Finanzas para todos

El jefazo vs. el líder, algunas diferencias

domingo, 20 de marzo de 2016 · 00:00

José Jiménez Taquiguchi *

Durante la semana que termina tuve la oportunidad de leer un muy interesante artículo titulado "Evo, el líder”, escrito por mi muy buen amigo Diego Ayo. En él, el autor hace referencia a la relación entre el líder de un país y el destino de éste, analizando el comportamiento que ha  tenido en los últimos años don Evo Morales. 
 
Con base en las hábiles observaciones de Diego, no pude más que pensar en la similitud que se puede dar con los líderes las empresas, pues éstas también dependen de las características de quienes las dirigen. 
 
Es así que dentro de las organizaciones,  públicas y privadas, con frecuencia las figuras del jefe y  del líder pueden llegar a confundirse. De hecho, como se lo discute en el ámbito académico de la gestión y la administración, pueden existir jefes que no son líderes, así como también puede haber líderes sin que sean necesariamente jefes. 

Es así que después de leer varios artículos sobre este apasionante tema, a continuación me animo a compartir con ustedes, distinguidos lectores, algunas diferencias que me parecieron muy interesantes entre lo que es un jefe y lo que es un líder. Les aclaro que no son todas las que se pueden encontrar en la diversa literatura al respecto, pero las divergencias expuestas a continuación son las que me parecieron más sugestivas y las que además encontré en algunas ocasiones en mi bagaje profesional.  

1. Un jefe tradicional piensa que la autoridad es un derecho que se le ha conferido por su cargo jerárquico. Es por ello que siempre veremos por ahí a algún jefe que tenga la creencia de "yo soy el que mando aquí y todos hacen lo que yo ordeno”. Por otro lado, y según lo explica Henry Chesbrough, director del Centro de Innovación Abierta de la Escuela de Negocios Hass de la Universidad Berkeley, el líder ve su posición como un instrumento para influenciar positivamente en la gente, para que ésta se vea comprometida con las causas, procesos y proyectos que la entidad lleva adelante.

2. El jefe inspira miedo y busca ejercer poder para que se realicen las actividades cómo, por quién y cuando él las ha definido. Su equipo de colaboradores le tiene miedo y le sonríe cuando está presente, pero muy a menudo le critica en su ausencia. Por otro lado, y como Chesbrough explica, el líder inspira confianza, empodera a los demás y muestra entusiasmo. Cuando está presente impulsa al grupo reconociendo y agradeciendo sus aportes. El jefe quiere obediencia irrestricta y respeto absoluto; el líder: motivación y reconocimiento. 

3. Cuando hay algún tipo de problema, el jefe busca un culpable; lo primero que piensa es en identificar quién cometió el error para increparlo, sancionarlo o castigarlo a la máxima brevedad posible. Busca arreglar el mundo con gritos o llamadas de atención e implanta la creencia de buscar culpables. 
Por otro lado, y como lo explica Daniel Goleman de la Universidad de Harvard, en un líder prevalece la inteligencia emocional. Al enterarse de algún error, un líder no reacciona hormonalmente, piensa primero, analiza varios escenarios y calmadamente reorienta la situación. No se encarga de señalar los errores de su equipo ni de crucificar a nadie, sino que busca solucionar el problema y no sacrificar al infractor. 

4. Los jefes planifican, presupuestan y asignan tareas. Ponen orden, eliminan riesgos, hacen razonamientos deductivos y buscan controlar lo que ocurre a su alrededor.  Por otro lado, los líderes trabajan codo a codo con sus colaboradores, motivan a la gente, aportan y dan siempre el ejemplo. 
El jefe hace que las tareas sean una obligación, pero el líder sabe buscar la motivación en cada nuevo proyecto, transmitiendo las ganas de trabajar y de progresar. Adoptan riesgos, consideran lo mejor para la colectividad y usan razonamientos inductivos.

Finalmente, como el amable lector podrá concluir, lo aconsejable sería que la persona que ha sido elegida como jefa se gane a pulso el mantenerse como líder todos los días de su mandato; es decir, a ser seguida o apoyada, no por su facultad jerárquica de ejercer el poder y la coerción, sino por su capacidad de influir positivamente en el día a día de las personas que la rodean y dependen de ella, gracias al reconocimiento, la inteligencia emocional, la calidad humana y el respeto que demuestre hacia los demás. 
 
En todo caso, también día a día son los demás los que le darán a dicha persona su voto de respeto y confianza, reconociéndola como líder, independientemente de que sea jefe formal o no. Este es un trabajo continuo y de arduo esfuerzo mental y emocional, por lo que muchos podrán quedar en la historia de las organizaciones sólo como jefes o jefazos, pero quizás no como grandes líderes.
 
* El autor, economista, es especialista en estrategia financiera.

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