Análisis

Remesas y bancarización

domingo, 25 de junio de 2017 · 00:00
El pasado 16 de junio se conmemoró el día internacional de las remesas familiares, recordando así la significativa contribución financiera de los trabajadores migrantes al bienestar de sus familias en sus lugares de origen y, por ende, al desarrollo sostenible de sus países. Según el Banco Mundial, el flujo de remesas hacia los países en desarrollo oficialmente registrados representaron 436 mil millones de dólares en 2014, y se proyecta llegar a 479 mil millones de dólares para este 2017.  En 2016, el flujo de remesas a Latinoamérica fue de 66.000 millones de dólares, donde los principales países y regiones  fueron: México, con 25.000 millones, el  Caribe, con 9.500 millones,  Centroamérica, con 16.700 millones y Sudamérica, con 14.800 millones.
 
Bolivia recibió el  año pasado 1.203 millones de dólares,  que provinieron principalmente de España (40,5%), Estados Unidos (16,3%), Argentina (11,6%), Chile (8,3%) y Brasil (7,2%). Las principales plazas beneficiadas con estas remesas fueron: el departamento de Santa Cruz (39%), Cochabamba (33%) y La Paz (15%). 
 
La proyección para este 2017 podría ser mayor, ya que a fines de febrero las remesas se incrementaron en 3,1%. Se estima que hay  2,5 millones de bolivianos inmigrantes alrededor del mundo (en 44 países), entre legales e ilegales (500 mil). 
 
El enorme volumen de recursos que llega a través de remesas representa, aproximadamente, el 4% del PIB boliviano y el 6% de los depósitos del Sistema Financiero Nacional. Sin embargo, el 95% de estas remesas se utilizan para el gasto corriente de las familias y personas receptoras (alimentos, educación, salud y otros),  y solo el 5% se canaliza al ahorro y a la  inversión.  Este bajo porcentaje representa una enorme oportunidad para que el gobierno y los actores del sistema financiero canalicen este flujo para inversiones y emprendimientos productivos. Este flujo de remesas permite desarrollar nuevos modelos de remesas y bancarización que  faciliten el acceso al sistema financiero formal  de  los emisores y receptores, y así  percibir menores costos de transferencia, mayor seguridad y crear activos de ahorro e inversiones. De esta manera los bancos gozarían de mayor liquidez ahora que las captaciones del público se han estancado. Estos flujos de los migrantes bolivianos también se pueden canalizar para la compra de una vivienda social, ahora que los bancos  están promoviendo este crédito con tasas muy convenientes. Otra posibilidad que se tiene es  desarrollar programas de  educación financiera para mejorar el conocimiento y dotar de información a los receptores y los migrantes que envían las remesas. 
 
Algunas entidades financieras bolivianas (bancos e IFDs) han  desarrollado programas al respecto, creando redes de pago de remesas, ofertando créditos de vivienda para migrantes en España y Estados Unidos, haciendo educación financiera y canalizando las remesas hacia inversiones productivas. Sin embargo, han sido iniciativas demasiado aisladas como  para que este flujo de remesas tenga un mayor impacto en la economía del país. Algunas veces, por falta de visión o porque la regulación no les ha acompañado. 
 
Para desarrollar un modelo que permita canalizar remesas a emprendimientos productivos es necesario identificar aquellas poblaciones de migrantes y receptores con mayores posibilidades de invertir, desarrollar un programa de educación financiera y capacitación empresarial para el migrante y el familiar que tendría que manejar esta unidad productiva, crear la normativa que permita a los bancos apalancar este tipo de emprendimientos, crear fondos de capital semilla y asistencia técnica, crear productos y  tecnología bancaria que fomente este tipo de crédito,  establecer redes para que las remesas lleguen con menor costo, etc. 
 
En síntesis, podemos construir un modelo que permita al inmigrante invertir su esfuerzo de hoy, aprovechando las oportunidades que le brinda Bolivia  para un mejor futuro y que no regrese con las "manos vacías”.
 

Jorge Velasco, especialista en cultura emprendedora.

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