Menos del 30% de la población trabajadora tiene seguro social

Una entidad de la Universidad Católica y la Fundación Jubileo estudiaron el comportamiento boliviano en áreas como el empleo, salud o educación.
domingo, 13 de mayo de 2018 · 01:10

Inversión  /  La Paz

Hasta 2017, menos del 30% de la población trabajadora del país se encontraba cubierta por la seguridad social, tanto de corto como de largo plazo, de acuerdo con un estudio el Observatorio de la Deuda Social en Bolivia (ODSB).

La cobertura de seguro de salud, continúa el estudio, en la población empleada de 14 a 60 años, muestra que entre 2002 y 2017 esta relación se incrementó de 14% a 26,9%. Durante estos 15 años una mayor cantidad de personas con empleo cuenta con la protección de un seguro de salud. Pero llama la atención que desde 2013, cuando el porcentaje llegó a 30%, se experimentó un estancamiento del avance, incluso una leve reducción de 2016 (27,5%) a 2017 (26,9%).

Autoridades  de la UCB, Fundación Jubileo y ODSB.
UCB

 Si se hace una desagregación por sexo, según el ODSB, cerca del 30% de las mujeres empleadas tenían seguro de salud y los hombres, 24,70%. En cuanto a la tenencia de un seguro de salud, el grupo de personas comprendidas entre los asalariados tienen más asegurados (45%), seguidos por independientes (15%) y sin remuneración (13%).

 Este último dato, según dicho informe, contrasta con la conformación de la oferta laboral en la actualidad; el 59,5% figura como como independiente o trabajador sin remuneración, estos grupos tienen mayores dificultades para acceder a un seguro de salud.

Menor afiliación a AFP

La situación laboral en cuanto a la seguridad de largo plazo (afiliación a los fondos de pensiones) muestra menor avance en comparación con la afiliación a un seguro de salud. Según cálculos del ODSB,  en 2002, cerca del 17% de la población ocupada, entre 14 a 60 años, realizaba aportes para su jubilación, este porcentaje subió hasta 19,5% en 2017. Este incremento paulatino muestra que  un poco más dos de cada 10 trabajadores está afiliado a las AFP.

En una clasificación por sexo, en 2017 alrededor del 20% de las mujeres trabajadoras estaba afiliada a la AFP, este dato se entiende porque un alto porcentaje de mujeres trabaja en la informalidad; en los hombres el dato sube tres puntos: 23%.

En ese periodo, el 42,7% de los asalariados contaba con aportes para su jubilación, mientras que únicamente el 4,1% de los independientes cumplía este requisito y menos del 1% de los trabajadores sin remuneración hacía aportes. Las desigualdades del tipo de inserción laboral están más marcadas en el caso de la protección de largo plazo.  

Trabajan más horas

Hasta 2017, el 16,7% de los trabajadores bolivianos de entre 14 y 60 años estaban subempleados. El subempleo es uno de los indicadores que señala la calidad del empleo, sea por la subutilización de la fuerza laboral o por una sobrecarga a esta. El ODSB explica que esta situación está compuesta por el subempleo visible, que es la porción de trabajadores que trabajan menos de 40 horas a la semana y el subempleo invisible, que corresponde a la proporción de trabajadores que trabajan más de 40 horas a la semana sin llegar a recibir una compensación al menos  del salario mínimo vigente.

Desde 2002, tanto el subempleo visible como el invisible bajaron de una manera casi continua hasta 2011. Es decir, el aumento del trabajo estaba relacionado con un aumento correspondiente de los ingresos. A partir de 2012 la tasa de subempleo invisible aumentó mientras que la tasa de subempleo visible disminuyó. Esto significa que a pesar de mantenerse alta la carga laboral para los trabajadores bolivianos, existen dificultades para que sus ingresos sigan la evolución del salario mínimo. En consecuencia, el 2017 la tasa de subempleo invisible llega a sus valores más altos, incluso si es comparada con los valores de 2002.

Observatorio de la Deuda Social en Bolivia

La anterior semana, la Universidad Católica Boliviana San Pablo y la Fundación Jubileo presentaron los resultados de la investigación que estuvo a cargo del ODSB, entidad dependiente de estas instituciones y que con este trabajo compartió con el público algunos de sus objetivos.

El Observatorio trabaja con indicadores sociales acumulados en este siglo (2000-2017). Las temáticas que estudia son variadas, entre otras: familia, niñez y adolescencia; trabajo; educación y salud; pobreza y desigualdades. Los documentos, videos e indicadores de este primer trabajo están disponibles en las siguientes direcciones electrónicas: http://www.iisec.ucb.edu.bo/index.php/inicio-observatorio

El ODSB funciona con la premisa de que la deuda social es el compromiso no cumplido de parte de la sociedad con los ciudadanos y habitantes en su territorio.

Oficina interinstitucional

El ODSB es parte de la Red Observatorio de la Deuda Social en América Latina (RedODSAL). La red está conformada por universidades católicas de América Latina. En Bolivia, la UCB, a través del Instituto de Investigaciones Socio-económicas (IISEC-UCB) y el Instituto de Investigación en Ciencias del Comportamiento (IICC-UCB), en coordinación con la Fundación Jubileo, se proponen visibilizar el debate sobre el grado de cumplimiento de los derechos humanos. La entidad entiende como deuda social el incumplimiento al compromiso del Estado con sus ciudadanos.

“El ODSB nos permitirá visibilizar la investigación aplicada que se necesita en el país para orientar las políticas públicas y los buenos propósitos en las instancias de las tomas de decisión y en el mundo político, con información confiable y procesada de manera rigurosa, pero también con propuestas de calidad que vengan desde la academia”, explicó el rector nacional de la UCB, Marco Antonio Fernández Calderón.

El ejecutivo explicó que la “UCB tiene que ser capaz de estar en el debate de los grandes problemas, no sólo analizando de manera rigurosa, como se debe hacer en la academia, pero también proponiendo temas en el área social”, en la línea “de nuestra identidad Católica, porque no puede haber desarrollo de un país sin atender la dignidad y los derechos de las personas”.

El director de  Jubileo, Juan Carlos Núñez, manifestó que la deuda social adquiere nuevas dimensiones en un contexto actual, donde el enfoque de la multidimensionalidad de la pobreza está presente. Núñez dijo que el ODSB profundizará la investigación de temas relevantes sobre desarrollo económico con inclusión social y sostenibilidad ambiental.

“Como concepto moral”, continuó, “deuda social enfatiza la obligación colectiva con la construcción de las condiciones sociales, económicas y políticas para la vida y la convivencia humana en entornos solidarios, inclusivos, equitativos y ambientalmente sostenibles”.

El concepto de deuda social es una herramienta para evaluar el desarrollo, explicó Núñez, y  señaló que así es posible identificar los procesos sociales  y las áreas donde se deben realizar mayores esfuerzos para alcanzar un desarrollo humano y social sostenible. 

 “Estudiar y resolver las deudas sociales se convierte en una prioridad en la búsqueda de una sociedad más justa”, añadió.

Muertes de niños, un mal aún no superado

La reducción de la mortalidad neonatal es uno de los principales retos para el servicio de salud en el país.

 El riesgo de  muerte en los primeros días de vida de los niños está relacionado con las diferencias evidenciadas por la etnicidad y la región de residencia de las madres, porque reducen las opciones de acceso a los servicios de salud. 

Según estimaciones del Observatorio de la Deuda Social en Bolivia, la atención médica en el área rural fue mayoritaria en   2017; el 76,2% de los partos en estos sectores del territorio fueron atendidos en establecimientos de salud, mientras que en el área urbana la cobertura llegó a 95,7%.

El  ODSB  percibe un cambio en el perfil de la mortalidad del país. Las enfermedades no transmisibles  son las causantes del 62% de los decesos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), enfermedades como el cáncer y/o las condiciones cardiovasculares han ido en continuo aumento entre 2000 a 2015.

Las enfermedades no transmisibles están cobrando cada vez más importancia. En 2000, causaron 51% de las muertes, mientras que en 2015, subieron a  62%

Educación, aumenta la matriculación en primaria

Desde el 2002 se han experimentado fuertes incrementos en la matriculación en primaria, lo que se relaciona con mayores recursos destinados a la atención en este nivel educativo, según el Observatorio de la Deuda Social en Bolivia. 

El año 2017 hubo una matriculación neta de 92%, cinco puntos por encima de la matriculación del 2002. Sin embargo, no existe un apoyo similar en los niveles inicial y secundario, lo que se a sus vez relaciona con menores tasas de matriculación en 2017, 38% y 86% respectivamente. Asimismo se advierte aún una brecha de acceso para los estudiantes indígenas. En el periodo 2013-2017 la matriculación en secundaria de niños indígenas ascendía a 69,3% y para los no indígenas 81,94%. Una leve menor brecha se advierte en la educación inicial, 27,3% y 36,5% respectivamente.

Si bien se logró que mayor población comience la educación formal, esto no significa que todos culminen el ciclo primario. A pesar de que en general existió un incremento de la tasa de término, a 2015, quedan brechas en Bolivia que permiten llegar al 100%.

Baja la extrema pobreza y hay desigualdad 

Entre 2002 y 2017, la incidencia de la pobreza extrema se ha reducido de 42,9% a 17,13%, según los datos presentados por el Observatorio de la Deuda Social en Bolivia (ODSB). 

Las principal reducción en esta materia se observa en 2012, aunque para  2015 se alcanzó un mínimo de 16,9%. Desde entonces, los niveles se han mantenido en cifras similares, pero también está vigente el riesgo de deterioro. 

El ODSB señala que hay un cambio de tendencia en la pobreza de los hogares que tienen jefes de hogar adultos mayores. En 2007, 40,5% de esta subpoblación vivía en pobreza extrema, en comparación con el 32% del grupo de edad con mayor pobreza, con jefes de hogar de 46 a 50 años. A partir de 2008 esta diferencia desaparece, siguiendo la tendencia de las cifras nacionales.

La disminución de la pobreza entre los hogares identificados como indígenas, por la lengua materna del jefe de hogar, ha sido mayor a la reducción entre hogares no indígenas. 

Sin embargo, las disparidades entre ambos grupos, para  2017 están aún presentes, pues el 23,9% de los hogares indígenas experimentan pobreza, en comparación con el 8,9% de los hogares no indígenas.

De manera complementaria, la diferencia de ingresos en el área rural se mantiene más alta que en el área urbana a lo largo del periodo. En 2017, el 10% de la población con mayores ingresos ganaba 20 veces más que el 10% de la población con menores ingresos en el área rural. Este indicador, para el mismo año, en el área urbana muestra que los más ricos ganan en promedio  seis veces más que los más pobres.

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