Finanzas para todos / José Jiménez Taquiguchi *

La inversión más rentable a fin de año

domingo, 28 de diciembre de 2014 · 19:55

Hoy finalmente es domingo y seguro todos  estamos descansando después de unas movidas fiestas navideñas, en las cuales nos encontramos con familiares y amigos, y probablemente repartimos inmensa cantidad de regalos.
Les soy sincero. Después de mucho tiempo, en las semanas previas a esta Navidad no me rompí la cabeza y estresé hasta el límite como en años pasados buscando regalos para mi familia;  más bien, traté de estar en un "estado zen”, disfrutando cada minuto de la compañía presencial y virtual de mis seres queridos. Considero que los diferentes sentimientos que encontré en ese proceso fueron muy ricos para mi crecimiento personal.
Refunfuñando como mi abuela lo haría, puedo repetir una frase que ya se ha vuelto un cliché y que seguro, estimados lectores, no moverá ni un cabello de sus distinguidas cabezas: "la Navidad ya no es lo que era antes”.
El nacimiento de Jesús adquiere cada vez menos importancia en estas fiestas de fin de año y en su lugar el ambiente ha sido tomado por Papá Noel (también llamado Santa Claus o Viejo Pascuero) que, sin dejar de ser un personaje muy simpático y bonachón, nos ha llevado a un gran consumismo estacional cubierto de afectos familiares y amistosos.
Todo sirve como excusa para comprar regalos a nombre de dicho viejito, que en estas fechas lo encontramos hasta en la sopa.
Es gracias a ello que en este nuevo milenio se siente en el ambiente la disminución del sentido espiritual de la Navidad y quizás guiados por la imagen de Papá Noel y de los Reyes Magos ha comenzado a ser más fácil demostrar y expresar nuestro aprecio, a través de objetos materiales más que por medio de palabras y acciones.
Al ser los seres humanos animales emocionales y sociales, el intercambio de regalos se nos ha hecho no sólo una práctica justificada, sino casi obligatoria, como una forma de demostrar nuestro aprecio.
Por otro lado, y después de haberme quejado como si fuera mi abuelita, no debo más que admitir que la Navidad sigue siendo una muy buena ocasión para reunir a la familia y a los amigos. Esta reunión anual, que en la mayoría de los casos está llena de amabilidad, preocupación por los demás y sentimientos positivos, debe ser motivo de  alegría y reconciliación en nuestros hogares.
La mayor inversión que encuentro en la Navidad es la de dedicarle tiempo, atención y mucho cariño a nuestros seres queridos. Estoy seguro que dicha inversión, que claro está también puede estar acompañada de algunos regalos que siempre son bienvenidos, nos traerá una alta rentabilidad expresada en recuerdos positivos inolvidables y alegría en nuestro alrededor.
Los que tenemos la suerte de poder pasar estas fiestas de fin de año acompañados de seres queridos no debemos dejar de aprovechar esta gran oportunidad de compartir nuestros sentimientos con ellos, pues en definitiva los regalos se pueden comprar, pero los recuerdos no. Quizás sólo esta razón sea suficiente para seguir esperando ansiosos las próximas festividades, como ser el día de la madre, el día del padre y hasta San Valentín, pues si estas fiestas no existieran algún hábil comerciante las crearía.
Finalmente, lamento decepcionar a aquellos amables lectores que leyeron este artículo esperando alguna idea de negocio revolucionaria, con el objetivo de convertirse en millonarios en un plazo inmediato. Más bien, el objetivo era poder terminar el año tratando un tema sentimental más que uno de negocios.
 Agradezco a todos ustedes por haberme acompañado con esta columna durante el último año y les deseo un 2015 lleno de alegrías, buenos momentos y emprendimientos exitosos. Que Dios los bendiga.

(*) El autor, economista, es experto en finanzas.

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