La FIFA una vez más en el ojo de la tormenta

Violación de derechos, corrupción e intolerancia, el lado oscuro del Mundial en Catar

Organizaciones de defensa de DDHH estiman que unas 15 mil personas murieron durante la construcción de los estadios del Mundial. El régimen árabe restringe las libertades individuales y no respeta a las minorías.

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La Paz - domingo, 27 de noviembre de 2022 - 5:00

Catar, ese pequeño país del Golfo Pérsico, sin ninguna tradición futbolística, se ha tomado 12 años y una inversión que ronda los 200 mil millones de dólares para organizar el Mundial de la FIFA 2022, un evento que ha trascendido lo deportivo por la polémica y acusaciones hacia un régimen restrictivo con las libertades individuales, los derechos laborales y el respeto a las minorías, como la comunidad LGTB.

Cientos de miles de trabajadores sufrieron abusos, como tasas de contratación ilegales, salarios impagos, lesiones y, en los peores casos, la muerte. Según algunas cifras no confirmadas, unas 6.500 personas habrían muerto durante la construcción de los estadios, aunque según el antropólogo argentino Carlos Prigollini, que cita a Human Rights y Amnistía Internacional, esa cifra llegaría a 15.000.

Los migrantes representan casi el 90% de los 2,9 millones de habitantes de Catar. La mayoría procede del subcontinente indio y de Filipinas. Otros llegan de países africanos como Kenia y Uganda. Catar, cuya capital es Doha, está gobernado por “una monarquía absoluta” y es independiente desde 1971, cuando se liberó del Reino Unido. Tiene una superficie de 11.610 km2, por lo que es un de los países más pequeños de Asia.

Se prevé que, para este año, su PIB supere los 181 mil millones de dólares, con un PIB per cápita de 64.331 dólares. Según algunos reportes de prensa, es el cuarto país más rico del mundo gracias al petróleo y se estiman unos ingresos de 17 mil millones de dólares en este Mundial.

“Hay una frase de Jorge Valdano que sintetiza este tema: el fútbol se politiza cada vez más y la política se futboliza cada vez más. Catar es un fiel reflejo de esta politización que lamentablemente deriva no sólo en un trampolín político para muchos, sino que también derivó en corrupción. No es casual que haya intervenido la justicia internacional, la Interpol, para atrapar a 16 de los 22 miembros del comité ejecutivo de la FIFA, que fue la gota que rebalsó el vaso, involucrando a dirigentes como Blatter, el exfutbolista Platiní y a mucha gente más, para hacer de Catar una promoción publicitaria. Quedaron desechados Francia e Inglaterra, que también querían ser sede”, denunció el argentino en una conversación titulada “El mundial y la industria del fútbol”.

Según criticó Prigollini, este es un mundial atípico desde el punto de vista de la violación de los derechos humanos y porque las leyes son discriminatorias, sobre todo para las mujeres y para la comunidad gay y también para las relaciones que van a tener los visitantes en Catar. “El hecho de no poder abrazarse y besarse, no poder festejar como los argentinos, con cánticos, es una violación a sus normas y será tratado por leyes punibles”.

Pero mucho más grave, agrega, es la vista gorda que hace la FIFA al caso de los trabajadores.

“Si bien algunos sostienen que 6.500 trabajadores inmigrantes murieron en la construcción de estadios, algunas organizaciones como Human Rights o Amnistía Internacional sostienen que son muchos más y que llegarían a 15.000 trabajadores, que están en condiciones infrahumanas, sin los equipos de protección necesarios y que están prácticamente secuestrados, porque son inmigrantes de países vecinos y las autoridades les retienen sus pasaportes y los condicionan, por lo que, si se arrepienten, no pueden volver con sus familias”.

“Todo esto hace que el negocio esté primero y hace que muchos políticos usen como trampolín la excusa del fútbol para afianzar sus carreras; lo hemos visto antes en el caso de la dictadura fascista de Mussolini y en los juegos olímpicos en la Alemania de Hitler, además del mundial de Argentina en 1978, llevado a cabo con la peor dictadura militar que haya sufrido ese país”.

En esa misma línea, el analista y columnista de Página Siete, Agustín Echalar, dice que el fútbol ha sido “el deporte de la dictadura” en Sudamérica en los años 60 y 70, tanto en Brasil como Argentina, ambos países apostaron por el fútbol, pero las cosas han cambiado.

“Hoy las sensibilidades son mayores y eso está bien en el mundo. Que haya una preocupación sobre la situación de los trabajadores extranjeros en Catar para construir estadios es algo que se justifica y la FIFA debería preocuparse por eso”, dice.

$!La protesta de la selección alemana durante su debut en el Mundial de Catar.

En su criterio, el hecho de que haya una indiferencia tan grande de la FIFA hacia algo extremo como la muerte de miles de personas “no es cualquier cosa y es una barbaridad”.

“El otro asunto de los países musulmanes es serio: el tema de los derechos de los homosexuales y en general los derechos de las mujeres. En ese campo, tal vez un espectáculo y una vivencia como la del fútbol podría ayudar en el mundo árabe, en general, a globalizarse un poco más, y con esa globalización tal vez indirectamente puedan abrirse espacios para que haya mayores derechos para la comunidad gay y para las mujeres”.

Según Echalar, los campeonatos mundiales se han convertido ante todo en un espectáculo y un negocio y el espíritu deportivo se ha disminuido. “Además, así funciona y hay que tomarlo como lo que es: un espectáculo del deporte. El verdadero deporte, sano además, no tiene nada que ver con un campeonato mundial de fútbol”.

Consultado sobre la existencia de una “mafia”, dentro de la FIFA, dice que “se puede decir que es una empresa no transparente cuyos fines son exclusivamente lucrativos. Lo que entendemos por mafia incluye un tipo de crimen o delito que posiblemente va más allá de lo que hace la FIFA. La FIFA puede presionar, hace negociados, recibe sobornos, pero no imagino a la FIFA castigando a uno de sus miembros con maltratos”.

Según el antropólogo Carlos Prigollini, la política de derechos humanos de la FIFA deja mucho que desear, pero lo que más deja que desear es el comportamiento de sus dirigentes y de aquellos que componen hoy lo que es el corporativo más importante del mundo.

“El condicionamiento político del fútbol a la política y a los negocios es absoluto y cuando el fútbol está sometido a los negocios, el que gana es el negocio. Por eso el fútbol ha perdido credibilidad, dejó de ser el noble deporte solidario. El matrimonio que hace la FIFA con la televisión, sobre todo a partir de 1982, ha sido sumamente peligroso”.

“El Mundial maldito”

El bloguero chileno radicado en Argentina, Jon Kokura, publicó un texto y un video que se difundieron en redes, en los que denuncia una enorme red de corrupción detrás de la organización del Mundial.

“Catar está sentado sobre la tercera reserva de gas y petróleo del mundo y en Catar la palabra democracia es un chiste de mal gusto. Allí, la que corta el queso es la familia real Al Thani; el jeque Tamim Bin Hamad Al Thani de 42 pirulos y tres bellas esposas... por el momento. Como son los dueños de Catar, su patrimonio ronda los 350 mil millones de dólares. Y como ya no saben qué hacer con tantos petrodólares, aparte de construir fastuosos edificios, compran clubes de fútbol, como el PSG, entre otros”, denunció.

Agregó que “para construir los ocho estadios, hoteles, aeropuerto, autopista, centros comerciales, necesitaron mano de obra barata, muy barata y llevaron trabajadores inmigrantes al por mayor. En un sistema de esclavitud llamado kafala, que consiste en darle todo el poder a un administrador (negrero) para que contrate inmigrantes, los explote reteniéndoles los pasaportes y haciéndolos vivir hacinados y con horarios de trabajo de hasta 18 horas por día. Sin derecho al pataleo y mucho menos a cambiar de empleo”.

La agencia AFP publicó algunas historias de inmigrantes explotados, como la Sravan Kalladi y su padre Ramesh, que trabajaban en la misma empresa que construía las carreteras que llevan a los estadios del Mundial.

Un día, tras un largo turno, su padre, de 50 años, se desplomó y murió en el campamento donde vivían. “El día que mi padre murió, le empezó a doler el pecho cuando estaba trabajando”, cuenta Kalladi. “Lo llevamos al hospital (...) Les dije a los médicos que intentaran una y otra reanimarlo”, recuerda el joven de 29 años, con la voz quebrada.

Las condiciones de trabajo no eran “nada buenas”, explica, describiendo largas jornadas de trabajo y horas extras mal pagadas.

Su padre, que era conductor, “solía ir a trabajar a las 3:00 de la mañana y volvía a las 23:00”.

Un reporte de la agencia EFE da cuenta de que, al igual que todos los países del Golfo Pérsico, las mujeres sigue siendo discriminadas por ley en el país. Bajo el sistema de tutela, las mujeres requieren el permiso de su tutor masculino, que por lo general es su esposo, padre, hermano, abuelo o tío, para casarse, estudiar en el extranjero con becas del gobierno, viajar al extranjero, sólo si es menor de 25 años, e incluso acceder a la atención de la salud reproductiva.

Su presencia en la política es mínima y en la vida diaria, las mujeres cataríes son apenas vistas en público. La realidad es que las mujeres extranjeras o no árabes tienen unos privilegios sociales que no tienen las locales.

Según el periodista boliviano Rafael Archondo, en 2010 “la FIFA se reveló ante el mundo como una institución corrupta”.

“Se ha demostrado que al menos ocho votos en favor de que Qatar sea sede del Mundial eran digitados por sobornos del orden del millón y el millón y medio de dólares. Los nombres de los corruptos están claros. La justicia estadounidense detectó tres, los votos de Julio Grondona (Argentina), Nicolás Leoz (Paraguay), Ricardo Texeira (Brasil). Son la vergüenza de América Latina. A ellos se suman tres representantes africanos descubiertos por el Sunday Times. La propia FIFA descubrió a dos más. Todos ellos recibían cañonazos de dinero en sus cuentas. Pero a pesar de estas impugnaciones probadas, el Mundial se hizo donde se está haciendo”, escribió en su blog.

El fútbol como negocio

Abentofail Pérez, historiador mexicano, afirma que el Mundial de Catar está arreglado para que el fútbol funcione como un negocio.

“El fútbol se ha convertido en un monopolio como prácticamente todo en este mundo y lo único que revela es la estructura que está detrás de todo. El fútbol es parte de una superestructura en la que se reflejan las relaciones que están debajo. El fútbol, que nació de las clases acomodadas inglesas, poco a poco fue apropiado por el pueblo, hasta hacer de él una convivencia después del trabajo, era una forma de relacionarse entre los obreros y trabajadores. Con Havelange terminó la era del fútbol como convivencia para convertirse en negocio”, afirma.

En su análisis, considera que Catar es sólo un momento más de este proceso de monopolización y apropiación del fútbol por parte de la industria del capital financiero. “Catar es el reflejo más claro y contundente de esta apropiación del fútbol por parte de varios entes políticos y sobre todo económicos, pero no es sólo Catar, es toda una organización de mafiosos que controlan este aparato económico”.

La imagen de la selección alemana, tapándose las bocas, quedará en la historia como una protesta política contundente ante los excesos del régimen. La protesta se debió a que los organizadores prohibieron a los jugadores llevar el brazalete antihomofobia “One Love”. Siete selecciones europeas tuvieron que renunciar a lucirlo.

“Todo esto hace que el negocio esté primero y hace que muchos políticos usen como trampolín la excusa del fútbol para afianzar sus carreras; lo hemos visto antes en Argentina 1978”.
“Catar es sólo un momento más de este proceso de monopolización y apropiación del fútbol por parte de la industria del capital financiero”.

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