Sólo en crisis

El Silala, salvadora disputa

domingo, 12 de junio de 2016 · 00:00

María José Rodríguez *

 

Bachelet, con protestas en las calles y una popularidad que no levanta del 24% después del embrollo en  que la metió su nuera (y aún no ha podido esclarecer). Al otro lado de la frontera, desde la hoyada paceña, la aceptación del presidente Morales se despeña a ritmo de telenovela. 

Pasando por alto los temas del corazón, sobre él pende una millonaria multa y pago de reposición si no logra cumplir con los niveles de gas prometidos a Argentina. Y por si fuera poco, las calles se contagian del dolor de miles de personas con discapacidad  que reclaman su atención y ante cada negativa le devuelven un rostro insensible y torpe.
 
Cuando las cosas se pintan mal, internamente,  la propaganda política manda a cambiar de enfoque. Sintonizar la atención y los esfuerzos con una amenaza externa; algo más grande, que nos obligue a olvidar nuestras diferencias menudas. Un enemigo importante que agrupe a quienes hoy disputan "pequeñeces” en las calles o reclaman por insignificancias. La mejor salida a los conflictos internos es crear problemas externos.
 
El mar ya perdió el charme para  seducir corazones y movilizar al patriota que llevamos dentro. La causa del Silala ha venido como anillo al dedo para darle un descanso a las embestidas de críticas sobre las imágenes de ambos mandatarios.
 
Lograr que los tópicos cambien en las columnas de opinión  y los titulares hablen de algo distinto, es, de seguro, un logro para la presidenta chilena, quien las últimas semanas ha tenido encontrones poco placenteros con algunos medios de su país, ha sido blanco de críticas ácidas por sus respuestas en temas sensibles y no ha dejado de ser el objeto preferido de los caricaturistas. Para Evo, mostrarse agredido, atacado, demandado, por el "enemigo-patrio-eterno”, es, en sí mismo, un logro político.
 
Dos razones para ello. La primera porque el uso de las aguas del Silala siempre ha provocado en la población una suerte  de escozor que culmina con sensación incómoda de abuso: "usan nuestra agua y a cambio nos dejan sedientos y sin un centavo...”. La segunda, porque  son pocos los bolivianos que saben acerca de los dobleces técnicos del tema y ante una base de desconocimiento masivo, la explicación más simple es fácil de ser aceptada con pasión y sentimiento por una gran mayoría.
 
Así, el presidente boliviano  podrá atizar la sensación de abuso, atributo con el que el imaginario popular fácilmente identifica el actuar del Estado chileno -no del pueblo chileno- y encender, nuevamente, el amor y admiración entre paternal y servil que provocan algunos caudillos. Cosechará  también la cólera ante el atropello y la victimización de la población. Sentimientos poderosos que logran nublar razones y disparan pasiones.
 
Dependiendo de la discursiva que vaya a utilizar la presidenta Bachelet en adelante, el hecho  pareciera ser más beneficioso para el mandatario boliviano que para ella.  La epidermis pasional de la población chilena -creería- se estremece menos  cuando se trata de atacar a los bolivianos, que, siendo perdedores de una guerra contra ellos, no calzan con la imagen de "enemigo” ante el cual se deban cerrar filas.  Habrá que esperar un as bajo la manga, porque de campañas políticas los chilenos saben y mucho.
 
Por lo pronto la temática le otorga a la presidenta del vecino país nuevos argumentos con los que llenar sus entrevistas y declaraciones. Y al ser un proceso, el tema no morirá en un día y así  tiene la posibilidad de desarrollarlo lentamente y manejar los tiempos para crear noticias. Nada mejor que eso cuando la situación interna aprieta: cada vez que se encuentre ante una crítica, podrá anunciar una etapa nueva del caso Silala ante La Haya o en el país.  Un grifo inagotable de noticias favorables hasta el fallo.
 
Lo cual hace pensar también que el fallo en sí, para ambos gobiernos, no es lo más importante, sino el proceso de conseguirlo. Una inmejorable situación política para nivelar el flujo noticioso y conseguir repuntar en algo la aceptación tan debilitada. Es lo que llamamos la "comunicación de proceso y no de hito”.
 
Es claro que tendremos tela que cortar en torno al  "Silala” para tiempo. Las pasiones se encenderán y los festejos o lamentos llegarán olvidando lo que de fondo vivimos en casa.
 
(*) La autora es especialista en comunicación estratégica.

 

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