Alimentos, al rescate de las ventas a China

domingo, 22 de mayo de 2016 · 00:00
Natalí Vargas  / Inversión

Bolivia podría afrontar desafíos a la hora de responder a la demanda china de alimentos en los próximos años ya que exporta cereales no molidos, aunque como productor y exportador de quinua, está bien posicionado. Ante su desaceleración  y con las políticas que sigue China para sostener y mejorar su economía, en las relaciones comerciales entre Bolivia y ese país, la diversificación de la producción boliviana cobra urgente relevancia.
 
"Globalmente, los exportadores netos de materias primas fueron los que más se beneficiaron del último boom de productos primarios, pero esta tendencia está cambiando”, afirma el estudio Perspectivas económicas de América Latina: Tendencias y escenarios a futuro para una asociación América Latina (ALC)-China, coproducido  por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Naciones Unidas (NNUU)  y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) en 2015 y presentado a finales de abril en el país.
 
Dadas las previsiones de un crecimiento más lento del Producto Interno Bruto (PIB), durante los próximos años tanto para China como para América Latina, es poco probable que el comercio bilateral se expanda al ritmo de la pasada década y media. "Entre 2000 y 2013, el valor del comercio de bienes entre ALC y China se multiplicó por 22 y creció a una tasa anual media del 27%”, dice la investigación. 
 
A modo de comparación, durante el mismo periodo, el valor del comercio de la región con el mundo se multiplicó sólo por tres y creció a una tasa anual media del 9%. En la presente década, sin embargo, el comercio con China se debilitó; creció sólo 5% al año entre 2011 y 2013  y cayó un 2% en 2014. Si el comercio bilateral se expandiera durante los próximos años al ritmo al que lo hizo en 2013 (6%), alcanzaría los 500.000 millones de dólares  entre 2023 y 2024  (observe la gráfica). 
 
Hoy, debido a la estabilización de los precios de las materias primas a niveles más bajos, la tendencia parece invertirse. Al igual que en décadas anteriores, la evolución de estos precios durante la próxima década definirá los efectos netos de la demanda china, según la investigación. Esta es la meta que se propone alcanzar en 10 años el Plan de Cooperación 2015-2019, acordado entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y China, en enero de 2015.
 
Productos sanos
 
El documento ratifica que el "efecto China” ha beneficiado a los países latinoamericanos en mayor o menor medida, según la importación o exportación neta de cada país. "En líneas generales, durante el período 2002-2009 los países que más se beneficiaron fueron los exportadores de minerales, como China, Perú y Bolivia, seguidos de los exportadores de petróleo, Venezuela y México. Para los países centroamericanos (El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), el ‘efecto China’ fue adverso, pues los beneficios de exportaciones de precios más elevados fueron compensados por precios de importación más altos”, respalda el informe.

La diversificación en productos alimenticios podría ser la salida para que el país  mejore sus perspectivas comerciales, satisfaciendo la creciente demanda tanto internacional como china. El informe señala que China podría ser un nicho de mercado excelente para la quinua ya que "es rica en proteínas (uno de los pocos alimentos vegetales que proporciona una proteína completa), carece de gluten y tiene un elevado contenido en fibras”.
 
La creciente demanda de comida sana en Asia forma parte de la tendencia del consumo para la que se prevé un crecimiento. Y el aumento de la población china, tras la aprobación de una ley que permite que las familias tengan más de un hijo, según su embajador en Bolivia, Wu Yuanshan, "hacen que China se mantenga como un mercado muy atractivo en el presente y a futuro”.
 
Marco regulatorio unísono
 
Para lograr un impulso verdadero al potencial productivo de alimentos de América Latina, aconseja el estudio- se deben desarrollar marcos regulatorios cohesivos y rigurosos. La coherencia de estos debe abordarse tanto para reducir las barreras regulatorias "que socavan la integración regional”, como para reforzar la respuesta de la región a la estrategia de China. 
 
"Para actuar como un bloque negociador con China y establecer un diálogo, América Latina ha de forjar disciplinas modernas de puertas para adentro en ámbitos de los acuerdos comerciales como son los servicios, la inversión, la contratación pública, los derechos de propiedad intelectual, las políticas sobre competencia y la transparencia regulatoria”, asevera. 
 
A la hora de crear o reforzar marcos regulatorios, los gobiernos latinoamericanos, dice el informe, también deben encontrar un equilibrio entre reglamentaciones restrictivas y preventivas. En ese camino,  "prevenir la degradación medioambiental es esencial para el desarrollo sostenible, sobre todo, en el caso de las industrias extractivas primarias”. Aunque tampoco es infundado pensar que las reglamentaciones restrictivas también pueden disuadir de invertir o restringir las inversiones. 
 
Por ejemplo, el grado de restrictividad regulatoria, sobre todo en los servicios, puede afectar a la competitividad del sector.
 
Inversión  directa china en la región
 
Junto con los préstamos para proyectos productivos de América Latina, la presencia de China en la región a través de  su Inversión Extranjera Directa (IED) ha cobrado relevancia en los últimos años. 
 
"No se trata de un efecto aislado ya que, tras la crisis financiera de 2008, los países latinoamericanos recibieron volúmenes considerables de IED. En 2014, sin embargo, las entradas totales de IED en la región (153.000 millones de dólares) experimentaron una caída del 16% en relación con el año anterior”, asegura el estudio Perspectivas económicas de América Latina: Tendencias y escenarios a futuro para una asociación América Latina-China, elaborado  por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Naciones Unidas (NNUU)  y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).
 
La composición de la IED en América del Sur se centra principalmente en las industrias extractivas y de recursos naturales (esto es, la industria minera en Chile, Colombia y Perú; los hidrocarburos en Bolivia, Ecuador y Venezuela), Brasil y Venezuela atraen inversiones para la industria manufacturera y de servicios. Por otro lado, el estrecho vínculo entre las importaciones chinas de productos primarios desde América Latina y la IED china en los sectores productores de materias primas en la región, desde 2008 hasta 2012, también sugiere una correlación entre la IED y el comercio, según el estudio.
 
Los datos a los cuales llegaron los expertos a cargo de la investigación, demostraron que en ese periodo, la mayor parte de la IED se hizo mediante fusiones y adquisiciones, sobre todo (en un 70%) en los sectores de petróleo y del gas.

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