Señalan que el rechazo a los OGM es más ideológico que científico

La lucha de la biotecnología dentro de la agricultura

La fitopatóloga María Mercedes Roca incide en la necesidad de que las leyes en los países permitan que la biotecnología dé su importante aporte a los grandes problemas que enfrenta hoy la humanidad y que serán más graves en el futuro.
domingo, 3 de enero de 2016 · 00:00
Natalí Vargas  / La Paz

Entre  1845 y 1852 una epidemia  diezmó las plantas de  papa en toda Europa, arruinando grandes cosechas, y tuvo mayor repercusión en Irlanda debido a la gran dependencia que buena parte de su población tenía hacia ese cultivo. El golpe fue tal que causó la muerte de un millón de irlandeses y la emigración de otro millón, reduciéndose la población   hasta en 25%. El causante: el hongo Phytophthora infestans de tipo HERB-1, también conocido como el tizón de la papa.
 
Este hongo,   que llegó a los puertos europeos en el verano de 1845, generando manchas marrones en las hojas de las papas, hoy,  170 años después,  sigue vivo e incluso, en Bolivia, está comenzando a manifestarse en cultivos de  lugares más elevados sobre el nivel del mar, donde antes -debido a las altas temperaturas- no existía. 
 
"Hay papas genéticamente modificadas hechas por centros de investigación, no por Monsanto, no por  transnacionales, que podrían ser muy útiles para los productores, pero por  ser Bolivia  centro de origen de la papa se piensa que se va a contaminar otros cultivos de papa con esos genes (...), Yo vería como una gran cosa que en Bolivia  se adoptara  papa genéticamente modificada para manejar el problema de plagas”, afirma la biotecnóloga María Mercedes Roca, una  fitopatóloga (médico de plantas) boliviana que dicta docencia en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, México.
 
La biotecnología es un área multidisciplinaria que emplea la biología, química y procesos en agricultura, farmacia, ciencia de los alimentos, ciencias forestales y medicina. Se refiere a toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para la creación o modificación de productos o procesos para usos específicos
 
Los cultivos genéticamente modificados (GM) son el aporte de la biotecnología a la agricultura. Un organismo genéticamente modificado (OGM) es cualquier organismo vivo que adquirió una combinación genética novedosa, generada a través del uso específico de técnicas de la biotecnología moderna.
 
Los cultivos GM y la ideología

"La división entre un cultivo genéticamente modificado y uno orgánico es más ideológica que biológica. No hay ninguna incompatibilidad entre tener una producción orgánica y  ponerle un gen que es absolutamente natural; el hecho de que lo pongas en el laboratorio es igual que hacer un trasplante en un quirófano, no le quita lo natural”, explica la investigadora con 20 años de experiencia en la docencia y cuya agenda, enfatiza, "es meramente científica”.
 
Desde su punto de vista, el rechazo a los cultivos GM tiene su fundamento en temas absolutamente comerciales e ideológicos. 
 
"Cuando se sentaron las bases de la agricultura orgánica dijeron que no querían transgénicos. En ese momento no se conocían los beneficios que conocemos ahora y no se conocían los daños, por ello pusieron una prerrogativa muy clara de que si es transgénico, si es GM, no puede ser orgánico. En mi perspectiva, y en la de muchos científicos, no hay ninguna incompatibilidad”, asegura Roca.
 
Los cultivos GM y los alimentos que se hacen con productos GM son los  más evaluados en la historia de la agricultura, afirma la científica, por eso son las compañías grandes, las transnacionales,  las que dominan ese mercado. 
 
La docente lamenta que las universidades públicas, que podrían hacer  este tipo de  evaluaciones y hacer que el acceso a esas tecnologías y a la información sea  democratizada, debido a que hay una serie de reglamentaciones, sean frenadas en el avance de la biotecnología, los estudios actualmente son tan caros que los  centros de investigación universitarios no son competitivos. "Prohibir la agricultura biotecnológica no me parece la política más coherente, porque no hay daño que pueda probar la ciencia”, declara.
 
La fuerza de la investigación
 
Si el interés fuera básicamente formar a una nueva generación de biotecnólogos, con  un entendimiento clarísimo de los problemas  del siglo XXI, y se entendiera que  las tecnologías que en este momento se están estudiando deben aplicarse a la solución de graves problemas, la figura sería distinta, según Roca.
 
"Hay agendas tan fuertes de los activistas y de grupos de la sociedad civil que creo que hay mucha mala información sobre esta tecnología y se confunden  cosas. Por ejemplo, se confunde el tema del daño que puede ocasionar una manipulación del ADN con el daño socioeconómico que podría causar que una tecnología la tenga un grupo de la sociedad y no otro. Se mezclan mucho los temas biológicos, que ya están relativamente bien entendidos, con temas socioeconómicos”, sostiene.
 
La biotecnología está evolucionando hoy hacia  la biología sintética -un "matrimonio” entre los principios de ingeniería y la biología cuya práctica se está ampliando-, y en ella encuentra una posibilidad  creciente para que la sociedad se acerque más a este conocimiento, de la misma forma que sucedió con el manejo de los sistemas informáticos. 
 
"Nuestros hijos, los chicos de esta generación, están heredando un planeta con  problemas que no ha tenido ninguna otra generación en el pasado, al mismo tiempo está heredando una caja de herramientas poderosa. Es una incoherencia darles un planeta lleno de problemas y una caja de herramientas  para solucionarlos,  pero que con la regulación, con las leyes, no puedan usar”, compara la investigadora.
 
Enfatiza que los científicos y los comunicadores de la ciencia tienen mucho trabajo por hacer,  para que la gente y los tomadores de  decisión entiendan que "las leyes están basadas en premisas equivocadas, más ideológicas que biológicas, y están haciendo un gran daño porque están prohibiendo una tecnología que podría convertir a los productores en más competitivos; y que la tecnología de ingeniería genética es neutral, pues beneficia tanto al pequeño como al gran productor”.

Los cultivos GM y lo orgánico

Desde la creación de las primeras plantas transgénicas, en 1983, y del inicio de la producción y comercialización de las semillas y plantas transgénicas, mucha gente y, sobre todo, activistas afirman que los OGM  no tienen precedente en la naturaleza y que el flujo de genes contamina a los cultivos orgánicos. Otros fuertes argumentos son que los cultivos GM no benefician a los agricultores, que quienes usan los cultivos GM son los grandes agricultores en países desarrollados y que en un territorio nacional no se requieren los cultivos transgénicos. 
 
"Como fitopatóloga digo -aclara Roca- qué maravilla,  ojalá que eso pasara; pero no sucede porque esa transferencia de genes no es muy común”. Asevera que si en un país hay  un segmento de producción orgánica porque tiene un mercado que  paga mejor al  productor o empresario, no hay problema para la  coexistencia. "Tú puedes producir convencional, orgánico y transgénico a la par, uno al lado del otro”, asegura.
 
"Desgraciadamente hay intereses comerciales en todos los segmentos, y la industria orgánica tiene mucho que perder si los productos biotecnológicos hechos con ingeniería genética fueran aceptados”, alega la científica.
 
Bolivia y la producción con biotecnología
 
"Bolivia tiene una capacidad agrícola enorme que no  tienen otros países,  países que no tienen buen clima para agricultura”, afirma la fitopatóloga (médico de plantas) María Mercedes Roca. 
 
Cuando los países vecinos  producían soya  y algodón transgénicos por las plagas,  Bolivia no  usaba esa tecnología y, por tanto,  no era competitiva en el mercado extranjero. Actualmente lo hace y  es competitiva en soya. 
 
Roca explica que Bolivia necesita  maíz. "El 80% de los productos procesados: papas fritas, ketchup, hamburguesas, etcétera, necesitan soya y maíz; ya Bolivia  dio ese paso importante para soya, no lo ha dado para maíz genéticamente modificado por la misma razón que México: éste es un centro de diversificación genética del maíz”. 
 
Ninguna tecnología tiene riesgo cero, es decir, todo puede causar cierto daño. Pero -dice Roca- para eso está el análisis de riesgos, una labor que cumplen  investigadores como ella, para ayudar a que el riesgo sea mínimo y menor que el beneficio.
 
"Creo que países como Bolivia podrían estudiar lo que está pasando en otros  como Honduras o Cuba, países socialistas que han adoptado esta tecnología por razones obvias,   pues le dan una eficiencia al productor y le dan un beneficio claro. Tengo estudios personales hechos con mi grupo de trabajo en Honduras, en los que hemos visto un incremento en productividad de hasta cinco veces más en maíz genéticamente modificado”, asegura la fitopatóloga.

Señala que Bolivia es un país de naturaleza agrícola con potencial similar al de Brasil, Argentina y Perú. "Brasil y Argentina le han apostado a los cultivos genéticamente modificados muy fuertemente”, finaliza.

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