La estrechez de miras sobre el futuro

domingo, 27 de enero de 2019 · 00:04

Javier Aliaga

Cuántas horas de diferencia hay entre Bolivia y España?” “¿Horas? Hay décadas de diferencia!” Este es el sarcasmo con el que respondía un periodista hispano que trabajó en La Paz cada vez que escuchaba esa pregunta. 

La ocurrencia era festejada, pero también hacía pensar en que nuestro atraso científico y tecnológico respecto del mundo es tan abismal que posiblemente nunca podremos reducirlo para generar innovaciones que sean un verdadero motor de desarrollo para el país y de bienestar para la gente.

Pensé en el tema a propósito de que estos días una alta dirigente del gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS) me recordó cómo los líderes del oficialismo lloraron de emoción el 20 de diciembre del 2013, cuando Bolivia, con un crédito y apoyo tecnológico de China, logró poner en órbita un satélite de comunicaciones. Lloraron porque hasta ese momento parecía imposible que Bolivia ponga su pequeño pie en la era espacial. El satélite es una realidad que el Gobierno destaca como el mayor logro tecnológico en los trece años ininterrumpidos de gestión del presidente Evo Morales.

No obstante, son temas para la polémica si el satélite sirve más al campo y casi nada a las ciudades, si su coste de 302 millones de dólares es justificado comparado con el que Perú compró mucho más barato a una empresa europea o si vale la pena invertir en un segundo satélite como se pretende hacer en 2021.

Casi al mismo tiempo que escuchaba la importancia que tuvo el satélite para el orgullo nacional conocí el caso del bebé prematuro que murió en un hospital de Santa Cruz por ser tratado de manera improvisada con una estufa en lugar de una incubadora. La mamá del niño era una adolescente de 15 años, lo que aumenta la condición dramática de lo sucedido en ese centro.

No hablamos de un hecho ocurrido en una aldea remota sino de Warnes, municipio aledaño a la capital cruceña, y en cuya jurisdicción edil se encuentra el aeropuerto más internacional de Bolivia, ViruViru. Se perdió la vida de un bebé de forma absurda e imperdonable y no puedo dejar de pensar que eso pasa en Bolivia cuando en España, para hablar de una referencia conocida, hay universidades y centros de investigación que utilizan bioimpresoras 3D para producir piel humana y curar quemaduras.

La muerte del niño, el drama de los enfermos de cáncer o con problemas renales debe movernos a pensar en las prioridades del gasto ante la limitación de recursos del Estado, evitando perder el control con proyectos políticos como la Casa Grande del Pueblo, el museo de Orinoca, lejos para visitarlo, o la sede de Unasur, también fuera de la capital del valle, cuestionados por su poca o nula utilidad para la vida concreta de la gente.

El Gobierno ha hablado siempre de la importancia de formar capital humano científico para el país y desde hace cuatro años planea la construcción de una ciudadela científica y del conocimiento en Cochabamba, pero no ha diseñado un proyecto, ni ha destinado un presupuesto para concretarlo.

La definición de un lugar que concentre a científicos e investigadores en función de las necesidades de las universidades y los requerimientos técnicos de la industria, es una idea con sustancia que servirá al país si responde a los retos de su desarrollo y se mantiene al margen del manoseo político.

Lo curioso es que por la estrechez de miras de los políticos la idea de la ciudadela para fines científicos parece haber sido abandonada, al mismo tiempo que en Cochabamba ahora se polemiza sobre la construcción de un nuevo palacio para la Gobernación.  Otra vez, cuestión de prioridades.

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