Política económica

De la desdolarización a la bolivianización

El exministro presenta su libro, en el que configura una economía más allá de ese movimiento pendular, del paso de décadas buenas a malas, y perfila un futuro más extenso a los 30 años de crecimiento continuo.
domingo, 10 de abril de 2016 · 00:00
Natalí Vargas  / Inversión
 
Fue el primer ministro  que, en democracia y ante un parlamento compuesto por una mayoría opositora, fue llamado a rendir un informe sobre las medidas de política económica que había impulsado la Unidad Democrática Popular (UDP). Ernesto Araníbar Quiroga  fue ministro de Estado dos veces y  antes de cumplir 33 años, y es recordado por una de las medidas más polémicas de la historia de la  economía boliviana: la desdolarización ejecutada en 1982.
 
A fines del año pasado presentó su libro Del péndulo al cubo: La configuración del mercado nacional en una era transnacional, en su natal Cochabamba, y este  31 de marzo lo hizo en La Paz. El texto plantea aspectos clave para que la historia de la economía del país pase de la imagen de un péndulo de tiempos buenos a malos, a un cubo sólido "que siempre caiga de pie”.  
 
El economista,  graduado de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, configuró un paralelismo entre la desdolarización de sus tiempos de ministro y la bolivianización actual.
 
Hoy la economía boliviana, según su libro, es observada por la población de una manera optimista. Desde su punto de vista, ¿se debe eso a elementos tangibles  o más bien al resultado de un fuerte trabajo mediático?
 
Estas percepciones  responden a un tangible bienestar y a un manejo mediático del optimismo, porque hay un indicador: según el Latinobarómetro 2014 (con datos a 2012), el 53% de los bolivianos se adscribe a la clase media, piensa que es de la clase media. Pero, según un informe del Banco Mundial de ese  año, sólo el 17% de los bolivianos conforma la clase media,  la cual se expandió y creció mucho, pero  hay una adscripción  al parecer bastante mayor que el dato duro de quienes realmente pertenecen a ella.
 
¿Qué factor sería el causante de esa adscripción?
 
Hay que reconocer que quizás ese sentimiento positivo es el resultado de constatar  la variación clara  entre la realidad macro y la pobreza con la que la  democracia llegó al país y la  que vivíamos en 2014; ahí sí  vemos transformaciones estructurales  básicas. Al llegar el sistema democrático a Bolivia, la mayoría de los bolivianos éramos pobres. En 2014 (con datos de 2012), la mayoría de los bolivianos no somos pobres, ése es un dato importante. 
 
Cuando la democracia llegó,   la mayoría de los bolivianos éramos pobres, la mayoría de las mujeres eran pobres y la mayoría de los pobres eran mujeres,  además la mayoría de los niños eran pobres y la mayoría de los pobres eran niños. 
 
En 2012 ésa no es la realidad, la mayoría de los bolivianos no somos pobres si es que se mide por la metodología de la línea de ingresos o por la de las necesidades básicas satisfechas. Pero, si se mide por ambas,  todavía la mayoría de los bolivianos somos pobres; hay datos  que señalan que si medimos  por línea de ingreso y necesidades básicas, en 2012 más  del 60% de los bolivianos éramos pobres. Sin embargo, la  sociedad es cada vez más formada, más educada, más realista, por ello tampoco se puede adscribir a la comunicación oficial o al mensaje sistemático una  idea equivocada sobre la  situación que estaría viviendo el país.
 
¿La situación económica real del país permite una mirada optimista a futuro?
 
Hay un dato que no fue mencionado por mis colegas economistas,  porque en general están preocupados en los ciclos económicos y su interrelación en  las recesiones. Esa preocupación legítima como que ocultó una realidad más potente. Es muy fácil  observar en el país un hecho   dramático  que recibió muy poca importancia:  que en 2020, por primera vez en 100 años de vida republicana,  es decir en varias generaciones de bolivianos, habremos crecido sin interrupción por tres décadas seguidas.
 
En 100 años hemos tenido tres décadas de permanente caída del PIB per cápita, en los años 20 crecimos, en los 30 decrecimos, en los 40 crecimos, en  los 50 -en la revolución nacional- decrecimos, en los 60 y en los 70 crecimos, en los 80 -con la democracia- decrecimos. Y   por primera vez desde 1990, después de esos altibajos, creceremos tres décadas seguidas.
 
El país es  dependiente de las economías que consumen nuestros productos, aún es  extractivista  en esencia.
 
¿Qué coadyuvó para ese crecimiento constante?
 
Esa pregunta es la crucial. Si vemos qué ha contribuido a ello, ahí  analizamos las realizaciones de la democracia; son inentendibles estos 30 años  de crecimiento ininterrumpido en promedio del PIB per cápita si no analizamos las realizaciones de la democracia. 
 
La primera realización es la democracia en sí misma. En los años 70, América Latina estaba  gobernada por gobiernos autoritarios dictatoriales y lo peor es que la gente estaba  convencida de que  era muy difícil o imposible que vivamos en democracia. La democracia en Bolivia llegó en el marco de la crisis de la deuda externa de América Latina, que era la  activación perversa de mecanismos inflacionarios. 
 
Frente al  pesimismo de que la democracia no iba a subsistir,  América Latina logra manejar la inflación. Y, sorprendentemente,  en democracia la región logra abatir la inflación a niveles incluso menores de los que existían antes de la crisis de la deuda externa; nuestros países adquieren niveles inflacionarios de un solo dígito.
 
Bolivia alcanzó una inflación de un solo dígito en 1993 (9,4%), pero América Latina ese año tenía más de 680%, por los altísimos niveles inflacionarios de Brasil; recién la región  logra niveles  de un dígito seis años después de Bolivia, en 1999.
 
¿Por qué Bolivia logra adelantarse seis años? 
 
El libro llega a la conclusión de que tiene que ver con la medida de desdolarización. En general, a esa medida, planteada como la peor  de la historia del país, no se le reconoce ninguna virtud, se le achacan todos los errores.
 
Uno de los problemas que  le achacan es el haber desatado la hiperinflación, lo cual es absolutamente falso. 
 
Las presiones hiperinflacionarias se dieron antes de la desdolarización en el país. Pero además se  dieron procesos hiperinflacionarios en países que no  tuvieron desdolarización. ¿Cuál es el rasgo común de las hiperinflaciones en América Latina? Es la crisis de la deuda y la lógica que prevalecía  hasta 1989, en Bolivia sólo hasta 1985, cuando nos adelantamos a  controlar la inflación.  
 
Bolivia llegó a la democracia con niveles inflacionarios de tres dígitos, no  en una taza de leche, sino bajo el abrumador peso de una deuda externa  masiva  que había sido farreada por  gobiernos autoritarios y dictatoriales. Frente a ello, el sentido común indicaba que había que pagar la deuda, estabilizar los precios y comenzar a crecer. La desdolarización, en el plano  nacional,  señalaba otra lógica: Es imposible pagar la deuda.
 
Es evidente que uno de los motivos más importantes  del decreto de desdolarización era  reducir la deuda de los sectores productivos que hubieran colapsado si es que no se les reducía, como lo hubieran hecho todos los países si es que no se licuaba nuestra deuda externa a partir del Plan Brady, que se inicia en 1989 en México.
 
Pero fue una medida polémica de terribles resultados. Para usted, ¿cuáles fueron los defectos de ese decreto?
 
Lo más grave y quizá la palabra defecto es incluso insuficiente, es la afectación que tuvo a los ahorristas, y es que la desdolarización favoreció enormemente a los deudores en dólares, afectó a los ahorristas, lo cual es realmente un costo infinito de la desdolarización. El libro intenta un análisis de cuánto se afectó a los ahorristas. Al 31 de diciembre de 1981, el ahorro en dólares era de casi 122 millones de dólares, nosotros creemos que con 80 millones de dólares hubiéramos podido subsanar las devoluciones a los ahorristas. 
 
Esos famosos 80 millones de dólares no los pudo conseguir la UDP ni los gobiernos posteriores,  porque cada Gobierno tuvo que enfrentar distintos problemas y se fue postergando el tema de los ahorristas. Ésa es la genética de la desdolarización, lo que explica que sea concebida  como la peor medida,  concentrándole  todos los males de Bolivia y achacándole, encima, que era generadora de hiperinflación.
 
¿Desdolarización es lo mismo que bolivianización?
 
Digamos que la desdolarización es la bolivianización en la época del incendio de nuestra economía, en la época de crisis, de caos, de heredar las deudas de la dictadura. 
 
Bolivianización es la adecuada gestión, con una herencia ya democrática, donde se encapsula el tema de la deuda, hay buenos precios, se gestiona una adecuada bolivianización. La desdolarización es un intento en momentos de crisis, que en muchos aspectos tiene fracasos pero también otros antecedentes realmente estelares,   uno de los cuales es permitir el crecimiento de la economía y posibilitar que después se haya podido bolivianizar sanamente como ahora está sucediendo.
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