucha contra la crisis de violencia en el país, sin dejar de lado sus promesas de mejorar derechos sociales.

“Chile merece vivir en paz. Necesitamos recuperar los espacios públicos, con actividades comunitarias, culturales, que convoquen a todos y todas”, dijo el mandatario en el Parlamento, en la ciudad de Valparaíso.

Desde que asumió su cargo el pasado 11 de marzo, Boric dirige un país en el que la violencia en las calles y la violencia armada en el sur han sido la nota dominante.

“Las múltiples violencias que hemos visto desarrollarse en los últimos años no pueden ni deben ser normalizadas”, afirmó el presidente.

Las protestas en el centro de Santiago no han logrado ser contenidas, encabezadas ahora por estudiantes secundarios, mientras que desde el gobierno se reconoce que Chile “atraviesa por el peor momento para la seguridad” desde el retorno a la democracia (1990) tras una ola de delitos violentos.

El 1 de junio, un centenar de estudiantes protagonizaron nuevos incidentes en el centro de Santiago frente al palacio presidencial de La Moneda que terminaron con al menos dos policías heridos y varios manifestantes detenidos, según constató un periodista de la AFP.

Entre las medidas anunciadas destacó la propuesta para aprobar una ley que “permita avanzar hacia la prohibición total de tenencia de armas”, ya que en Chile es legal comprar un arma e inscribirla a nombre del dueño, quien tiene que cumplir condiciones como ser mayor de 18 años, aprobar un curso especializado para su uso o no haber sido condenado por crimen o simple delito.

También reformar a la policía militarizada de Carabineros para “mejorar la seguridad en el país” e invertir 2,1 millones de dólares para “mejorar las capacidades periciales de la Policía de Investigaciones (PDI)”, dijo el mandatario.

Anunció también la construcción de “un verdadero sistema de seguridad social” como alternativa al actual sistema privado de capitalización individual a cargo del empleado en las Administradores de Fondos de Pensiones. En materia económica, propone lograr que la productividad vuelva a crecer al ritmo de 1,5% al año. Al mes de abril, la inflación anual en Chile alcanzó al 10,5%, y para este año se anticipa una fuerte desaceleración, con un crecimiento de 1,5%. (AFP)

Fernando Chávez Virreira / Periodista

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