Análisis

Una nueva oportunidad para el diálogo público privado

domingo, 23 de septiembre de 2018 · 00:00

En la más reciente reunión de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia con el Presidente y el Vicepresidente del Estado, decidimos activar nuevamente el proceso de diálogo que, por diversos motivos, se había detenido en los últimos meses.

Es un esfuerzo que lleva más de dos años y que ha puesto a prueba no sólo la voluntad y paciencia de ambas partes, sino la capacidad de abrir espacios de confianza e idear propuestas comunes, en un amplio abanico de temas, demandas, urgencias y agendas diversas y complejas. Este esfuerzo, lamentablemente, no ha tenido la fluidez suficiente para trascender los temas coyunturales y generar resultados más rápidos y efectivos.

Pese a esta lentitud, que a veces nos ha producido fatiga y pesimismo, hemos vuelto a apostar por este camino, no sólo por el mandato de nuestro Congreso Empresarial, sino porque creemos sinceramente que el diálogo horizontal, respetuoso y transparente es la única receta para encontrar soluciones expeditas que nos permitan seguir apuntalando el progreso de nuestro país, avanzar en nuestros objetivos como sociedad y sobre todo solucionar nuestras diferencias.

Cuando el sector privado insiste en la necesidad de abrir espacios, está demandado soluciones a problemas que no sólo afectan a las 100 mil empresas formales que actualmente están activas, sino a las más de 800 mil micro y pequeñas unidades económicas que hay en todo el país y sobre todo a las millones de personas que trabajan en el ámbito privado, y cuyo bienestar, tranquilidad y el de sus familias, dependen muchas veces de los acuerdos a los que se lleguen en mesas de trabajo, entre quienes toman decisiones desde el Gobierno y quienes representamos al sector emprendedor del país.

Desde la implementación de las mesas de diálogo en 2016, presentamos al Gobierno 81 proyectos viables y factibles, pero además planteamos legítimas demandas de los distintos sectores del empresariado nacional, y requerimos la atención a graves y evidentes problemas como la informalidad y el contrabando que destruyen a la industria boliviana; la presión salarial y tributaria, que afecta cada vez más las mypes y precariza el trabajo; la seguridad jurídica dañada por medidas como la Ley de Empresas Sociales; la necesidad de apoyar a regiones cuyas economías se debilitan cada vez más y; la urgencia de defender la producción nacional, entre otros.

Todos estos temas son sustantivos para Bolivia y tienen que ver con la calidad del empleo y el salario, con la disminución de la pobreza y con la dignidad de los bolivianos, pero también con el equilibrio comercial y fiscal, el crecimiento del PIB, la competitividad y las inversiones externas, y por eso forman parte de la agenda de diálogo, en la que la CEPB está empeñada en los últimos años. Para nosotros, el diálogo no es oportunismo ni estrategia, es una responsabilidad que tenemos con el país y así debemos asumirlo, como un espacio donde intercambiamos opiniones distintas que finalmente converjan en un resultado común, demostrando apertura, escuchando argumentos distintos, discerniendo, discrepando y acordando, pero sobre todo demostrando la capacidad de mirarnos como iguales y respetar nuestros roles y nuestra propia representatividad.

Por eso mismo vamos a insistir en este camino, con la misma vehemencia, exigiendo que ahora sí podamos encontrar soluciones reales y concretas a los problemas más urgentes, más allá de diferencias, desacuerdos o desencuentros. El desafío está planteado y la decisión del empresariado boliviano está dicha.

Ronald Nostas Ardaya

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