Sólo en crisis

Desinflado espíritu navideño

domingo, 25 de diciembre de 2016 · 00:00
María José Rodríguez *

Llegó la Navidad y los villancicos se cantan menos, las calles se pasean menos y se vende menos.  El ánimo ha estado ahogado por la sequía en más de 50 barrios paceños. Allí donde sí hay agua, la Navidad ha comenzado tarde y con el ánimo decaído en comparación con el contento de los años anteriores.
 
No es necesariamente que haya menos dinero. Es como que la sensación de bienestar está herida de muerte. La ciudad se siente "desangelada”, como si la suerte y la magia la habrían abandonado. No es sólo el comercio, son las actividades y la vida que rodea a las familias. 
 
"Sólo cuando hubo paros en toda la ciudad y crisis política en el país, se nos cayeron las ventas así”, me cuenta una amiga que vive del catering.  Y la crisis comenzó con el primer corte de agua. Y es natural, ¿quién invita a su casa cuando sus invitados no pueden ni usar el baño? Y ni te explico lo que es lavar tantos platos casi  en seco… Si la Navidad es compartir, el problema del agua la partió por el eje.
 
Y no se trata de cuánto me puedo bañar, o cuánta ropa ahora lavo. Es más bien una sensación de decadencia, de zozobra, de estar al filo de una suerte de un cataclismo del cual sólo vemos algunos "avances” y no la película completa. Esta sensación de incertidumbre y temor al mal, invisible aún, ha desinflado el espíritu navideño y amenaza con desinflar las esperanzas sobre el 2017.
 
La desazón inicia en la sequedad de las pilas y las rutinas de recolección de agua durante la semana, y termina en la seguridad callada de que el problema no se resolverá en el corto plazo. Que esta manera de sobrevivir se convertirá en la rutina y que mañana ya ni siquiera nuestros barrios llevarán su nombre sino sólo serán "zonas” enumeradas por su acceso al agua.
 
Es una época de siembra de incertidumbres.  El accidente de LaMía es una semilla, porque
desnuda nuestras debilidades como cultura nacional y el rigor institucional. Las falencias en la nueva empresa de basura paceña, otra. Y, la más grande, la constatación de que la corrupción corre por las venas de Latinoamérica como sangre negra: millonarios sobornos de Odebrecht a personajes con decisión en la región.  
 
Muy pocos están fuera y la normalidad con que se activa la corrupción crea una cultura de impunidad que confirma esta percepción de estar ante una honda crisis de valores. Sólo piensen en que esa empresa había creado un departamento completo -con personas normales, trabajando en horarios normales y con salarios normales- para organizar el sistema de pagos de coima y su negociación.
 
Falta además añadir al conjunto de semillas negativas, la crisis económica. Sabemos que se viene aunque los datos oficiales no la muestran. Sólo la sensación de su presencia potencial detiene inversiones en los hogares y en las empresas; todos serán más cautos y la espiral de recesión se activará. Los datos duros no, pesará más la percepción.
 
Por ahora todo suma en el marcador contrario y empaña la Navidad. La sensación de que no mejoramos pero sí vamos para atrás. Imagino las preguntas que no nos animamos a formular: ¿Cuándo comenzarán los cortes de luz? ¿Habrá gas para los hogares? ¿Y la gasolina?
 
Este miedo callado y la incertidumbre corroborada en eventos palpables, han congelado el espíritu navideño. El poder de las sensaciones y las percepciones es más poderoso cuando son compartidas, y en cada "Felices Fiestas” adivinamos una voz de urgencia por creer que serán más felices, mañana, y un profundo dejo de duda sustentada.  Este pesimismo navideño está bien asentado en hechos concretos.
 
Pero incluso así, en La Paz, todas las familias han armado un arbolito y han puesto su fe en que las fiestas podrán renovar el ánimo y darnos más valor aún para remontar y detener la conversión de nuestra ciudad en algo parecido a la "zona cero” boliviana.  
 
Todos han ingeniado cómo reunir a los amigos y las familias, aunque recibamos el agua de inventados  grifos en botellas de plástico. El poder de un espíritu valiente y de esperanza podrá ser la fuerza que permita que el 2017 no se desinfle (espero).
 
* Es especialista en comunicación corporativa y crisis

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