Sólo en crisis

Y ahora Mitsubishi: ¿categoría en riesgo de crisis?

domingo, 1 de mayo de 2016 · 00:00
María José Rodríguez * 
 
"El    de Mitsubishi es el más reciente escándalo en materia de falsificación de patrones de rendimiento, después del ocurrido, en septiembre del año pasado, en la alemana Volkswagen, que continúa con la revisión de los vehículos afectados”, dice Proceso de México. Y como este párrafo, toda la cobertura mediática no deja de reflejar este nuevo caso de engaño sin hacer alusión al anterior caso que involucrada a la creadora de la famosa "peta”.

Mitsubishi reconoció la modificación de la presión del aire de los neumáticos durante las pruebas de consumo de combustible. Este engaño afecta a más de 600 mil unidades de los modelos ekWagon, ekSpace, Dayz y DayzRoox (estos dos últimos, comercializados por Nissan). El mercado comenzó a temblar no sólo para los automóviles de su marca, sino para todos aquellos que tienen participación de ella en sus motores.
 
El engaño, que se descubrió en el mercado japonés, trajo bajón de las acciones en bolsa, renuncia de sus principales gerentes, declaraciones del Gobierno nipón sobre la búsqueda de responsables y consecuencias por imponer.  Y, quizá lo más impactante,  el anuncio reciente de la posibilidad de que Daimlerchrysler se liberaría de
su paquete accionario que llega al 37%.
 
Esa porción de la compañía fue adquirida por Daimlerchrysler en 2001, después de que Mitsubishi atravesó por
otro escándalo de confianza al esconder fallas en algunos modelos de automóviles en 2000.  Ese hecho impidió que la empresa participara en las licitaciones para proveer automóviles y maquinaria, para la mayor parte de los gobiernos seccionales japoneses y una caída de más de seis puntos en la bolsa de Tokyo durante los primeros días. 
 
La salvadora empresa germana ahora es salpicada por este nuevo hecho de falta de  ética y busca liberarse del hecho lo antes posible.
 
Las indagaciones se mantienen y han puesto a la luz que la compañía ha  alterado sus índices de rendimiento de combustible desde 1991. Dos décadas de engañar sistemáticamente podrían ser la gota que rebalse el vaso del mercado y terminaría de enterrar a esta marca.
 
Porque las crisis éticas no admiten razones. No hay una respuesta técnica que pueda ser suficiente para calmar la duda sobre la integridad moral de un fabricante. Es posible que tampoco alcance con el recambio de todos sus directivos, que para Volkswagen sí bastó, si se llega a constatar que el ardid es un patrón de comportamiento en esta compañía.
 
La empresa tendrá que intentar un programa de reconstrucción de reputación muy intenso y profundo. Deberá demostrar que sus políticas de fabricación han sido "limpiadas” y rectificadas, que serán alejados todos los involucrados en este tema y las cabezas,  aunque no tuvieran directa relación o conocimiento,  al ser también responsables por no haber transmitido una cultura de transparencia internamente. El daño es hondo, la herida sigue abierta y desde ella se divisa descomposición. La reconstrucción será cuesta arriba.
 
La duda es casi imparable cuando se trata de una acción intencional y no un accidente. Y si se es reincidente, como en esta empresa,  pues la cosa es aún más grave.  Es probable que esta vez no aparezcan los salvadores con capital fresco para invertir y sacar a la compañía del lodo de la vergüenza.
 
La intención de engañar es lo que más se castiga desde el público y lastima las acciones en bolsa. Se trata de una voluntad que circula en el "ADN” de las compañías que la inclina a reincidir. Así,  la credibilidad es aún más difícil de ser recuperada.
 
Pero no sólo lo será para la empresa en cuestión. El golpe llegará a toda la industria, manchará la categoría en general y despertará la suspicacia sobre las promesas emanadas de todos los fabricantes automovilísticos. La desconfianza crece de manera exponencial  y expande sus tentáculos sutilmente hasta los más ocultos rincones relacionados a esa industria.
 
No sólo las empresas que compran motores Mitsubishi comenzarán a preguntarse si todo funciona bien, sino todo aquel que tiene aun fuera un solo perno con la marca en cuestión.
 
Este hecho debería encender luces de alerta en la industria en general ya que al ser el segundo caso en un
tiempo corto, la mancha comenzará a calar sin distinción de marca. Y ese es el peor legado de esta crisis.
 
* La autora es experta en comunicación estratégica.

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