Mirada global

El Spaghetti Bowl de los TLC

Gabriel Loza Tellería
sábado, 22 de noviembre de 2014 · 00:03
Recientemente terminó en Beijing la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), creado en 1989, con la propuesta china de conformar un Área de Libre Comercio del Asia-Pacifico (FTAAP, por sus siglas en inglés). Inmediatamente después, China y Australia hicieron una declaración de intenciones para alcanzar un tratado de libre comercio bilateral (TLC).
En la reunión de APEC, Estados Unidos prefirió el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés)  que agrupa a 12 países (Chile, Malasia, México, Brunei, Nueva Zelandia, Singapur, Australia, Vietnam, EEUU, Canadá, Perú y Japón)  pero que excluye a China.
Todos estos acuerdos forman parte de la tendencia a los acuerdos megarregionales, como el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés) entre EEUU y la Unión Europea.
Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), el número de acuerdos de comercio preferencial (ACP) en 2010 era de 300, como producto de la tendencia a la regionalización desatada a partir de 1990, cuando el número de acuerdos era sólo de 50. Hoy por lo menos en promedio cada país en el mundo tiene más de un acuerdo de libre comercio. Antes, se hacían entre países en desarrollo, pero ahora la tendencia es realizar acuerdos entre países desarrollados y en desarrollo (ver el gráfico).
La proliferación de acuerdos en América Latina se arrastra desde los 2.000, cuando apareció el megaproyecto del ALCA para conformar una zona de libre comercio para las Américas, que ante su fracaso dio lugar a TLC bilaterales con EEUU de parte de los países "emergentes” como Chile, Perú, Colombia, además de los países centroamericanos y República Dominicana (CAFTA, por sus siglas en inglés) y Panamá. En 2011, con el fin de reconstruir un ALQUITA, se creó la Alianza del Pacífico conformada por Chile, Colombia, Perú y México, en al cual cada uno de ellos  ha suscrito más de 20 acuerdos de libre comercio con otros países.
La contrapropuesta ideológica al libre comercio fue la creación en 2004 del Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) con la participación de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y países del Caribe, para crear una zona económica complementaria con el objetivo de dinamizar sus nexos políticos y económicos, potenciando el desarrollo de un comercio complementario, justo y equilibrado. El ALBA cumple 10 años.
El problema que surge es que, paradójicamente, la tendencia al regionalismo, vía acuerdos, aparece como alternativa al multilateralismo a través de la OMC. Esta profusión de acuerdos tiene un efecto atomizador, compromete la fluidez del comercio internacional y genera una maraña de normas comerciales sobrepuestas.
El explosivo intercambio de concesiones comerciales bilaterales y su entrelazamiento impredecible han dado lugar a la expresión denominada "el efecto plato de espagueti” o Spaghetti Bowl.
Lo peor de todo y de la publicidad de la suscripción de acuerdos comerciales es que, según la OMC (2012), habida cuenta del considerable número de tasas arancelarias nacionales iguales a cero especialmente en los países desarrollados, los bajos niveles arancelarios aplicados al comercio y a la alta aplicación de excepciones de productos sensibles, especialmente agropecuarios," sólo el 16% del comercio mundial tiene derecho a aranceles preferenciales y menos del 2% puede obtener preferencias con márgenes superiores a 10 puntos porcentuales”. En general, toda esa explosión de acuerdos de libre comercio es para gozar de un margen de preferencia del 2%, mientras que los costos de administración de esos acuerdos, sobre todo los pasajes y viáticos, hacen que ese beneficio aparente sea mucho menor.
En el caso de región latinoamericana, la densa arquitectura de acuerdos comerciales ha generado un cuadro de creciente fragmentación, debido al diferente alcance y contenido de los distintos acuerdos.
En el caso de Bolivia, participa en ALADI, CAN, Mercosur y ALBA, mientras que Perú y Colombia están más integrados hacia afuera de la región con sus acuerdos de libre comercio que a la propia Comunidad Andina y ALADI.
Es así que se plantea la convergencia  entre los esquemas de integración subregionales, bajo la batuta de Unasur, pero es un proceso complejo y el sueño de Bolívar tendrá que esperar que amaine esta moda de suscribir a como dé lugar acuerdos de libre comercio.
 
(*) El autor, economista, fue presidente del Banco Central de Bolivia.

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