El proceso moralizador que emana de Brasil es un ejemplo para la región

Empresarios, políticos y funcionarios públicos deben entender que la corrupción nos hace daño.
domingo, 1 de enero de 2017 · 00:00
Álvaro Ríos * 

La corrupción es una de las más execrables lacras que azota a la humanidad. Hace que la riqueza se concentre en pocos y la pobreza en muchos. Genera susceptibilidad, malestar y desvirtúa valores fundamentales como el esfuerzo, el estudio, la innovación y el trabajo arduo y honesto. Fomenta descrédito para la inversión honesta a largo plazo y promueve inversión especulativa, nada virtuosa y de corto plazo.

La profunda investigación de la justicia brasileña en el grotesco escándalo de corrupción del denominado Lava Jato tiene investigados y detrás las rejas a intocables empresarios que no creen en la ética empresarial y en una sana competencia; a poderosos políticos (de izquierda y derecha) que habían orquestado una mafiosa red de corrupción para financiar sus campañas y enriquecerse fácilmente; y a directivos y ejecutivos de Petrobras y otras empresas estatales.

En primer lugar, debemos destacar  que para que esto pueda acontecer, se necesita de una justicia independiente, sobre todo del poder político, y también que sea incorruptible. Nos imaginamos las presiones y los sobornos que se han intentado para detener el proceso. Les transmitimos ímpetu para que sigan con una investigación imparcial, liberen y reivindiquen a inocentes y pongan donde deben estar a todos los que se apropian de los recursos de los ciudadanos. 

Esta investigación profesa daños  muy profundos para Petrobras, para las varias empresas involucradas y por supuesto para toda la economía brasileña. Aun así, creemos que esta indagación debe continuar. Brasil, estamos seguros, saldrá muy vigorizado de este proceso moralizador.

Recientemente la investigación ha tomado un nuevo rumbo y se encamina a buscar los tentáculos en otros actos de corrupción acontecidos en distintos países de América Latina, principalmente a partir de obras de infraestructura realizadas por varias constructoras brasileñas. 

Los nexos que salgan a partir de estas investigaciones deben seguir con la misma contundencia, para así sentar ejemplo de que no es posible despojar de sus recursos escasos a países empobrecidos.

Nos avergüenza la corrupción que ha corrido y corre por las venas de América Latina, pero por otro lado nos en orgullece lo que acontece en Brasil. Es sin duda un ejemplo de lo que debe ocurrir en los sistemas judiciales de otros países en nuestra región. Este proceso moralizador también se ha expresado recientemente en Guatemala, donde instituciones creadas para este efecto han investigado y puesto a su expresidente, a su exvicepresidente y otros actores públicos y privados allá donde merecen estar. Otro ejemplo que debe animarnos.

En segundo lugar, si los latinoamericanos queremos empresas de energía estatales estratégicas, robustas y pilares de nuestras economías en el largo plazo, debemos sacarlas del circuito vicioso de la corrupción. Esto se puede lograr blindándolas del poder político de turno mediante directorios y presidentes independientes que no respondan a los designios de mandamases de turno y así gestar empresas eficientes.

Al mayúsculo escándalo de corrupción en Petrobras, se ha sumado recientemente otro en Petroecuador, donde el otrora presidente de la empresa está prófugo y su gerente general fue descubierto con varios fajos de dinero ocultos hasta en el entretecho de su domicilio. 

PDVSA en Venezuela es un mar de corrupción donde nada ya asombra y en la estatal PEMEX también es muy común esta práctica. Hay también serios indicios de corrupción en ANCAP e YPFB. Muy poco se escucha o se sabe de actos o escándalos de corrupción masiva en ENAP, Ecopetrol y Petroperú.

Corrupción sumada a gestiones empresariales politizadas conducen a que estas empresas se tengan que luego privatizar total o parcialmente, tal cual viene ocurriendo con Petrobras, por ejemplo. Venezuela para salir de la profunda crisis económica tendrá que privatizar muchos activos de su endeudada empresa PDVSA.

Es tiempo de reflexionar sobre lo que acontece en Brasil. Empresarios, políticos y funcionarios públicos deben entender que la corrupción nos hace daño y que las consecuencias pueden ser muy adversas para todos más adelante. Una vez más debemos agradecer por la señal moralizadora que nos lanza la justicia desde Brasil.

* Actual socio director de Gas Energy Latín América

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