Nuevo orden mundial de la energía

La comunidad internacional cierra filas en la defensa de los objetivos propuestos en el Acuerdo de París y que buscan reducir los efectos globales causados la mayor temperatura en el planeta.
domingo, 26 de noviembre de 2017 · 00:00

Barroso Mendizábal / La Paz

 El Acuerdo de París ha supuesto un punto de inflexión en la respuesta internacional al cambio climático y, además, ha mostrado una gran resiliencia ante los recientes embates que le han llegado desde la Casa Blanca, ya que la gran mayoría de la comunidad internacional ha cerrado filas en defensa del mismo. 

Los objetivos climáticos del Acuerdo suponen un game changer para el sector de la energía. El contexto estratégico en el que gobiernos, inversores y accionistas con intereses en los sectores del carbón y el petróleo-gas han de realizar sus inversiones en los próximos años se ha modificado. Incluso una corporación como Exxon Mobil que personifica, como pocas, las resistencias hacia la realidad del cambio climático (Supran y Oreskes, 2017), se encontró en su última junta de accionistas, celebrada en mayo de 2017, con una solicitud firmada por el 62% de los accionistas, que demandaba a la dirección ejecutiva la presentación de informes sistemáticos acerca de los riesgos para la compañía de un escenario 1,5º a 2º Celsius, más elevada que la actual. Asimismo, el que un país de referencia en temas de petróleo como Arabia Saudí haya decidido crear el mayor fondo de inversión mundial con el que financiar la diversificación de su economía en los próximos años/décadas es otra decisión que apunta en la misma dirección. 

Fondos de pensiones, bancos de inversión, compañías de seguros y reguladores van tomando consciencia de que una respuesta al cambio climático, como la formulada en el Acuerdo de París, ha puesto en marcha una serie de cambios tectónicos para el sector de la energía. 

La transición energética que precisa la alteración del clima supone un reto formidable ya que requiere una descarbonización de la economía mucho más acelerada que la prevista en los actuales planes nacionales. Desde la perspectiva del cambio climático, la más importante en el horizonte 2030 es la retirada del carbón. Según el escenario, 66% 2º Celsius de la Agencia Internacional de la Energía, las emisiones procedentes de la generación eléctrica basada en la combustión de carbón han de reducirse en el año 2025 a la mitad respecto a las existentes en el año 2015. 

En 2050 habrían de disminuir en un 95% respecto a 2015. En esa dirección, y en consonancia con los escenarios de transición energética presentados por la Agencia Internacional de la Energía y por la Agencia Internacional de la Energía Renovable, las siguientes medidas habrían de considerarse prioritarias: Medida 1: finalización generalizada e inmediata de las ayudas y subvenciones públicas al carbón por parte de todos los gobiernos nacionales y regionales;  Medida 2: paralización de los proyectos de centrales de carbón en fase de planificación. Ninguna nueva central de carbón habría de entrar en funcionamiento a partir de 2020; Medida 3: la UE y los países de la OCDE habrían de promover un cierre (phase out) del carbón entre 2020 y 2030, comenzando por las centrales más antiguas y contaminantes.

Según datos recientes aportados por Bloomberg New Energy Finance y otros centros de análisis, el Reino Unido ya ha aprobado la retirada del carbón para el año 2025 y en esa dirección se han aprobado políticas semejantes en Francia, los Países Bajos, Portugal, Austria y Finlandia, si bien Polonia se resiste a esa dinámica, dado que su sistema eléctrico depende en un 80% del consumo de carbón.

Alemania ha aprobado la retirada de la mitad de su parque de generación eléctrica de carbón para el año 2030 y la otra mitad para 2050. 

Fuera de la UE, Canadá ha anunciado asimismo la retirada del carbón de su mix eléctrico para 2030. En China, la retirada del carbón se habría de llevar a cabo entre 2020 y 2035 y en los países en desarrollo entre 2020 y 2040. 

Asimismo, entre 2020 y 2040 se habría de proceder a la sustitución del carbón como generador de energía en el sector industrial, excepto en aquellas instalaciones que se hayan dotado de tecnologías de captura y almacenamiento de carbono. Las perspectivas de la industria del petróleo son menos negativas que las del carbón. 

Demanda excesiva

No obstante, en la medida en que la comunidad internacional persiga con claridad y firmeza los objetivos del Acuerdo de París, es probable que el pico de la demanda de petróleo se alcance muy pronto.

Tal y como ya se ha mencionado, según el Escenario 66% 2ºC de la Agencia Internacional de la Energía, el cenit se habría de situar a más tardar en 2020, disminuyendo de forma progresiva su consumo, desde los 96 millones de barriles diarios (datos de 2016) hasta los 73 millones en 2040 y los 40 millones en 2050. 

Ese escenario implica intensificar las medidas dirigidas a racionalizar la movilidad y el transporte por carretera mediante vehículos convencionales, así como promocionar los vehículos eléctricos e híbridos y desplegar las infraestructuras necesarias correspondientes. 

En el nuevo contexto estratégico abierto por el Acuerdo del Clima de París, lo más importante es que las señales de gobiernos e instituciones internacionales sean claras y firmes. 

La Unión Europea, China, India, Japón, Brasil, Canadá, México, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los grandes bancos de inversiones han de mantener e impulsar una orientación clara hacia la descarbonización de la economía en línea de los objetivos asumidos en la mencionada Cumbre del Clima. 

Los escenarios presentados por la Agencia Internacional de la Energía y por la Agencia Internacional de las Energías Renovables a la última reunión del G-20 en Alemania constituyen, en ese sentido, una hoja de ruta precisa, tecnológica y económicamente factible, capaz de orientar esa transición. 

De esta manera, 250  años después de la revolución industrial, el cambio climático, uno de los más graves y complejos problemas que enfrenta la humanidad, es un game changer que apunta de forma irreversible hacia un nuevo orden mundial de la energía.

El autor es abogado, diplomático y catedrático.
 

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