Trump y el retorno del casino financiero global

domingo, 18 de junio de 2017 · 00:00
Hace aproximadamente 90 años, el llamado jueves negro del  24 de octubre de 1929, se produjo el desplome de la bolsa de Wall Street. Cerca de 13 millones de títulos no encontraron compradores y ocasionaron la ruina de miles de inversores y de 600 bancos americanos. El problema trascendió a la economía mundial provocando la Gran Depresión en los años treinta.
 
En 1933, el Congreso de EEUU tomó una de las medidas trascendentales (Ley Glass-Stagall) en el campo financiero al separar los negocios y balances de la banca comercial, centrada en depósitos y préstamos, de los negocios de la banca de inversión. Empero, en 1999 durante el Gobierno de Clinton, la Ley Gramm-Leach-Bliley anuló esas provisiones y el resultado fue la creación de ‘supermercados financieros’, que realizaban banca comercial minorista, de inversión y seguros. 
 
Más de ocho años después, legisladores y economistas culparon a la derogación de esta ley, por haber  contribuido  a la crisis financiera de 2008, y una nueva ley de reforma financiera vino  en 2010, cuando Obama emitió la Dodd-Frank Act, con un preámbulo en que define el objeto de la ley: 
 
"Promover la estabilidad financiera en Estados Unidos a través de la mejora de los procedimientos de rendición de cuentas y de la transparencia en el sistema financiero, poner fin al ‘too big to fail’, proteger a los contribuyentes norteamericanos -acabando con los rescates, proteger a los consumidores frente a las prácticas abusivas en los servicios financieros, entre otros propósitos”.
 
Si bien es una reforma integral,  lo que más ha trascendido es la creación de la Agencia de Protección del Consumidor (CFPB, por sus siglas en inglés), la creación del Consejo de Supervisión de la Estabilidad Financiera (FEB), la Oficina Nacional del Seguro y la regulación mucho más minuciosa de los préstamos hipotecarios y derivados financieros. Sin embargo, el núcleo central de la ley es la creación de un procedimiento de liquidación ordenada para las grandes entidades financieras, intentando poner fin al famoso aforismo too big to fail, demasiado grande para caer, por el tema del riesgo moral por el cual las instituciones privadas se sienten alentadas a prestar e invertir despreocupadamente porque confían que los gobiernos las rescatarán con el dinero de los contribuyentes, como sucedió en la Gran Crisis Financiera de 2008.
 
Con la ley, si una institución financiera de gran tamaño incumple sus obligaciones, los reguladores ordenarán su cierre y liquidación en forma segura y ordenada, sin que se produzcan rescates a costa de los impuestos y sin llevar riesgo al resto del sistema financiero, para lo cual se establecieron requisitos más exigentes sobre el capital y el nivel de endeudamiento. Las grandes firmas deben someter un "plan de su funeral” o "testamento”, que permita su ordenado desmantelamiento si quiebran. Dentro de la ley está la llamada regla Volcker, que consiste en limitar el tamaño de los bancos y restringir sus actividades de riesgo.
 
¿Y se imaginan qué se le ha ocurrido ahora a Trump?
 
En febrero emitió una orden ejecutiva para iniciar el proceso de revocación de parte de la ley Dodd-Frank, teniendo en la mira especialmente la regla Volcker. Textualmente dijo Trump "hay mucha gente, amigos míos, que tienen buenos negocios y no pueden pedir dinero prestado debido a las normas y regulaciones de Dodd-Frank”.
 
¿Quiénes son los amigos de Trump?
 
El Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y el director del Consejo Económico Nacional, Gary Cohn,  exbanqueros que trabajaron para Goldman Sachs en el pasado, la banca global de inversiones y valores más grande del mundo, la cual en abril de 2016 aceptó pagar a las autoridades estadounidenses 5.060 millones de dólares en un acuerdo civil por el papel que jugó en la crisis financiera global desatada en 2008. 
 
El vicefiscal general de Estados Unidos en funciones, Stuart Delery, señaló en esa oportunidad: "Esta resolución encuentra que Goldman Sachs debe rendir cuentas por falsamente asegurar a los inversionistas que los títulos que vendía estaban respaldados por hipotecas sólidas, cuando sabía que estaban llenos de hipotecas con probabilidades de fallar”. 
 
Recientemente, los republicanos presentaron un proyecto de ley de "elección” financiera (Financial CHOICE Act), como alternativa a la ley Dodd-Frank, para que Goldman Sachs y los amigos de Trump sigan jugando en el gran casino financiero global, ahora con el dinero de los contribuyentes que votaron y no votaron por Trump.
 
*El autor es economista y expresidente del Banco Central de Bolivia.

 

 


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