Análisis

Vivienda social y divorcios

domingo, 01 de julio de 2018 · 00:00

Jorge Velasco / Innovación y Finanzas

Las metas que tienen los bancos para llegar, hasta fin de año, al 60% de su cartera en créditos al sector  productivo y vivienda social ha impulsado el crecimiento de ambas carteras, en especial la de vivienda social  que,  en un año, ha crecido un 42%; desde Bs 12.000 millones a Bs 17.000 millones, estas cifras equivalen a que en un año se han financiado aproximadamente 50.000 nuevas viviendas. 

Esta expansión del crédito hipotecario tiene su explicación por el déficit habitacional (se estima en 500 mil viviendas) y las condiciones que ofrece el sistema financiero con tasas de interés bajas (5,5% a 6,5%) y a largo plazo (20 a 25 años).

La mayoría de estas nuevas viviendas son destinadas a satisfacer las necesidades habitacionales de las familias y nuevos hogares. El sueño de tener   casa propia se hace posible gracias a esta coyuntura financiera. 

Muchas parejas hoy, que están unidas o no en matrimonio, han optado por este beneficio  dejando de lado los alquileres o la modalidad del anticrético porque sumando sus ingresos les alcanza para pagar las cuotas del crédito hipotecario.

Este beneficio que ofrece la banca en el crédito de vivienda, en cuanto a tasas y plazos, debería ser  analizado con más cuidado por las parejas midiendo los riesgos que están implícitos en un proyecto de largo plazo. Porque no todo es “color de rosa”, más aún cuando acaba el amor y la presión financiera resulta un conflicto adicional, a lo emocional, por el  que atraviesan las parejas cuando tienen que optar por el divorcio o separación.

Según datos del Servicio de Regístro Cívico (Serecí), en Bolivia el 2014 había 27 divorcios por día, el 2015 subió a 39 divorcios por día y el 2016 esa cifra había subido a 47. Haciendo una proyección simple  hoy podríamos estar con unos 80 divorcios por día. Por otro lado, según un informe, a 2014, del Comité Pro Familia, siete de cada 10 matrimonios terminan en divorcios en nuestro país. Estas alarmantes cifras deberían ser una preocupación para la sociedad desde el punto de vista social, económico y financiero, porque si en una sociedad no existe estabilidad en el vínculo sentimental, los conflictos emocionales se ven agravados por el vínculo financiero, tomando en cuenta que las parejas se separan pero el crédito no.

A este estado de cosas, si sumamos la variable de una crisis inmobiliaria, como sucedió hace unos años en nuestro país, el problema se vería  amplificado porque las viviendas bajan de precio pero el crédito no disminuye y mantiene los valores originales de la deuda contratada. Entonces, las parejas quedan atrapadas con una deuda muy complicada de cumplir y sin poder deshacerse de la vivienda porque tienen problemas para vender el inmueble.

Esta problemática tiene varias aristas y varios  actores: la pareja, las instituciones financieras y  los reguladores; por eso su tratamiento requiere de políticas y estrategias que midan este riesgo y analicen los posibles escenarios ante una crisis inmobiliaria.

Mientras, las parejas  deberían no solo ver los beneficios  de contratar un crédito hipotecario sino también los riesgos  legales y económicos que esto implica. Además, y en lo posible, deberían tener un acuerdo, si pasa lo peor, sepan cómo repartirán las obligaciones bancarias  y los beneficios de vender o mantener esa propiedad. Los bancos tienen la obligación, dentro de su programa de educación financiera, de avisar los pormenores legales y financieros de lo que representa firmar un contrato hipotecario y cuáles serán las medidas de cobranza y ejecución en caso del desastre. El regulador debe tomar las medidas y tener en cuenta que el riesgo de incumplimiento de este tipo de créditos puede ser muy costoso y peligroso para la estabilidad del mercado financiero y puede impactar el sector de la construcción de viviendas.

 

El autor es especialista en cultura emprendedora.
 

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