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¿Desafío o amenaza? Cómo debería responder Europa ante el Brexit

La UE debe lograr una relación satisfactoria con Reino Unido, sin importar cuán exasperante sea éste.
domingo, 17 de julio de 2016 · 00:00
 
Martin Wolf  Financial Times Newspaper Spanish
 
 En octubre de 1996, a medida que se aproximaba el lanzamiento del euro, yo argumenté que: "La elección inminente para el Reino Unido es entre estar dentro de la Unión Monetaria Europea y estar fuera de ella . . . Se convertirá en una elección entre tener voz y voto dentro del régimen de Europa y no tenerlos. Con el tiempo, será entre estar dentro de la Unión Europea (UE) y estar fuera de ella”.

 Por esta razón   llegué a la conclusión de que el Reino Unido debía considerar volverse miembro. Poco después cambié de opinión  argumentando que el Reino Unido no podría prosperar dentro de la UE. 

 El Reino Unido ha estado desde hace tiempo relativamente desconectado y, actualmente, está en camino de desconectarse totalmente. El pendiente "divorcio” plantea un enorme desafío para el Reino Unido. Pero también presenta retos para la UE. Para prosperar, y quizá incluso para sobrevivir, tiene que cambiar. La salida del Reino Unido representa una amenaza, pero quizá también una oportunidad.

 Esto no tiene como fin argumentar que el "divorcio” estaba predeterminado. El haber llegado a donde nos encontramos en la actualidad fue el resultado de una serie de accidentes que incluyeron, entre otras, la increíble incompetencia de David Cameron.

 Si sólo el 2% de quienes votaron por salirse de la UE hubieran votado por quedarse, esta última opción hubiera triunfado. Si Cameron no hubiera ganado las  elecciones generales, el referéndum no hubiera ocurrido.
Pudiéramos continuar con esta retahíla. Sin embargo, el desencanto del Reino Unido con el proyecto de la UE siempre posibilitó este resultado.

 Es posible que el Brexit no ocurra. Después de todo, el referéndum es exclusivamente de carácter consultivo. No es vinculante para el parlamento y, lo que es más, el parlamento no puede vincular a sus sucesores. Además, el resultado del referéndum  especificó que el Reino Unido debería salirse de la UE. No indicó qué significaba "salirse”.

 ¿Cómo responder ante esta posibilidad? 

 El Reino Unido va a salirse. Ésa tiene que ser la suposición de sus socios en la UE, sobre todo si la libre circulación de personas continúa siendo un principio inviolable. Entonces, ¿cómo debería responder el resto del bloque?

 La casi certera salida del Reino Unido es una amenaza para la UE en dos dimensiones.  En primer lugar, el Reino Unido es un vecino, un mercado, un centro financiero, un socio en asuntos de seguridad y un enlace con el resto del mundo. Lo mejor para la UE es lograr una relación mutuamente satisfactoria, sin importar cuán exasperante sea el Reino Unido. 

Esto aboga por la posición pragmática tomada por Alain Juppé, el favorito en la carrera por la nominación presidencial centroderechista francesa. Él incluso sugiere que las restricciones a la libre circulación de personas debieran ser negociables. Si así fuera, eso  seguramente hubiera obviado el Brexit. 

 En segundo lugar, el  Brexit sienta un precedente. El primer país en salirse de la UE se convierte, inevitablemente, en un ejemplo para aquellos que desean hacer lo mismo y en una advertencia para aquellos que se oponen. 

Es natural que este último grupo intente socavar el atractivo de lo que el primero ha hecho castigando al Reino Unido. Sin embargo, la pregunta que debe hacerse es si la mejor manera de preservar la UE es convertirla en una prisión, en vez de en un  refugio.

 Lo anterior no es un argumento para obtener indulgencia. Pero es un argumento en contra del deseo de venganza. Sí, es comprensible que la clase dirigente de la UE desee reducir el atractivo de los populistas. Pero la mejor manera de hacerlo debe ser el darles a los ciudadanos la seguridad y prosperidad que buscan. 
 
Por lo tanto, el principal reto para la UE es hacer que funcione en beneficio de la gran mayoría de sus ciudadanos. Tal y como lo argumenta Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo: "El fantasma de una ruptura está acosando a Europa y una visión de una federación no me parece que sea la mejor respuesta ante esta situación”. Ésta es una declaración sensata. El fracaso de la UE no se encuentra en sus estructuras políticas, sino en sus políticas.

 Asegurar legitimidad

La UE debe asegurar su legitimidad a través de logros prácticos en vez de buscar una mayor erosión de la autonomía nacional. El principal ejemplo de un fallo reciente se encuentra dentro de la eurozona. Eso no tiene nada que ver con el Reino Unido. La triste verdad es que, lejos de haber lanzado un período de prosperidad, el euro ha producido un largo período de estancamiento y enormes divergencias en los niveles de vida. Entre los primeros trimestres de 2008 y 2016, el producto interno bruto (PIB) real agregado de la eurozona aumentó sólo un 0,5%, mientras que la demanda real agregada cayó un 2,4 por ciento. 

Esto es suficientemente desalentador. Lo que es peor aún es que, entre 2007 y 2016, el PIB real per cápita se prevé que aumente un 11 por ciento en Alemania, que se estanque en Francia y que caiga un 8% y un 11% en España e Italia, respectivamente.

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