Análisis

Crecimiento liderado por Manufacturas

domingo, 22 de octubre de 2017 · 00:00
Mirada global / Gabriel Loza Tellería *
 
En los años ochenta, con la crisis del modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones, los organismos internacionales propugnaron la apertura comercial y el modelo liderado por las exportaciones de manufacturas.
 
En los años noventa, el Banco Mundial propagó el nuevo modelo a base del éxito de los países del sudeste asiático, denominados NICs (Newly Industrialized Countries).
 
Me acuerdo de Vittorio Corbo, consultor del Banco Mundial, que vino al país a hablarnos de las bondades del modelo y lo que más me impactó de su conferencia fue que había un país en peores condiciones que Bolivia en los años 50, pero gracias al nuevo modelo se encontraba entre los seis principales exportadores mundiales de manufacturas: Corea del Sur.
 
En esa época era un fanático de las exportaciones de manufacturas, puesto que había sido gerente de una empresa exportadora de manufacturas de cuero a Europa, y después gerente de Bolivian Trading, con exportaciones de 10 productos a más de cinco mercados. Predicaba un tipo de cambio que favoreciera las exportaciones más un reintegro tributario para poder cubrir parte de los costos de logística, que ahora se denomina conectividad.
 
Sin embargo, Bolivia no era Corea por su ubicación geoestratégica. No teníamos mar ni estábamos insertos en el tráfico comercial mundial, no estábamos peleados con Corea del Norte y tampoco éramos el lugar preferido de la inversión extranjera norteamericana. El Estado promotor si podíamos copiarlo, pero no teníamos los consorcios empresariales industriales y financieros ni el soporte tecnológico. No cumplíamos  muchas especificidades de los NICs. 
 
En   2000 Bolivia exportaba, según la Clasificación Uniforme del Comercio Industrial,  un 14,4% de manufacturas, superior a las exportaciones de hidrocarburos, pero de un total de 1.246 millones de dólares. En   2016, las exportaciones de manufacturas están en 440 millones de dólares, que representan sólo un 6%, de un monto de más de 7.000 millones de dólares, mientras que las exportaciones de gas natural están en los 3.000 millones de dólares, con más del 40% del total.
 
El grado de industrialización o participación en el PIB bajó de 13% en 2000 a 11% en 2016, y la proporción del empleo en el sector industrial se ha mantenido desde principios de siglo en un 10% del empleo total, como se observa en el cuadro.
 
Surge el interrogante: ¿qué hubiera pasado con el país si hubiera escogido un modelo de desarrollo liderado por las exportaciones de manufacturas?
 
En 2015, el 55% de las manufacturas mundiales era de países avanzados, y un 25% de China. El resto de países, entre ellos Bolivia, tiene que disputar el repechaje equivalente al  20% del total, con Singapur, Corea y Taiwán.
 
Según la OMC (2017), si nos hubiéramos especializado en textiles, tendríamos que haber competido no sólo con China, que controla el 37%, sino con  Vietnam, que está entre los 10 principales exportadores. En confecciones, la pelea no hubiera sido con China (36,4% de las exportaciones mundiales), sino con Bangladesh, Vietnam y Camboya.
 
Lo que dice el reciente estudio del Banco Mundial ¿Dificultades en ciernes? El futuro del desarrollo impulsado por el sector manufacturero  es que los cambios tecnológicos y de los patrones de globalización darán lugar a una reformulación de las estrategias de desarrollo impulsado por el sector manufacturero para los países de bajos y medianos ingresos. Enfatiza que las nuevas tecnologías, que incluyen la robótica avanzada, la automatización industrial y la impresión 3D, están cambiando el panorama del sector manufacturero en el mundo.
 
Lo más grave es que están en duda los beneficios de la industrialización, tanto como generadora de empleo no calificado, como de ganancias en la productividad. Sus ventajas eran de producir bienes transables que enfrentaban una demanda ingreso elástica, a diferencia de los commodities, el aprender haciendo, el aprovechamiento de economías de escala, la difusión de tecnología y otros efectos de arrastre en el caso de los servicios comerciales asociados a la exportación.
 
Para terminar, como consuelo, el informe dice que existen oportunidades en el futuro para los países en desarrollo en áreas donde no entró todavía la automatización. ¿Estaremos a tiempo? 

*El autor es economista y expresidente del Banco Central de Bolivia.
 

 

 

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