El malgasto y el hambre en Bolivia

domingo, 7 de octubre de 2018 · 00:04

JavierAliaga

El malgasto del dinero del Estado evita la reducción de la pobreza y la eliminación del hambre. Se trata de una relación evidente al conocerse estos días dos informes sobre Latinoamérica: en uno Bolivia figura como uno de los países líderes en derroche e ineficiencia en la gestión de sus recursos económicos y en otro como la primera con población subalimentada.

Uno de los estudios titula Mejor gasto para mejores vidas: Cómo pueden América Latina y el Caribe hacer más con menos, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y el otro La seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Cuando se invierte o gasta dinero del Estado pensando en que una obra ayudará a transformar para bien la vida de la población, pero hay derroche, ineficiencia y se presentan actos de corrupción, es como si no se hubiera hecho nada para aportar a la igualdad, la equidad y el desarrollo de la gente del país con mayores necesidades. El informe del BID contiene datos y gráficos para ver la magnitud del problema causado por el malgasto y la falta de eficiencia, y ayuda a visualizar cuánto del dinero pudo haber tenido un mejor destino en la lucha contra la pobreza.

En Latinoamérica, la cifra es de 220 mil millones de dólares al año, igual al 4,4% del PIB de la región. Cómo no escandalizarse con ese dato global que es igual a seis veces el PIB de Bolivia (37.000 millones de dólares), más que el PIB peruano (190 mil millones de dólares) y casi igual al de Chile (250 mil millones de dólares).

Para el caso concreto de Bolivia, las pérdidas estimadas por tal ineficiencia equivaldrían a un 6,3 % de su PIB, algo así como 2.200 millones de dólares anuales. Se trata de una cifra muy alta para un país tan pequeño como el nuestro, en el que cada dólar cuenta para las urgentes tareas de combatir la pobreza y todavía más, el hambre.

En el cuadro de Estimaciones de la ineficiencia técnica: transferencias focalizadas, compras públicas y remuneración a empleados del estudio del BID, ese porcentaje sitúa a Bolivia detrás de Argentina (7,2%) y El Salvador (6,5%), entre las naciones peor ubicadas. En el otro extremo están Chile (1,8%) y Perú (2,5%), con el mejor desempeño.

Que cada año alrededor de 2.200 millones de dólares se pierdan es injustificable, peor si es por no saber manejar el dinero o elegir mal los proyectos o por la corrupción que se ensaña con las compras del Estado, por los costes salariales desproporcionados, si hablamos del doble aguinaldo, o por los subsidios mal aplicados.

Esto es algo de lo que todos debemos estar informados para hacer conciencia de la gravedad del despilfarro de dinero público cuando el país lidera en Latinoamérica la lista de población con mayor subalimentación, a pesar del avance realizado estos años para reducir este mal. Según un reciente estudio de la FAO, un 19,8% de la población de Bolivia todavía sufre hambre, por delante de Nicaragua (16,2%) y Guatemala (15,8 %) y en las tres naciones la población más afectada sigue siendo como siempre la del campo y por tanto, indígena.

Lo curioso es que en la clasificación ni siquiera el porcentaje asignado a Venezuela (11,7 %), que está en crisis, es tan grave como el de Bolivia, aunque nuestro país, vale ratificarlo, haya hecho más que cualquier otro para reducir el hambre y la desnutrición. No obstante, muchas cosas se siguen haciendo mal en el país para tener tal manejo de recursos y casi dos millones de personas todavía subalimentadas.

Felizmente, el periodismo pone cada vez más en primera plana las denuncias del derroche que merece ser radiografiado, como el nuevo edificio del Parlamento de Unasur, el puente “danzante” de Cochabamba o el caso de las mochilas del mismo municipio, lo que muestra que esto tiene que ver con una práctica que no distingue colores o niveles.

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