Sólo en crisis

¿Goldman Sachs o Goldman “Sucks”?

domingo, 11 de junio de 2017 · 00:00

María José Rodríguez *

Andrés Oppenheimer, en su columna del Nuevo Herald, califica de "metida de pata” la compra por  parte  del banco de inversión Goldman Sachs de bonos soberanos de Venezuela con un descuento muy interesante. La oposición venezolana aduce que éste movimiento financiero es como entregar un balón de oxígeno a un gobierno moribundo y dictatorial. El banco no responde a la polémica ética y aduce procesos limpios y claramente técnicos en la compra. Además, advierte no haber comprado los bonos directamente a la administración de Caracas, sino a otros inversionistas en el mercado secundario y, para mayor aclaración, no los tiene en su poder, sino en el de terceros, sus clientes. 
 
De manera que Goldman Sachs, sin tocar siquiera los bonos, haciendo una compra a terceros para otros terceros, se lleva la paliza de la opinión pública en todo el continente. Y es que no es tan fácil discernir lo bueno y malo de lo técnicamente correcto y legal. 
 
Efectivamente, el banco de inversiones no incumplió ningún aspecto legal ni técnico. Vio una gran oportunidad en unos bonos que podría comprarlos con más de un 70% de rebaja y lo hizo. Con lo cual, además –dice el banco– demuestra fe en la recuperación de Venezuela. 
 
Y sí, esa podría ser una lectura, pero es, justamente,  la que no se dio. Manifestantes frente a la sede del banco en Nueva York llegaron, hace una semana, armados de carteles en los cuales el nombre de la institución fue cambiado radicalmente  de "Goldman Sachs” a "Goldman Sucks” (apesta, en inglés). La transacción, para ellos, había sido un acto de total afrenta a la lucha del  pueblo venezolano,  así como una estacada a los caídos en las protestas. 
 
Según el periódico el Nuevo Herald, la congresista cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen en el Capitolio fue aún más fuerte que el editorialista Oppenheimer. Lanzó un durísimo  discurso contra el banco de inversión por inyectar dinero a un gobierno que oprime a su pueblo. 
 
El nombre de la institución viene haciendo titulares negativos desde hace dos semanas atrás. Seguramente no existe materia técnica para impugnar esa inversión en específico,  pero el peso moral hará que siga siendo criticada. 
 
También en el Nuevo Herald,  la firma ha reconocido que "la situación es compleja y cambiante y que Venezuela está en crisis. Pero como otros en este sector, creemos que la situación en ese país tiene que mejorar con el tiempo”. 
 
Sin embargo, esas declaraciones no responden a la acusación de estar alargando la vida y las posibilidades de responder a las protestas del gobierno de Maduro. Y, por ende, permitir que la población protestante siga teniendo respuesta con los instrumentos del Estado. O, a decir de Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, "reforzar la brutal represión desencadenada contra cientos de miles de venezolanos que protestan pacíficamente por el cambio político”.
 
Goldman Sachs hizo una transacción, conveniente en lo financiero, pero pasó por alto su lado soft   (suave). En lo tangible y técnico, es decir, lo hard (duro), el banco de inversiones ha actuado bien, pero al olvidar el contexto en el cual se da esa operación, de altísima sensibilidad humana, ha actuado moralmente "mal”.
 
 El banco, entrenado en detectar el riesgo a kilómetros de distancia, olvidó preguntarse ¿cómo sería leída esta acción en lo simbólico y lo político o en aquello que Bauman llamaría el mundo de lo "líquido”? Una compañía entrenada en detectar el riesgo  a kilómetros pasó por alto un tema de altísima sensibilidad humana. Permitió que su comportamiento le delatara como una empresa que pretende, en lo subterráneo,  apoyar a la represión de miles de personas. 
 
Ligó , en suma, su imagen a la de un dictador y asumió, en lo simbólico, parte de la responsabilidad por la violencia mantenida contra los disidentes del gobierno de Maduro. 
 
Por supuesto, esa imagen golpeará su reputación aunque, no necesariamente de forma inmediata, se verá un correlato en sus resultados económicos. 
 
Habrá que seguir el tema y hacer recuento de daños en un par de años, cuando este golpe simbólico pase factura.
 
*Es especialista en comunicación corporativa y crisis.

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