Análisis

Lo bueno, lo malo y lo feo en 2016

domingo, 18 de diciembre de 2016 · 01:00

Mirada global  / Gabriel Loza Tellería  *

Es una tradición hacer un recuento o balance, al igual que cada uno hace de su propia vida,  de una gestión económica que está pasando y dará lugar a un nuevo año. Como se trata de un ejercicio periodístico, escojo lo que considero tres hechos sobresalientes, de acuerdo a la calificación muy utilizada y fuertemente subjetiva, porque implica juicios de valor, al estilo del clásico western: lo bueno, lo malo y lo feo.

Lo bueno es el desempeño económico en un contexto externo adverso, con una tasa probable de crecimiento del PIB en torno al 4,5%, considerando los datos del INE disponibles del PIB al segundo trimestre y del Índice Global de la Actividad Económica (IGAE)  a mayo de este año, que están un poco atrasados. 

Esta tasa es  menor  a la tasa incluida  Presupuesto General del Estado (PGE) 2016,  que era de 5%, y más alta que muchos países en América del Sur en un contexto en el que, según CEPAL, América Latina y el Caribe registrarán una contracción cercana al 1%.

La buena noticia es que el crecimiento económico ha vuelto a estar acompañado de una baja inflación con una variación del  Índice de Precios al Consumidor (IPC) a 12 meses, a noviembre, que fue de 3,88%. Con base en dicha información se podría inferir que la tasa de inflación estaría por debajo del 4,5% para todo 2016, por debajo de la meta del Banco Central y del Proyecto del Presupuesto del Estado en 2016, que era de 5,3%. En el primer caso, la meta de crecimiento del PIB fue más optimista, y en el caso de la inflación la meta fue un poco pesimista.

Lo malo ha sido que el shock externo, expresado en la caída de los precios del petróleo iniciada a mediados de 2014, ha ido mostrando sus efectos en 2015 y más acentuadamente en 2016, con una disminución de las reservas internacionales de 13.056 millones de dólares, equivalentes al 38% del PIB a 10.363 millones de dólares a noviembre, equivalente a un 27% del PIB. Lo más probable es que terminemos el año con un nivel por debajo de los 10.000 millones de dólares y cercano a un 25% del PIB.

Si bien es todavía un nivel adecuado de las reservas internacionales, puesto que el promedio de América Latina en el primer semestre estaba en 17% del PIB y según la métrica del FMI el nivel requerido está  entre 14% y 17% del PIB, lo que preocupa es su fuerte descenso, que indica que el colchón financiero funcionó, pero ahora es mucho más delgado y, por lo tanto, es necesario tomar las previsiones para no quedarnos sin combustible de aviación ni sin  agua potable.

Lo feo  fue justamente la súbita escasez de agua potable en La Paz y en algunos otros centros urbanos. En un contexto de una sequía anunciada desde principios de año y que oficialmente contribuyó a no alcanzar la tasa de crecimiento del PIB para el segundo aguinaldo, la empresa de agua potable EPSAS cortó bruscamente el suministro del líquido  en noviembre, estableció un cronograma que no cumplió y sus primeras dotaciones de agua por red fueron parecidas al mocochinchi o al refresco de orejones con palito de canela incluido.  

EPSAS es una empresa estratégica que junto a una pésima gestión del agua tuvo una fea gestión gerencial, con una rotación de interventores, que llama a reflexionar sobre el rol de la empresa pública a nivel central y la injerencia de los movimientos sociales en la gestión estatal.

Las críticas a un excesivo dimensionamiento estatal no son producto del enemigo del  neoliberalismo, puesto que no se está rechazando la intervención del Estado en la economía, sino que se está evaluando su racionalidad económica y la eficiencia de gestión  de la burocracia estatal. Esta discusión data de los inicios del socialismo estatista en la URSS y continuó en las experiencias concretas del socialismo en Cuba y China, así como en las experiencias de economías con fuerte presencia estatal como la India.

La gestión de EPSAS no fue transparente sino turbia, como el color del agua de los primeros días del corte, sin planificación, esperándose que casi se sequen las represas para aplicar medidas de racionamiento del agua potable. 

La respuesta del Gobierno  ante la crisis fue adecuada pero el problema es que no debería haberse esperado llegar a un nivel tan crítico para recién tomar medidas extremas. Sin las calenturas ideológicas, debería analizarse la opción de la municipalización para una mejor gestión administrativa y para la salud de los habitantes de esta ínclita ciudad.

*El autor es economista y expresidente del Banco Central de Bolivia.

 

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