Resiliencia del sistema bancario

domingo, 20 de enero de 2019 · 00:00

Jorge Velasco

El 2018 fue un año con muchos desafíos por superar desde la banca: cumplir con objetivos de colocación de créditos para lograr las metas normativas,  disminución de la liquidez y menor crecimiento de los depósitos, reducción del spread financiero con tendencia decreciente y menores niveles de rentabilidad, lo que originó, a su vez,  menores niveles de capitalización. Con las cifras a octubre, publicadas por la  ASFI y Asoban, se  destaca la capacidad que tuvo la banca para hacer frente a los retos a los que se enfrentó y mantener su sostenibilidad y solidez.

En  cartera de créditos, los bancos se concentraron en lograr la meta del 60% en cartera regulada. A octubre 2018,   alcanzaron el 60,2%,  que fue posible por la colocación de $us 1.988 millones, con un incremento de $us 2.126 millones en cartera productiva y vivienda social, y un decremento de $us 138 millones en cartera no regulada. Esta  meta de cartera se  cumplió en 10 meses, como sistema bancario;  sin embargo,  hay que esperar al cierre de diciembre para ver cómo será  el cumplimiento por cada banco.

Los bancos para cumplir con este desafío  aceleraron  la colocación de créditos en el sector productivo pese a posibles riesgos  y tomando en cuenta que la mora, aunque baja, muestra crecientes niveles de mora (1,94%) y  mayor número de operaciones reprogramadas ($us 497 millones).

Mientras la cartera de créditos  tuvo un crecimiento -diciembre 2017 a noviembre 2018-  del 10,85%,  los depósitos  crecieron, en el mismo periodo, un 2,23%, lo que significó que por primera vez en 12 años los depósitos estén levemente por encima de la cartera de créditos, aunque en octubre los depósitos estaban levemente por debajo de los niveles de cartera. A este comportamiento se denomina  punto de inflexión porque los depósitos  dejaron de crecer al ritmo que se mantenía y porque la liquidez bancaria (disponibilidades+inversiones temporarias sobre depósitos)  bajó, en el mismo periodo, del 34% al 29%. Este indicador de liquidez, en 12 años, estuvo por encima del 40%.

Los bancos para captar mayores depósitos y atender su demanda crediticia subieron sus tasas pasivas, lo que  representó un menor spread financiero por el techo en las tasas activas del crédito productivo. Mantener los niveles de cartera productiva, y el incremento en las tasas de depósitos más los gastos operacionales  repercutieron en los niveles de rentabilidad  (utilidad neta sobre patrimonio) de la banca que a octubre fue del 10,8% menor en un 3%  la rentabilidad registrada a 2017. Se estima que este índice podría afectarse más  hasta diciembre 2018.

La solvencia del sistema bancario, medido desde el coeficiente de adecuación patrimonial (CAP), está por encima del nivel requerido. En efecto, para fines de septiembre, el CAP de los bancos estuvo por encima del 11%. Al final de 2018  hay una banca que  respondió con  solvencia a las metas impuestas por una norma rígida  en un momento de desaceleración económica.

El sistema bancario mantuvo su solidez estructural, fue capaz de autogestionarse y tuvo la habilidad para seguir desarrollándose e incrementando su capacidad de aprender, innovar y adaptarse a un nuevo entorno regulatorio y económico. Esta capacidad de adaptarse o resiliencia permite asegurar una banca confiable y preparada para un 2019 con muchos desafíos.

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