Conflicto Rusia-Ucrania

¿Tiene validez el Consejo
de Seguridad de la ONU?

Tanto EEUU como Rusia han vulnerado el instrumento de las Naciones Unidas para asegurar la paz en el mundo. ¿Es posible reformularlo o eliminarlo? Los autores analizan.

Ideas
Redacción Diario Página Siete
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La Paz - domingo, 08 de mayo de 2022 - 5:00

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es el organismo encargado de mantener la paz y seguridad en el mundo y sus resoluciones son de cumplimiento obligatorio para todos los Estados miembros de la ONU.

Estas atribuciones son claras, sin embargo, hay contradicciones. Por ejemplo, es una grave paradoja, que simultáneamente a la invasión en Ucrania, el Estado ruso sea miembro permanente y hasta presida el Consejo de Seguridad de la ONU. Ante esta situación, estaríamos frente a un escenario insólito en el que un país agresor es a la vez árbitro de la paz mundial, lo que claramente refleja una crisis al interior de la ONU y escepticismo ante su rol de preservar la paz.

Sin embargo, históricamente, primero la URSS que fue miembro permanente del Consejo de Seguridad, desde su creación en 1946 y luego Rusia bajo una “tradición hegemónica”, protagonizaron intervenciones ante la revolución húngara de 1956 y ante la “Primavera de Praga” de la Ex Checoslovaquia en 1968; la URSS también ocupó Afganistán desde 1979 hasta 1989; posteriormente la capitalista Rusia provocó la guerra de Georgia en 2008 y también procedió a la anexión de Crimea en 2014. En todos estos casos, el Estado ofensor y miembro del Consejo de Seguridad, no cumplió con el postulado de preservar seguridad y mas al contrario fomentó violencia.

No olvidemos que la Federación de Rusia es la principal heredera de la URSS y no tiene más de 30 años como Estado independiente. Sin embargo, su situación frente a la ex URSS, nos remite a una incoherencia jurídica, pues si revisamos la Carta de Naciones Unidas en su artículo 23 estableceremos en puridad que Rusia no está entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

En realidad, el texto establece con meridiana claridad que los cinco países que ostentan ese cargo inmutable en la ONU son Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido... y con sorpresa se anota –sin modificación– la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, o sea la extinta URSS.

Ante los últimos acontecimientos, pensar en expulsar a Rusia de la ONU es casi imposible. No olvidemos que se generarían secuelas imprevisibles, considerando que Rusia es una potencia con un enorme arsenal nuclear. El artículo 6 de la Carta de Naciones Unidas establece que se expulsa a un país miembro que hubiese violado los principios de la Carta, mediante una votación de Asamblea General con recomendación del Consejo de Seguridad. Sin embargo, Rusia, como miembro permanente, tiene veto en ese órgano y aunque se determine que no puede usarlo en una decisión en su contra, es muy difícil que China (también con derecho de veto) no le respalde.

A pesar de lo señalado, el pasado 6 de abril, la Asamblea General de la ONU, suspendió a la Federación Rusa del Consejo de Derechos Humanos, por flagrantes violaciones a los derechos humanos en Ucrania, por la crisis humanitaria y por los informes de abusos y de vulneraciones del derecho internacional humanitario.

Lo cierto es que la llegada de Vladimir Putin a la presidencia rusa en el año 2000 significó el inicio de un proyecto hegemónico capitalista, que tiene como modelos al Imperio Zarista y a la extinta URSS. Esta idea de equilibrio frente a Estados Unidos y la Unión Europea, que caracterizan al denominado “putinismo” recibieron fuerte influencia de hombres como Alexander Duguin, un estratega político ruso, de corte fascista, relacionado con el Kremlin y el ejército ruso; y también de Alexander Projánov, gurú de los “nacional-patriotas”, una corriente de pensamiento nacida desde la Perestroika (1985-1991), opuesta a los “occidentalistas” y a los “liberales-demócratas”.

Projánov representa a los nostálgicos de la Rusia imperial y del establishment político-militar soviético anterior al régimen de Mijaíl Gorbachov, pese a esto, hoy responde al capitalismo salvaje que auspicia Putin.

En otra esquina de poder, si nos referimos a Estados Unidos, país predominante en el Consejo de Seguridad; prácticamente la historia de arbitrariedades es similar con respecto a Rusia y la ex URSS. No olvidemos que en el contexto de la invasión a Irak en 2003, Estados Unidos como miembro permanente del Consejo de Seguridad, promovió una cuestionada legitimidad de su incursión a territorio iraquí, a través de una irregular aprobación de los miembros del Consejo de ese entonces.

Su influencia fue negativa, porque un Estado que también en teoría, debía promover la paz, desde el propio Consejo de Seguridad, promovió una acción violenta sobre otro país soberano. Hace casi 20 años, esa ocupación fue a todas luces ilegal y vulneró la Carta de Naciones Unidas. En resumen, EEUU en su momento también rompió los moldes de convivencia pacífica en el mundo y puso en entredicho los fines que persigue la ONU.

Al interior del Consejo de Seguridad, ha sido siempre un “secreto a voces”, la presión que ejerció Estados Unidos en anteriores oportunidades, como lo sucedido durante 1990 y 1991 con la crisis iraquí, cuando se hizo público el soborno a China –otro miembro permanente– con su rehabilitación diplomática tras la matanza de jóvenes de Tiananmen (1989), esta acción se efectuó para evitar un posible veto a la resolución de Washington de autorizar la Guerra del Golfo.

Por estas y otras razones, nos atrevemos a preguntar sobre el futuro de un endeble Consejo de Seguridad, que inclusive en 2020 no pudo consensuar entre sus miembros, una simple resolución sobre la Covid-19, mientras millones de personas se enfermaban y perdían la vida en el mundo.

Ante el juego de intereses que se juegan en el mundo, parece difícil reformar el Consejo de Seguridad y quizá nos arriesguemos a señalar que la solución pase por su eliminación. Si eso sucede, entonces qué ocurriría, ¿el futuro del planeta sería más inseguro?. El análisis debe ser sereno, pero quizá la solución pase por la disolución de una instancia que no es efectiva en la preservación de la paz.

“Al interior del Consejo de Seguridad, ha sido siempre un secreto a voces, la presión que ejerció Estados Unidos en anteriores oportunidades, como en 1990”.
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