Industria

Tres escenarios sobre el gas natural

Hay discrepancias sobre el volumen real de las reservas probadas de gas en el país.
domingo, 17 de julio de 2016 · 00:00
Marco Zelaya  / Inversión  

Las cifras sobre hidrocarburos que expone el Gobierno reflejan  optimismo. 

En efecto, en la semana que se va, en el VI Congreso Internacional Gas & Petróleo, titulado "Resiliencia: El accionar de la industria de gas y petróleo”, que se llevó a cabo en Santa Cruz, han comenzado a circular números sobre el sector del gas natural que revelan cómo el Ejecutivo analiza el presente y el futuro de los hidrocarburos. 
Resaltaron, sobre todo, las estadísticas y las previsiones acerca de la producción y los mercados, en especial de Brasil y Argentina, para el energético.

Tal información es determinante porque Bolivia se encamina a la recta final del contrato de compraventa de gas natural con Brasil, que concluirá en 2019, y a un aumento gradual del volumen enviado a Argentina, de acuerdo con las cláusulas del convenio binacional que fenecerá en 2027.

Se podría concluir, por los números que se conocieron, que hay dos perspectivas: una moderadamente optimista y otra, muy optimista. 

La moderada

En su exposición, el ministro de Hidrocarburos,Luis Alberto Sánchez, sostuvo que, como resultado de las importantes inversiones del Gobierno en el sector hasta  2022, Bolivia incrementará sus reservas a más de 17 trillones de pies cúbicos(TCF, en inglés),  un volumen  que le permitirá un abastecimiento, en las condiciones actuales de los mercados interno y externo, hasta 2047. 

Según estas previsiones, los clientes dispondrían de gas, en similares volúmenes a los actuales, durante 30 años, lo cual garantizaría la firma del nuevo contrato de compraventa con Brasil. 

Según los reportes de la petrolera estatal, Brasil ha demandado, en promedio, entre 27,9 y 33,1 millones de metros cúbicos al día (MMmcd) entre 2012 y 2015, respectivamente. 

En cambio, los envíos a Argentina, en el mismo período, han llegado a 12,4 y 16,2 MMmcd. 

El mercado interno, que es el tercer factor que se debe tomar en cuenta para establecer la demanda global, ha consumido entre 8,7 y 9,7 MMmcd. 

Si se suman estos requerimientos, se tiene que en 2012 se extrajeron 0,6 trillones de pies cúbicos (TCF, en inglés); en 2013, un total de 0,72 TCF; 0,76 TCF en 2014 y, finalmente, 0,76 TCF en 2015. 

Según un cálculo de la fundación Milenio, que coincide con los de otros expertos en hidrocarburos, las actuales reservas probadas se agotarían en 2026 o a lo sumo durarían hasta 2029. Se toma en cuenta, para el cálculo del horizonte de las reservas, la certificación, a diciembre de 2013, de la compañía GLJ Consultants, que arrojó 10,45 TCF, y no los anuncios gubernamentales sobre nuevos descubrimientos, cuya riqueza aún no está certificada. 

Entre el cálculo oficial y el independiente, que no toma en cuenta lo que está avalado por una empresa certificadora, hay una diferencia de al menos 18 años de abastecimiento seguro, según el Gobierno.  

Tres veces más

Se debe recordar, para entender en su justa dimensión el discurso del vicepresidente Álvaro García Linera, que GLJ Consultants ha certificado 10,45 TCF.

El presidente Evo Morales aseguró hace poco que hasta fin de año se contará con 11 TCF certificados, a los cuales, según el Vicepresidente, se sumarán los aportes de nuevos descubrimientos comerciales hasta llegar a un tope de 30 TCF. 

En los últimos 10 años, dijo García Linera, el Gobierno logró un incremento de reservas de 4,5 TCF, que representan casi la mitad de los 10,45 TCF certificados. Agrega más exploración en zonas con un potencial de hasta 23 TCF, debido a lo cual prevé el crecimiento de entre 20 y 30 TCF.

La conclusión, si se toman en cuenta estos volúmenes, es que hay suficiente gas no sólo para el contrato con Brasil, sino también para abastecer otros mercados regionales. 

Sin embargo, hasta ahora, pese a los esfuerzos del Gobierno, no se han descubierto reservorios de la dimensión productiva de Sábalo, San Alberto o Margarita. Por el contrario, estos campos ya muestran síntomas de declinación que, según los expertos, se deben a la sobreexplotación de gas.  

Otro punto de vista

Un informe publicado por la revista brasileña Valor Económico, especializada en el rubro financiero, ha revelado importante información sobre los megacampos bolivianos de gas y da otra visión de la industria boliviana del gas.  
Se trata, en realidad, de un análisis de la Confederación Nacional de la Industria de Brasil y de la Asociación Brasileña de Grandes Consumidores de Energía (Abrace), cuyos afiliados son los principales demandantes del energético nacional. 

La preocupación de los actores del mercado brasileño es no sólo el estado actual de los reservorios situados en el Chaco, sino, fundamentalmente, su futuro comportamiento, porque está en puertas la negociación de otro contrato cuando fenezca el actual en 2019. En otras palabras, lo que quita el sueño a los usuarios brasileños es si Bolivia cuenta con las suficientes reservas de gas y si las actuales pueden abastecer durante otros 20 años a ese mercado.

De acuerdo con ese estudio, los principales megacampos bolivianos comenzarán a declinar más a partir de 2022, al extremo de poner en riesgo la producción capaz de satisfacer los volúmenes de un eventual nuevo contrato. 
Es lo diametralmente opuesto a las previsiones del Gobierno, a lo cual se ha sumado, en las últimas horas, el análisis de la calificadora de riesgo Fitch Ratings, que ha asegurado que habrá incertidumbre en torno a la producción de gas a partir de 2019.

¿Quién tiene la razón? Sólo el paso del tiempo lo dirá. 

Se acentúa la declinación de los megacampos nacionales

El estudio de la Confederación Nacional de la Industria de Brasil y de la Asociación Brasileña de Grandes Consumidores de Energía contiene preocupantes conclusiones. 

La primera constatación es lapidaria: En el próximo quinquenio, el descenso en la producción conjunta de Sábalo (San Antonio), San Alberto y Margarita llegará, en promedio, al 5%; posteriormente, ascenderá al 10%. Es decir, a la disminución natural de lo que producen estos megacampos se sumará una mayor declinación a partir de 2022. 
La segunda conclusión es que Bolivia no tiene reservas probadas suficientes para mantener los volúmenes actuales del contrato por otros 20 años; el suministro, además, puede disminuir sustancialmente entre 2022 y 2024. 

La tercera conclusión es que la  exploración petrolera estaría prácticamente paralizada por la falta de inversión privada. 

Todo lo que sostiene el informe se complica más si se considera que, según los especialistas, estos tres grandes yacimientos han sido sometidos a una sobreexplotación, para cumplir con los volúmenes comprometidos. Además, la  industrialización demandará volúmenes adicionales.
 
 
 
 
 

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