Análisis

Regímenes cambiarios y ajuste externo

domingo, 7 de mayo de 2017 · 00:00
 Mirada Global / Gabriel Loza Tellería *

Una pregunta pertinente se refiere a si es importante escoger un régimen cambiario, puesto que desde la crisis del Acuerdo de Bretton Wood (1944-1972) son  45 años del debate, denominado de la bipolaridad entre el régimen cambiario ultra fijo versus el tipo de cambio flotante. La clasificación de regímenes cambiarios es compleja y se les puede catalogar  desde un régimen de tipo de cambio súper fijo, una serie de regímenes intermedios hasta la libre flotación del tipo cambio, como se observa en el gráfico para el caso de 53 economías emergentes (EM). 

Se muestra en el gráfico que los países emergentes que aplican la flotación libre representan un 25%, empero de facto sólo el 2%, mientras los que aplican el súper fijo son un 18%  y el tipo de cambio fijo convencional un 12%. Resultan llamativos los regímenes intermedios en el que se encuentra el régimen del crawling pego, también llamado deslizante, basado en mini devaluaciones o revaluaciones, con o sin bandas, con o sin límites de variación, los cuales de jure los países representaban el 7% mientras que en la práctica comprenden el 50% de los  emergentes. 

Generalmente se acepta, bajo el enfoque de la bipolaridad cambiaria, que el ajuste externo frente a desequilibrios de balanza de pagos es más difícil con tipo de cambio fijo, puesto que la fluctuación del tipo de cambio corrige mejor los déficits externos. 

Por definición, si se deja libre el precio de un bien, por ejemplo la papa, no tiene por qué haber excedentes ni faltantes, puesto que el precio de equilibrio iguala la cantidad ofrecida y demandada. Pero la divisa no es lo mismo que la papa; el tipo de cambio es un precio clave de la economía por sus efectos no sólo en el balance externo, sino en el balance del sistema financiero y las empresas y, a nivel macro, por sus efectos en los precios y el nivel del producto y, en el caso boliviano, por su impacto en la bolivianización. Además, juega un rol muy importante el nivel de reservas internacionales para estabilizar el mercado cambiario interviniendo, como lo hacen los bancos centrales, en la mayoría de los países emergentes.

Desde mediados del siglo XX hasta 1985, Bolivia había adoptado predominantemente el tipo de cambio fijo convencional hasta que en 1985, como producto de la hiperinflación, adoptó un régimen de tipo de cambio flexible, inicialmente determinado por el mecanismo del Bolsín, que era de subasta de divisas, para posteriormente aplicar de hecho un régimen de tipo de cambio deslizante incompleto, sin una trayectoria predeterminada, y en función de determinadas variables. Este régimen funcionó relativamente bien por 20 años hasta 2005, y recuerdo cuando el FMI proponía cambiar de régimen que la respuesta era: si está funcionando bien, para qué cambiar pues. 

 A partir de 2006, con el nuevo Gobierno, el tipo de cambio nominal se mantuvo flexible pero hacia abajo, mediante pequeñas revaluaciones de la moneda hasta que, como producto de la crisis de 2008, el tipo de cambio permaneció estable desde noviembre de 2008 hasta noviembre de 2010. Posteriormente, se revaluó hasta noviembre de 2011, y a partir de esa fecha, de facto, el tipo de cambio se mantuvo fijo hasta el presente.

Un aspecto meritorio del régimen actual es que ha permitido al tipo de cambio cumplir a cabalidad con su papel de ancla nominal, posibilitando que la política monetaria alcance su objetivo de inflación baja y estable, favorecer la bolivianización y contribuir a la estabilidad del sistema financiero.

Sin embargo, Bolivia hasta el 2014 registró superávit en la balanza de pagos en cuenta corriente, revirtiéndose en 2015 y en 2016 a un déficit  en torno al 5,6% del PIB, cuando una señal de peligro está en  cuando supera el 5% del PIB. Es probable que en los próximos años persista dicho desequilibrio externo que está recayendo su financiamiento, en gran parte, con la pérdida de reservas internacionales. La pregunta lógica es hasta cuándo durarán las reservas con este rol de absorber el shock de balanza de pagos y si es posible o no contar con la Política Cambiaria para que contribuya a amortiguar y acotar los déficits.

En mi libro Bolivia. Crisis Externa y Política Cambiaria, editado por Plural, respondo que hay  opciones de política cambiaria para que el costo del ajuste no recaiga sólo en las reservas internacionales. 

* El autor es economista y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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