Producción

Transgénicos: Bolivia no los produce, pero los consume

Dos informes dan cuenta de que el uso de glifosato no es dañino para la salud.
domingo, 24 de julio de 2016 · 00:00
Carla Hannover  / Inversión

 En Bolivia, a excepción de la soya,  está prohibida por ley la producción e importación de alimentos genéticamente modificados (transgénicos). Sin embargo y "en los hechos, la población está expuesta al consumo de estos productos que ingresan al país a través de la importación o el contrabando”, explicó Reinaldo Díaz Salek, presidente de la Asociación de Productores de Oleaginosas (Anapo).

 Esta situación ha dejado a los grandes y pequeños  productores de alimentos en una especie de estancamiento, pues  deben enfrentar  importantes pérdidas de sus productos a causa de las sequías o las  heladas que se registran cada año.  "Pérdidas que con el apoyo de la biotecnología podrían enfrentarse de mejor manera”, señaló el investigador Marín Condori, ingeniero en genética y mejoramiento de plantas. De ahí, que  recientemente, los productores organizaron un seminario en el que solicitaron al Gobierno que abra la posibilidad de trabajar con biotecnologías.

 Aunque en la oportunidad  las autoridades señalaron que no se cierran al debate, el país mantendrá la prohibición en el uso de la biotecnología y la producción de transgénicos, principalmente porque hay un marco normativo que aboga por la producción orgánica de los alimentos. Cambiar estas normas   sería un desafío.       
Si de cifras se trata 

Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE)   la   harina, el   arroz y  las manzanas, para el consumo del mercado interno, se encuentran entre los 20 alimentos de mayor importación en el país. También están la  malta, el   sorgo  y la  semilla de girasol, entre otros, que se usan para la agricultura y la industria.

 Entre enero de 2015 y mayo de este año se importaron más de 300 millones de kilos brutos de harina de trigo, que es la que se utiliza para  elaborar el   pan y los fideos, en su mayoría. También se importó casi 40 millones de kilos de manzanas y poco más de 48 millones de kilos de arroz. "Son alimentos   producidos en otros países que están genéticamente modificados. Dudo mucho que importemos alimentos orgánicamente producidos”, indicó  Díaz.

La propuesta de los productores

Ante este panorama que se vive en el mercado interno boliviano, los productores proponen al Gobierno  regular el manejo de la biotecnología para tener mayor cantidad de producción  y así abastecer al mercado interno pero también para ser competitivos a nivel internacional. 

"Solicitamos esto, teniendo en cuenta que recientemente salieron dos informes, uno de la Organización Mundial de la Salud y otro de la Academia  de Ciencias de EEUU, en los que se que revelan que los cultivos genéticamente modificados  y el herbicida glifosato no afectan a la salud”, indicó Díaz. 

Esta solicitud fue criticada por los activistas, quienes consideran que esta propuesta  es  inconstitucional.  Manuel Morales Álvarez, de la agrupación  Bolivia Libre de Transgénicos, señaló que "lo que proponen es un acto de sedición alimentaria biotecnológica contra los mandatos de la Constitución Política del Estado que en su articulo  255 prohíbe la producción e importación de alimentos transgénicos”.

Morales está consciente de que  en el país no se producen transgénicos, pero sí se los consume, pero esto, a su parecer, es consecuencia del escaso control de las oficinas estatales. "Esto se da por irresponsabilidad de las autoridades encargadas de velar por los derechos de los consumidores. Lo que pasa es que el Senasag, la Aduana y la Oficina de la Defensa de los Derechos de los Consumidores no hacen el control respectivo”, dijo.

En ese sentido, considera, que hay un fracaso de las políticas de seguridad alimentaria por parte del Gobierno. "Somos  importadores de papa, frutas, arroz. Importamos dos terceras partes de harina y el trigo para hacer el pan   y esa harina es transgénica”. 

Pese a esta realidad, no apoya la idea del uso de la biotecnología  porque hay otros informes, también de la OMS, que advierten sobre el peligro del uso de herbicidas como el glifosato o los agroquímicos como el Monsanto, entre otros.
 
   
El Gobierno no se cierra

En declaraciones recientes a la prensa, la viceministra de Desarrollo Rural y Agropecuario, Marisol Solano, declaró  que el Gobierno no conoce oficialmente los estudios sobre organismos genéticamente modificados, aunque aclaró que los solicitará para el análisis y que no se cierra al debate sobre el tema.

"No es sólo el IBCE el que pide que se abra la posibilidad de trabajar con biogenética. Son muchas las organizaciones que piden reglamentar el tema. La posición del Gobierno hasta ahora ha sido contraria a los transgénicos, pero eso no significa que no estemos abiertos al debate”, se lee en una nota publicada por Los Tiempos, aunque reconoció que aún no hay fecha ni convocatoria oficial para un debate.

La realidad boliviana

En la actualidad los productores bolivianos sufren la pérdida de sus cultivos por la sequía o las inundaciones que se registran anualmente en el país. En ese sentido, "es importante poder trabajar con biotecnología, pero que ésta también sea regulada. Nos estamos quedando atrás en relación al resto de los países de la región”, indicó Díaz.
En esa misma línea, Condori    señaló que le gustaría poder investigar en temas de ingeniería genética en otros cultivos y no sólo en los de soya, que es el que está permitido. "La ley no nos permite”, dijo.

 El investigador  explicó que es importante que el Estado apueste  por la seguridad alimentaria para así abrir  la posibilidad de investigar y actuar con responsabilidad frente al desabastecimiento. "Son políticas públicas que deben ser normadas por el Estado. Políticas que permitan a los investigadores generar nuevas herramientas  para trabajar en el campo de la agricultura”.

 Para Condori, es vital que el tema se analice  de manera responsable con un equipo técnico y científico que ya existe en Bolivia. "Debemos  tratar de encarar esto como lo ha hecho Brasil, donde también tenían cierta desconfianza por el uso de agroquímicos y la  biotecnología”, indicó. 
 
  Un futuro incierto

En un seminario  realizado la semana pasada por el IBCE, María Mercedes Roca, profesora de biotecnología en el Tecnológico de Monterrey (México), explicó que "si no se avanza en el uso de la biotecnología, los cultivos corren riesgo de perderse tanto a causa   del cambio climático como del ataque de plagas, como se vio en la última cosecha de arroz y maíz con pérdidas de hasta el 30%”.

Este año, por ejemplo, el  agro cruceño informó que producirá menos alimentos  "estratégicos para la seguridad y soberanía alimentaria del país -como el maíz  o el trigo- debido a la sequía” (ver infografía).

Tanto Condori como Roca recomendaron a las autoridades  convocar a los entendidos en el tema y  a los agricultores para poder debatir a base de  información fidedigna. "A base de estos datos reales se podría normar el tema y así se podría crear un comité nacional de bioseguridad, para que la gente pueda solicitar permisos”, dijo Condori.

19
10

Comentarios