“Altruismo efectivo”

Vendedores de virtudes

En lo ideológico, vender virtudes también genera réditos políticos.

Ideas
Por 
La Paz - domingo, 27 de noviembre de 2022 - 5:00

Vender virtudes es mejor negocio y estrategia política que ofrecer soluciones reales a la población. Un claro ejemplo es la izquierda estadounidense que, con la peor inflación en 40 años, más de cien mil jóvenes muertos al año debido al fentanilo –una heroína sintética que China introduce través de la frontera con México– el partido de Joe Biden acaba de evitar una derrota electoral.

Con una estratagema digna de Maquiavelo, el partido de gobierno en EEUU invirtió más de 40 millones de dólares en primarias de la oposición, para apoyar candidatos de Trump. La izquierda prefería que ganen candidatos de extrema derecha las primarias, porque éstos serían luego más fáciles de derrotar. La izquierda ayudó a elegirlos, para luego pintarlos como una amenaza para la democracia, vendiendo así impecablemente sus propias virtudes.

En las últimas elecciones de EEUU, Sam Bankman-Fried, un joven empresario de cripto monedas, donó a la izquierda casi 40 millones de dólares. El partido Demócrata seguramente utilizó ese dinero para apoyar “extremistas” de derecha. La empresa de Bankman-Fried
–FTX – acaba de perder miles de millones de dólares. Pero Sam ha comprado protección política con sus millones, porque sigue en las Bahamas, fresco como billete nuevo.

En el juego del poder, la izquierda estadounidense es indiferente ante la inflación, peligro de una tercera guerra mundial, o que cien mil jóvenes mueran al año debido al fentanilo. Al final del día, la culpa es del sistema político, porque ambos bandos reciben donaciones de quienes aprendieron a manipular el sistema. En la pelea por el poder, todos romperán las reglas para mantener su cuota de poder.

Y es por ello que vender virtudes paga dividendos. La presidencia de la FIFA, por ejemplo, pasó de manos colonialistas inglesas a manos del brasileño Joao Havelange, porque este último prometió hacer más por el continente africano. Sobre todo, Havelange se opuso al Apartheid, un sistema racista que entonces gobernaba Sudáfrica. Pero esa misma FIFA luego le permitió a Catar comprarse el mundial 2022, donde existe una especie de apartheid patriarcal hacia la comunidad LGTBQ y la mujer.

Y hablando de colonialistas, el victimizar a los pueblos indígenas de Norteamérica (sioux, apaches, cheroquis y cheyenes) es también vender virtudes. La izquierda de ese país a veces incluso quema su propia bandera, de tanta indignación que siente, porque EEUU cometió los mismos crímenes que Cristóbal Colon. A los pueblos indígenas del Norte, después de todo, se les impuso la bandera estadounidense.

Hace casi 200 años, los pueblos ayoreos, cayubabas, chacobos, chiquitanos, guarayos y moxeños tampoco eligieron la bandera boliviana. Y si bien muchos indígenas estadounidenses aman su bandera y hasta dieron su vida en diferentes guerras, nuestros pueblos amazónicos también pelearon en el Chaco. Ese no es el punto. El punto es que, para los vendedores de virtudes, el primer caso, es un ejemplo de colonialismo, racismo y opresión, mientras que en el segundo no se debe cuestionar si una etnia se impuso a la otra. Me refiero, por supuesto, a los españoles.

Si Sam Bankman-Fried, FIFA, Catar, o el Estado Plurinacional invierte millones de dólares en propagandas, para que su gallo gane una elección, esa es la naturaleza de la bestia. Después de todo, se requiere dinero para hacer dinero. Ahora empieza a ser evidente que, en lo ideológico, vender virtudes también reditúa réditos políticos. La lógica es parecida a la de Robin Hood. En el caso de las virtudes, tampoco importa si se utiliza dinero mal habido, dinero del pueblo, o dinero del petróleo, porque es por un bien mayor.

La FIFA se lavó la cara con su nuevo presidente. Los anteriores burócratas corruptos de la FIFA son parte de un oscuro capítulo. Catar gastó un montón de dinero y ahora tiene el derecho de vendernos sus virtudes. A su vez, si el Estado Plurinacional necesita argumentos para mantener a la media luna dentro del seno de Bolivia, las virtudes de vivir bajo la misma bandera son varias. Y si bien el éxito del modelo económico-social-comunitario-productivo se debe en gran parte a factores estructurales, como las bondades del extractivismo y el efecto multiplicador del contrabando y narcotráfico, en un país con la población de una gran ciudad, mantener la integridad nacional debería ser un mejor negocio para todos. Ojalá el gobierno ahora nos sepa vender esa virtud.

El vender virtudes ya no es monopolio de izquierdistas. Ahora son los propios capitalistas quienes han iniciado el “altruismo efectivo”, una escuela filosófica y movimiento social que pretende avanzar la racionalidad de actos altruistas para “ayudar a los demás de la mejor manera”. Desde un punto de vista moral y ético, los fundamentos de este nuevo movimiento son sólidos. Pero en la práctica, se prestan a abusos de poder, como el que acaba de ejercer Sam Bankman-Fried al utilizar la empresa FTX para financiar sus apuestas en la bolsa de valores.

Sam empezó su carrera en el Centro para Altruismo Efectivo. Y como Sam vendía causas sociales a la izquierda estadounidense (es el segundo mayor donador al partido Demócrata después de George Soros), obtuvo la credibilidad necesaria para amasar una fortuna de más de 3 mil millones de dólares. Pero ahora ha perdido más de 10 mil millones de dólares de quienes confiaron en él. Ya nadie le compra a Sam la virtud que solía vender.

Pero, ¿quién es más virtuoso que un burócrata? Si algo nos ha enseñado la izquierda es que los malos son aquellos que invierten su dinero. Y la política está colmada de burócratas que jamás en tuvieron que pagar sueldos, arriesgar su capital o crear un negocio. Es comprensible que los burócratas luego se enamoren del dinero ajeno. Por eso prefieren vender ilusiones, arremeter contra molinos de viento y demandar justicia, cuando en realidad están más interesado en perpetuarse en el poder.

Según los vendedores de virtudes, si un sioux, apache, cheroqui o cheyene se queja de haber perdido su soberanía territorial, es porque es víctima del imperialismo. Pero si ayoreos, guarayos, moxeños y chiquitanos se quejan de estar subrepresentados en el padrón electoral, es porque son unos llorones.

En medio de un Mundial, podría estar en juego la integridad territorial de nuestra patria. Y aunque algún día finalmente sabremos cuántos vivimos en Bolivia. tal vez nunca sepamos si, al igual que en la Guerra del Chaco, muchos no se sienten miembros con iguales derechos que los burócratas que conquistaron nuestra nación. ¿Acaso la igualdad no es también una virtud?

“ ¿Quién es más virtuoso que un burócrata? Si algo nos ha enseñado la izquierda es que los malos son aquellos que invierten su dinero”.

La libertad no tiene precio.

El periodismo independiente defiende las libertades y los derechos otorgados por la Constitución. Suscríbase a Página Siete, ayúdenos a realizar esa importante labor.

 

Hacer click

 

NOTICIAS PARA TI

OTRAS NOTICIAS