Carta del editor

Austeridad sólo para los otros

domingo, 07 de agosto de 2016 · 00:00
Marco Zelaya
 
Ante los reclamos de la Gobernación de La Paz, que considera bajos los montos que destinará a la inversión regional, el Gobierno ha señalado que, en general, los ingresos del país han caído a causa del descenso de los precios internacionales del petróleo.
 
En consecuencia, también han bajado los recursos que se transfieren a las regiones por la coparticipación del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que es, con las regalías, el principal ingreso fiscal para las gobernaciones.
 
Según información publicada por el Ministerio de Economía, las recaudaciones del IDH han descendido un 43% en un año, es decir, de Bs 4.367 millones, en abril de 2015, a Bs 2.492 millones, en abril de este año; el monto que el Estado recauda por este tributo se destina a las gobernaciones, municipios, universidades públicas, al Tesoro General de la Nación y al Fondo Indígena.
 
Con la difusión de los datos del IDH el Gobierno, en realidad, busca  que la protesta de La Paz y las otras que pudieran surgir en las regiones queden sin sustento, porque es evidente que si la torta es más pequeña, menor será la tajada que reciban los beneficiarios. De hecho, los mensajes a las gobernaciones, que se han escuchado en estos días, convocan a que se adapten a la nueva realidad, que es de menores ingresos por el gas, y que apliquen austeridad en sus gastos.
 
Pero, ¿es tan fácil abandonar un nivel de gasto elevado, propio de una etapa de bonanza, por otro más racional y austero? La protesta de La Paz y los reclamos de otras regiones, que comienzan a escucharse, parecen indicar que adaptarse a la nueva realidad de bajos ingresos a causa de la caída internacional del petróleo no va a ser tan fácil.
 
Además, para ingresar en esa nueva dinámica, hace falta, antes que nada, predicar con el ejemplo. Esto es, que el Gobierno central también sea racional y austero en sus gastos… Sin embargo, siguen los anuncios de obras faraónicas -como las represas de El Bala y Chepete, por ejemplo-, sin fundamentos económicos ni técnicos, destinadas a ser, mañana, elefantes blancos. 

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