Análisis

De la propuesta productiva al gasto con endeudamiento

Señala que desde el 2010 se incrementó el gasto corriente tanto como la inversión pública y que se traduce en un aparente mayor crecimiento económico.
domingo, 20 de octubre de 2019 · 00:00

René Martínez  / La Paz

En 13 años el Gobierno planteó dos modelos económicos: “El cambio de matriz productiva”, presentado en el Plan Nacional de Desarrollo de 2006, y en 2010 aplicó otro: “La Demanda Interna: Motor del Crecimiento Económico”.

Respecto al cambio de matriz productiva, era un planteamiento enfocado a impulsar y diversificar la producción nacional, a partir de la reinversión de los excedentes económicos generados por los sectores estratégicos, como hidrocarburos. El modelo planteaba que el Estado, capte y administre los excedentes económicos provenientes de los sectores estratégicos (hidrocarburos principalmente), los cuales deberían ser reorientados hacia los sectores generadores de ingresos y empleo.

Este modelo, más allá de formularse como una idea, no fue efectivizado mediante políticas, estrategias y programas. En la práctica, el planteamiento fue abandonado y desplazado por otras políticas, como el programa Bolivia Cambia – Evo Cumple, y los mayores recursos que el sector público recibió en los años de bonanza se tradujeron en una expansión del gasto público a todo nivel.

Los mayores recursos que el Estado recibía resultaron en un crecimiento del gasto público y se olvidó la mirada de largo plazo, y la necesidad de trascender el patrón de desarrollo más allá del extractivismo, la transformación de la estructura económica del país o, al menos, sentar las bases de ese cambio. Como se observa en el gráfico, los gastos del sector público tuvieron una tendencia creciente, casi constante; disminuyeron entre 2015 y 2016, pero retomaron la tendencia. Los gastos se han multiplicado varias veces en los últimos años. Se ha incrementado tanto el gasto corriente (que representa la mayor parte), como la inversión pública.

Inicialmente, esta expansión del gasto fue posible gracias a los mayores recursos provenientes de los sectores extractivos, como hidrocarburos, pero incluso se registra un incremento del gasto después de concluida la bonanza. Pese a que en la práctica no se implementó el modelo planteado, el país experimentó interesantes tasas de crecimiento durante los años de la bonanza, fenómeno similar a la región latinoamericana que se benefició del ciclo favorable de ingresos por altos precios de las materias primas. Y desde el año 2010, el Gobierno presentó otra explicación u otro modelo: “La Demanda Interna: Motor del Crecimiento Económico”.

La explicación sucinta de este modelo refiere que el impulso de la demanda interna, por parte del Estado, a través del gasto y de la inversión, se traduce en un mayor crecimiento económico, el mismo que sería sostenido en el tiempo.

Según esta nueva argumentación, en la última década, la economía se habría desempeñado bajo esta línea; sin embargo, presenta diferentes debilidades o limitaciones, tanto en su planteamiento teórico como en los resultados alcanzados expresados en diferentes indicadores económicos, peor aún en el marco del actual contexto económico menos favorable después de la caída de los precios de los hidrocarburos.

Al analizar este segundo modelo, se puede indicar que no es la demanda en sí misma la que permite generar esta dinámica, sino, hay una condición previa que permite activar el proceso, y es la disponibilidad de recursos suficientes para expandir el gasto. Desde un principio, no era consistente afirmar que este proceso sería sostenible, puesto que estaba siendo alimentado con recursos provenientes de fuentes no renovables y que dependen de precios internacionales volátiles, como son los hidrocarburos. En la actualidad, estos recursos han caído y, ante la disminución de ingresos, se está reemplazando el financiamiento de la expansión del gasto público con mayor endeudamiento.

Este modelo, a diferencia del planteamiento inicial de “cambio de matriz productiva”, no es una propuesta productiva. En consecuencia, se habría abandonado la propuesta de promover la producción (la oferta), a cambio de fomentar la demanda o el consumo. Si bien el argumento oficial plantea el impulso de la demanda interna para lograr un crecimiento sostenido, en realidad, ésta sería una medida para un corto plazo, puesto que para el largo plazo se hubiera tenido que constituir y/o potenciar un sector productivo.

Es preocupante el enfoque que se le ha dado a la inversión pública en este proceso. A diferencia del gasto, la inversión pública debería estar enfocada hacia un objetivo mayor que es el crecimiento y desarrollo de largo plazo; ésta debería impulsar las capacidades productivas. Sin embargo, de acuerdo con las explicaciones del modelo, se habría reducido su rol, y la inversión tendría como finalidad impulsar la demanda interna. En ese sentido, será importante analizar la calidad de la inversión pública de los diferentes niveles de gobierno en sentido de evaluar si aportó a un mayor crecimiento y desarrollo, presente y futuro.

En síntesis, el modelo de la “Demanda Interna”, para cumplir con sus objetivos, requiere de ingresos disponibles para alimentarlo y de un sector productivo potenciado, factores que no se cumplen en el país. No obstante, siendo que evidentemente la demanda agregada se dinamizó, es importante analizar si con el diseño de las políticas públicas, y bajo las condiciones actuales, esta mayor demanda se tradujo en oportunidades para la producción nacional.

Al respecto, bajo el nuevo enfoque del Estado, el discurso del Gobierno, las políticas y las condiciones jurídicas no dieron certidumbre y seguridad para los inversionistas. Asimismo, las altas cargas y regulaciones laborales e impositivas que enfrenta el productor nacional han sido y son desfavorables para los emprendimientos formales. Otro factor que afecta a la producción nacional es el tipo de cambio, el cual fue congelado desde    2011, que ha favorecido a la comercialización y venta de los productos importados (y de contrabando). La moneda nacional está sobreapreciada y los productos extranjeros son relativamente más baratos que los nacionales.

Estas condiciones han sido desfavorables para ampliar la producción a través de la inversión privada y para la venta de productos nacionales (transables) en el mercado interno. Este modelo no funciona como mecanismo para conducir la economía hacia un crecimiento sostenido, e insistir con este postulado y pretender continuar con la dinámica de expandir el gasto, ahora a través de un mayor endeudamiento, podría llevar al país a una situación de insostenibilidad. Esta forma de conducir la economía ha significado gastar lo que se tenía y, ahora, gastar hasta lo que no se tiene.

 

Reconducir la economía

En el escenario actual, hay la imperiosa necesidad de reconducir la economía, pero no desde un debate ideológico sobre izquierda o derecha, carente de una base técnica, puesto que no aporta a la construcción de políticas públicas en favor del país y, por el contrario, genera contradicciones y cierra posibilidades. En adelante, se debe abrir un diálogo para la toma de decisiones de políticas adecuadas y específicas para construir una economía estable, sostenible, productiva y diversificada.

Es fundamental abordar temas como la generación de las condiciones e incentivos para el productor nacional, la problemática de la informalidad, el cómo hacer política pública sectorial en un Estado con autonomías, temas que son fundamentales y que han sido relegados en estos años.

En el marco definido por la Constitución, se requiere un nuevo plan de desarrollo a base del escenario macroeconómico actual y futuro; y políticas de desarrollo productivo efectivas, más allá de sólo la participación estatal.   Antes de implementar un modelo, el próximo Gobierno deberá garantizar la estabilidad económica. Problemas urgentes como el  déficit fiscal y mayor endeudamiento, y el tipo de cambio y caída de las reservas  son facturas pendientes de la actual gestión.

René Martínez es analista de Fundación Jubileo
 

 

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