Mirada global

¿Regrexit?

domingo, 3 de julio de 2016 · 00:00

Gabriel Loza Tellería

Regrexit, una combinación de las palabras en inglés "regret”: arrepentimiento y "exit”: salida,  suscriben más de tres millones de británicos  que solicitan una segunda vuelta, después de los efectos desastrosos del triunfo de la decisión de salir de la Unión Europea por 52% contra 48%.

 

Los primeros en sorprenderse por el resultado fueron los "mercados”, que habían apostado por la permanencia y reaccionaron con pánico de manada o rebaño con efecto contagio a nivel mundial gracias a la globalización financiera en lo que habrá que denominar "junio negro”.

 

El impacto económico se registró durante dos días continuos (viernes 24 y lunes 27) de caída de la libra esterlina y de las principales bolsas financieras con efectos colaterales en los precios del petróleo y en los demás commodities. La libra esterlina (£) se desplomó respecto al dólar de £1,50 por  dólar a £1,32, con un acumulado de 12%, la devaluación más fuerte desde 1985. El euro acumuló en los dos días una caída de 3,5%, bajó de 1,14 euros   a 1,10 por  dólar.

 

La Bolsa de Londres, cuyo índice es el FTSE 100, cayó en esos dos días  6%  y el Dow Jones -el índice de la Bolsa de Nueva York- en 5%. El impacto en las bolsas europeas fue mayor, como en Alemania (DAX)  con un desplome de 9% y la Bolsa de París (CAC) con 11%. Se estima una pérdida de la Bolsa de Londres de 130 mil millones de dólares.

 

Y la pepita, como siempre, la pusieron las "descalificadoras” de crédito, puesto que bajaron la calificación del riesgo crediticio del  Reino Unido justo  poco antes de que empezaran a calmarse los mercados, el martes 28. Standard and Poor’s rebajó la calificación de la deuda soberana quitándole la máxima calificación de Triple A, ya que el resultado del referendo podría conducir a un "deterioro del desempeño de la economía, incluyendo a su sector financiero”, mientras que Fitch redujo la proyección, de AA+ a AA por una "abrupta desaceleración” y advirtió que podría bajarla aun más.

 

¿Qué pudo haber ocurrido para una reacción tan devastadora? Sorprendió la sobrerreacción tan inmediata, en tiempo real, de los mercados ante un evento político que materializará la salida recién dos años después de un proceso de negociaciones, es  decir a fines de 2018.

 

El  24  y el  27 de junio, en plena crisis de los mercados financieros, señalé que no existían fundamentos económicos que expliquen tan estrepitosas caídas de bolsas y monedas desde el punto de vista de la situación fiscal, externa y financiera. El Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra respondieron con serenidad, dijeron que tenían previstos planes de contingencia frente a la volatilidad financiera y que proveerán de la liquidez necesaria. El FMI, en una escueta declaración, señaló que iba a apoyar fuertemente el compromiso de ambos bancos.

 

Los análisis ex ante del impacto macroeconómico del Brexit o salida de los británicos iban a ser muy moderados desde el punto de vista del crecimiento de la economía, entre 1% y 2% menos en la tasa del PIB y unos 550 mil empleos que quizá se pierdan hasta  2020. Nadie preveía este impacto financiero y su contagio al mercado mundial.

 

Pareciera que la calma volvió a los mercados y que sería una turbulencia financiera durante el vuelo de la aerolínea globalización financiera, pero nadie nos asegura que no vuelvan a entrar en pánico en cualquier momento. Así son las crisis en los tiempos de la globalización.

 

Cuenta la tradición financiera que Mayer Amschel Rothschild especuló con la batalla de Waterloo, poniendo de rodillas al Gobierno inglés. Conoció antes que nadie, pues no había internet, el resultado de la batalla de Waterloo y compró cuando toda Inglaterra daba por perdida la gesta de Wellington y los precios estaban por los suelos. Luego vendió en la euforia que siguió a la derrota de Napoleón, para hacerse así con el control de la Bolsa de Londres. A Rothschild,  el constructor de su gran imperio financiero familiar, se le atribuye la frase: "Hay que comprar con el sonido de los cañones y vender con el   sonido de las trompetas”.

 Esta práctica de hace más de 200 años la siguen los especuladores financieros. Aprovechando la asimetría de la información alguien  debió ganar con  este pánico financiero, es decir, quienes compraron en la caída, al sonido de los cañones,  para vender en la recuperación con el sonido de las trompetas.
(*) El autor es economista
y expresidente del Banco

Central de Bolivia.

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