El boom del “oro blanco” sorprende al país

El reciente anuncio del fabricante Tesla, de demandar el litio para 500.000 vehículos por año desde 2017, pilla a los planes bolivianos en bambalinas.
domingo, 1 de mayo de 2016 · 00:00
Natalí Vargas  / Inversión

Si Bolivia vendiera  ya las 30.000 toneladas métricas de carbonato de litio anuales previstas en la capacidad de la planta, cuyos costo y tiempo de construcción recién serán definidos en abril de 2017, lograría ingresos por al menos 750 millones de dólares este año.
 
Este cálculo es el resultado del precio actual en el mercado spot de una tonelada de carbonato de litio (25.000 dólares). Y es que, como afirma el experto en litio Juan Carlos Zuleta, "el boom del litio no está a la vuelta de la esquina; el boom ya ha llegado”.
 
En medio de una creciente demanda  de litio, que presenta precios interesantes, en la tercera semana de abril, se anunció que la  fabricante de autos eléctricos Tesla requerirá 24.000 toneladas de litio anuales, cuando el mercado general produce 50.000.
 
Cuando Tesla, en 2017, estrene su  gigafábrica de baterías en Nevada (EEUU), que será la   más grande del mundo, se calcula que incrementará su demanda del litio y que, prácticamente, demandará litio para generar una capacidad energética igual a toda la  que se producía en el mundo hasta  2013 (35 gigavatios por hora), que son los últimos datos conocidos sobre la producción de todo el orbe.
 
Sólo para tener idea del crecimiento desmesurado de la demanda del litio, basta conocer el ascenso de su precio.
 
En 2014, cuando Bolivia -según los planes iniciales presentados por la Gerencia Nacional de Recursos Evaporíticos (GNRE) ya se debía producir 30.000 toneladas métricas de carbonato de litio- el precio de ese metal en el mercado spot se fijaba en alrededor de 5.500 dólares por tonelada métrica. En 2015, la cifra subió a casi 15.000 dólares y este año en China bordea los 25.000 dólares.
 
Esto se debe a que el litio es un componente imprescindible de las baterías, utilizadas en vehículos híbridos, vehículos eléctricos, celulares, computadoras portátiles y herramientas eléctricas, entre otros. Además, según un informe publicado por la consultora Allied Market Research, se estima que el mercado global de baterías de litio generará ingresos de 46.210 millones de dólares en 2022.
 
El año pasado, la demanda de litio  alcanzó a casi 190.000 toneladas métricas de carbonato de litio. Sólo en 2015, la venta de automóviles eléctricos con baterías de litio llegó a 550.000 unidades, es decir, más de medio millón. Y desde su aparición en 2010, con General Motors y Nissan, se vendieron al menos 1.239.000 unidades.  Cabe apuntar que la venta de los  híbridos convencionales comerciales, que funcionan tanto a gasolina como a electricidad y que fueron lanzados en 2008, no alcanzó esa cifra en la misma cantidad de años.
 
Según el anuncio de hace casi dos semanas, se espera que la gigafábrica de Tesla suministre baterías para los 500.000 autos y casas que Tesla quiere producir para finales de la década. Al suministrar sus propias baterías, el costo de kilovatios por hora disminuirá en más de 30%, algo crucial para el consumo masivo de vehículos eléctricos.
 
Bolivia en el triángulo del litio
 
La urgente demanda de Tesla   requerirá suministros seguros y a largo plazo de litio, metal del cual entre el 60% y el 85% (según diversos cálculos) se halla en Chile, Argentina y Bolivia. Según analistas, debido al aumento en la demanda de baterías, el mercado del litio entra en déficit, y no hay suministros seguros para el próximo año. Al mismo tiempo, las fábricas construidas en China incrementan la demanda.
 
Bolivia, según los estudios del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por su sigla en inglés), tiene 10 millones de toneladas métricas de litio en contenido metálico en el Salar de Uyuni y sus costas salinas, como recursos identificados de litio. Para llegar a calidad de reservas se debe hacer una cuantificación y la certificación especializada. 
 
Por  ahora, ante la sacudida fuerte que  se presenta en el mercado con los anuncios de las fabricantes de autos, los planes bolivianos de desarrollo e industrialización del litio del Salar de Uyuni parecen estar muy atrasados. En la comercialización mundial, Chile abarca el 44%, seguido de Australia (25%), China (13%) y  Argentina (11%).


"En la gestión que culmina se han realizado importantes tareas como la firma de contratos para la construcción, montaje y puesta en marcha de la Planta Industrial de sales de Potasio, contrato para el proyecto de ingeniería a diseño final de la Planta Industrial de Carbonato de Litio y la firma de contrato para la implementación de una Planta Piloto de materiales catódicos, entre otras acciones”, destaca el gerente nacional de recursos evaporíticos, Luis Alberto Echazú, en  la Memoria  2015 de esa dependencia estatal.
 
En abril de 2017 se definirá el costo y el tiempo de la construcción de la Planta Industrial de Carbonato de Litio. Por el momento, lo que se tiene es la  Planta Piloto de Carbonato de Litio. 
 
"Las operaciones de la Planta Piloto de Carbonato de Litio se van consolidando con la producción de Li2CO3 grado batería,  que está siendo acopiada para su futura venta y disposición de volúmenes que requerirá la Planta Piloto de materiales catódicos, que se implementa en el complejo industrial de La Palca, Potosí”, afirma la Memoria 2015. Según ese texto, en la mencionada planta, durante la pasada gestión se aprovecharon las condiciones de instalación para investigar, desarrollar y optimizar los procesos de la misma.
 
Al respecto, el experto en litio Juan Carlos Zuleta asevera: "El problema es que a partir de 2008 lo que se ha intentado hacer en el proyecto boliviano es reinventar la rueda. Bolivia es conocido como un país minero, pero hablamos de la minería tradicional; Bolivia no tiene experiencia en la producción de recursos evaporíticos, que no se encuentran en rocas sino en salmueras. No tenemos ninguna experiencia en la producción de esta clase de materiales y el gobierno  decidió hacer un método propio,  es un absurdo”.
 
Chile y Argentina

A finales de marzo la ministra chilena de Minería, Aurora Williams,  mencionó la realización de la Agenda de la Política del Litio y la Gobernanza de los Salares, en la que se enfatizó el carácter estratégico de este mineral no metálico. 
 
"Hemos podido establecer la importancia no tan sólo de hablar de la política del litio, sino de cómo somos capaces de tener una gobernanza de los salares y eso significa reconocer la sustentabilidad. Los salares son los ecosistemas más frágiles y por ende, la importancia de integrar a las comunidades y mantener el equilibrio en su entorno”, aseveró en  una rendición pública de cuentas.
 
La producción de litio de Chile en la actualidad llega a unas 59.000 toneladas métricas anuales y es extraída por las dos empresas que hasta ahora tenían la exclusividad del mercado: Sociedad Química y Minera de Chile (SQM), de capitales nacionales, y Sociedad Chilena del Litio, en manos de la estadounidense Rockwood.
 
Argentina produce alrededor de 15.000 toneladas métricas anuales de carbonato de litio en su depósito principal en funcionamiento, el salar del Hombre Muerto, ubicado en la provincia de Catamarca. Sin embargo, a la puerta está el proyecto Orocobre, en Jujuy, que pretende otras 17.500 toneladas, además de  3.000 toneladas aparte del proyecto de EXAR.
 
El rezago de varias décadas
 
La problemática del desarrollo de una industria del litio en Bolivia comenzó a finales de la década de los años 80.
 
El 16 de mayo de 1986, se estableció un perímetro preciso del Salar (DS 21260) y el 11 de diciembre de 1987, el presidente Víctor Paz Estenssoro presentó los términos de referencia de la primera licitación internacional sobre el litio. Pero, el 28 de julio de 1988 se entregó a la norteamericana LITHCO una invitación directa para la explotación.
 
En esa oportunidad se otorgaban los derechos de exploración y explotación en el 100% del área de la reserva fiscal por 40 años  a la LITHCO para la exportación directa de los concentrados de salmueras, pero con un impuesto  al Estado de sólo 10%. Por ello,  el 29 de enero de 1990, se exigió la postergación de la firma  del contrato con una presión social que incluso amenazaba la gobernabilidad del Acuerdo Patriótico (ADN y MIR). Así, el 4 de mayo, se decidió una convocatoria internacional al respecto.
  
El 14 de febrero de 1992, Jaime Paz exclamaba: "Que toquen las bocinas y la banda suene, el contrato del litio ya se firmó”. Pero, por la oposición a un contrato que tenía serios problemas y una fuerte presión en el Congreso de ese entonces hasta que, el 15 de enero de 1993, la adjudicataria del proyecto (FMC) dejó el país, rumbo a la Argentina.
 
Según el experto en litio Juan Carlos Zuleta, "si FMC se hubiera quedado en Bolivia tampoco se habría garantizado que íbamos a producir, hubiéramos sacrificado nuestras reservas más ricas a cambio de casi nada durante por lo menos 20 años porque ellos no se comprometían a desarrollar la industria del litio lo antes posible”.

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