Finanzas para todos

Tips para el profesional del siglo XXI

José Jiménez Taquiguchi*
viernes, 19 de septiembre de 2014 · 23:33
Si usted, estimado lector, es de esas personas como yo, que tuvieron la posibilidad de estudiar una carrera universitaria y que fue formado para encontrar un buen trabajo fijo, mantenerse en él y seguro por varios años, le tengo una mala noticia: Gracias a la crisis económica y sociopolítica que vive el mundo en las últimas décadas, en la actualidad se está tejiendo una nueva realidad económica, en la cual las empresas importantes, antes demandantes de un gran número de profesionales bien calificados, han dejado de buscarlos en la cantidad de hasta hace 20 años y se han focalizado en automatizar o terciarizar sus procesos.
En esa dirección, en el siglo XXI muchos profesionales deben reinventarse para seguir con valor en un mercado laboral cada vez más agresivo y despiadado, en el cual pareciera que, sin importar la edad, nunca se cuenta con la combinación deseada entre cantidad de títulos académicos y años de experiencia laboral. Hoy en día, para aspirar a conseguir un buen trabajo asalariado en un tejido empresarial muy competitivo y complejo, en el cual las organizaciones buscan constantemente deshacerse de sus costos fijos (como ser los salarios mensuales) y convertirlos en costos variables controlables (como ser el pago a consultores por producto o a empresas terciarizadoras de servicios), los profesionales deben convertirse en una combinación perfecta entre i) El "Maestro Yoda” de la Guerra de las Galaxias –por su vasta sabiduría y experiencia- y ii)  Ricardo Tapia, más conocido como "Robin, el joven maravilla”, por su gran energía y ganas de seguir a un jefe sin horarios.
Bajo esta realidad actual, muy diferente a la que vivieron los profesionales exitosos de la segunda mitad del siglo pasado, todos tenemos terror a perder nuestro preciado trabajo y nos aferramos a él como si fuera el aire para respirar. En este punto, estimado lector, le doy una buena noticia: ¡Sí, se puede! El profesional actual puede sobrevivir en la selva desconocida de la independencia, para lo cual deberá empero reinventarse, buscando consolidarse como una empresa personal, que ofrece servicios basados en el conocimiento que las grandes empresas ya no pueden darse el lujo de tener dentro de sus planillas anuales. Esto requiere, sin embargo, un cambio de mentalidad, de asalariado a empresario, que será más difícil de asumir cuanto más "maduros” estemos, pero que en estos días es una obligación que no podemos eludir.
Para ello, tomando una copa -y quizás más- de buen vino tarijeño y observando la luna en una noche despejada, debemos reflexionar de manera autocrítica y a la vez estratégica sobre las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas que como profesionales independientes enfrentamos. Bajo esta premisa, no es recomendable que busquemos emprender nuevos proyectos profesionales en campos desconocidos para nosotros; más bien, debemos desarrollar nuestros nuevos emprendimientos en ámbitos que conocemos (y hasta dominamos), donde logremos identificar y explotar buenas oportunidades y en los cuales podamos utilizar al máximo nuestras fortalezas profesionales, conociendo sin embargo las debilidades que tenemos y las amenazas que enfrentamos, para así trabajarlas, superarlas y mitigarlas, respectivamente.
Es así que renunciar a un trabajo fijo y convertirse en un profesional independiente implica, inicialmente, salir de nuestra zona de confort, rompiendo el statu-quo en nuestras vidas, para ofrecer una propuesta de valor propia desarrollando una marca personal. Para eso, se deberá asumir diferentes obligaciones con naturalidad, desde ser el gerente general, pasando por ser el gerente de marketing de la marca personal, hasta ser el mensajero entregando nuestra correspondencia. Al final, todas estas actividades son realizadas en busca de un objetivo estratégico supremo, que es el de seguir creciendo como profesional, pero ahora de manera individual.
En este viaje que sí tiene regreso, ya no se tendrá que obedecer a un jefe; lamentablemente se dependerá de muchos jefes que serán los que uno pueda conseguir, que la mayoría de las veces son más exigentes, difíciles de tratar y caprichosos que el jefe que conocíamos por años y ya sabíamos cómo manejar. Además, a diferencia de lo que muchos piensan, uno trabaja más horas que en un puesto fijo, por lo que el factor de manejo de nuestros horarios es relativo pues resulta que en muchas ocasiones uno se encuentra frente a la computadora hasta las tres o cuatro de la madrugada para terminar un proyecto.
Para concluir, estimado lector, le doy otra buena noticia: Como en todo, el ser humano se adapta rápidamente a este tipo de vida, por lo que volver a un trabajo fijo después de un tiempo de independencia profesional se vuelve un verdadero reto, pues otra vez salimos de nuestra zona de confort y debemos enfrentar nuevos desafíos, ahora en una nueva oficina. Al final, ¿quién entiende a los seres humanos?
 

(*) El autor, economista, es experto en finanzas.

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