Carta del editor

La debacle de una textilera

domingo, 22 de mayo de 2016 · 00:00

Marco Zelaya

Hay noticias que causan mucha tristeza. Fue penoso enterarse, en los últimos días, que la otrora pujante Ametex, reconvertida en los últimos años en la estatal Enatex,  se sumó a la lista de las industrias textileras liquidadas, como las recordadas Forno, Domingo Soligno, Said y Estatex.

Conmovió presenciar el drama de la compañía, porque era un motivo de legítimo orgullo. Porque el grupo textilero era el resultado de los esfuerzos de un boliviano que creyó y apostó en el país; su espíritu emprendedor demostró que los bolivianos somos capaces de crear y que no puede ser una excusa lo que frecuentemente se esgrime con derrotismo: que no podemos y que somos muy pequeños en el mundo monstruoso de los negocios. 
 
En una economía vigorosa, las empresas nacen y mueren cada día. Pero eso no es frecuente en el país. Tal vez se dio una combinación inesperadamente riesgosa entre un exceso de expectativas y  un factor externo clave: las oscilaciones del principal mercado para la textilera, Estados Unidos.
 
Se ha informado que, con respecto a lo segundo, el gigantesco mercado del país del norte comenzó a cerrarse después del atentado terrorista contra las Torres Gemelas, en 2001; comenzaron, entonces, a manifestarse los problemas para la hasta entonces exitosa industria textilera.
 
Pero todavía más determinante fue la pérdida de las preferencias arancelarias otorgadas por el  ATPDEA, siempre minimizada por el Gobierno y que supuestamente sería compensada con el acceso a otros mercados, como el venezolano, entre otros. Hoy sabemos que eso no funcionó, sobre todo por las medidas paraarancelarias de las potenciales plazas para Ametex, que, con su producción sin compradores, comenzó a presentar una crisis de liquidez.
 
El manejo político en la estatal Enatex, nunca gerencial, fue el mal epílogo para la textilera. El Estado no es, a contramano de lo que cree el Gobierno, un buen empresario ni lo será. Y bajo la administración pública se cerró la historia de la textilera.

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