Negocios

El FMI y su controvertido rol en la crisis económica en la región

Señalan que no siempre llevó a una crisis a países a los que condicionó sus préstamos, también los sacó del abismo, aunque en Ecuador no se piensa así.
domingo, 20 de octubre de 2019 · 00:00

Ángel Bermúdez  / BBC  Mundo

 Si en América Latina se hiciera un concurso de popularidad sobre organismos internacionales es poco probable que el Fondo Monetario Internacional (FMI) resultara ganador. En  las últimas décadas dejó un recuerdo amargo en varios países.

¿La razón? Los controvertidos programas de ajuste estructural de la economía (reducción del déficit fiscal, eliminación de subsidios, devaluación de la moneda, etc.) exigidos por el FMI como condición para entregar sus préstamos. En algunos casos han derivado en inestabilidad política.

El más reciente de estos casos se vivió  en Ecuador, donde la eliminación del subsidio a los combustibles por parte del Gobierno -tras haber alcanzado un acuerdo con el FMI- ocasionó una ola de violentas manifestaciones que llevaron al presidente Lenín Moreno a declarar el estado de excepción. Terminó derogando el decreto que eliminaba los subsidios.

La postura indígena ecuatoriana estuvo presente en las manifestaciones en las que se exigía la “salida” del organismo internacional del país en pancartas y en grafitis que rememoran crisis  como la vivida en Venezuela  1989,  Argentina  2001 o en Nicaragua en 2018. 

La  activista antiglobalización Naomi Klein denomina como “doctrina de shock” al conjunto “de medidas económicas de ‘emergencia’ pro empresariales, tales como las megaprivatizaciones y la reducción drástica de los gastos sociales”, recetadas por el FMI y otros organismos financieros internacionales.

Según ella, “América Latina siempre ha sido el laboratorio principal” para la aplicación de las mismas. Sin embargo, los países de la región están lejos de ser los únicos que acuden a ese organismo en busca de ayuda.

Pero ¿cuántos países han recibido ayuda financiera del FMI? Un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU, señala que 146 países de los 188 miembros que tenía el FMI en 2015 (en la actualidad tiene 189) han participado en algún momento en algún programa de ayuda financiera de ese organismo. “42 países (22% de los miembros) nunca han tenido un programa con el Fondo, entre estos los países exportadores de petróleo y los estados pequeños representan una parte significativa de este grupo”, señala el estudio de  Carmen Reinhardt y Cristoph Trebesch.

De acuerdo con un testimonio que rindió ante el Congreso de EEUU Fred Bergsten, director emérito del Instituto Peterson de Economía Internacional, para 1998 ese país había recibido préstamos del FMI en moneda extranjera en 28 oportunidades distintas. “Más que ningún otro país”.

Bergsten hacía una fuerte defensa de la utilidad del Fondo y ponía como ejemplo lo ocurrido en 1978, cuando EEUU pidió prestados 3.000 millones en marcos alemanes y en yenes japoneses que utilizó para defender el valor del dólar en el mercado cambiario.

 

El FMI en América Latina

Uno de los casos emblemáticos en los que el FMI ha fallado fue durante la crisis de Argentina de los años 2000-2002, cuando ese país incurrió en el que entonces fue el default más grande de la historia al dejar de pagar bonos por un valor de 93.000 millones de dólares.

Un estudio publicado en 2009 en la revista International Political Science Review sobre el efecto que han tenido los programas del FMI en América Latina señala que los préstamos no son problemáticos en sí mismos.

Advierte que la cantidad y el tipo de reformas exigidas a un país sí deben ser evaluadas cuidadosamente por ese organismo, pues éstas pueden dejar a una parte de la población marginada desde el punto de vista económico y político, lo que puede debilitar la legitimidad de la democracia.

Sin embargo, según Pablo Martín-Aceña, catedrático de Economía de la Universidad de Alcalá de Henares, el FMI solamente interviene cuando se lo piden los gobiernos y que estos también suelen cometer los mismos errores. “Los países van al Fondo cuando ya no pueden más, cuando están en el abismo, cuando el siguiente paso es dejar de pagar a sus funcionarios, paralizar el Estado. Entonces, no conozco ningún caso en el que se salga sin dolor de una situación supercrítica”, apunta.

Pero, ¿hay casos en los que el FMI ha intervenido que puedan ser considerados como un éxito?

Un caso que algunos expertos señalan como exitoso dentro de América Latina es el del préstamo por 30.000 millones de dólares que le hizo el organismo multilateral a Brasil en 2002, en un momento en el cual ese país estaba sumido en la incertidumbre ante la llegada al poder de Luis Inacio Lula da Silva. “Ese, en mi opinión, es un ejemplo de una intervención particularmente exitosa”, dijo Marcus Miller, profesor de Economía de la Universidad de Warwick (Reino Unido), en una entrevista con BBC Mundo en 2018. 

“Se evitó el default por un proceso de transición en el que Lula primero fue convencido de ajustar sus políticas y después el mercado aprendió a confiar en él. El apoyo del FMI, tanto financieramente como en la formación de políticas creíbles, jugó un papel clave de apoyo en conseguir tiempo para este proceso de transición”, manifestó Miller.

En una sección de su página web sobre la efectividad de sus programas, el FMI destaca que en la actualidad está prestando asistencia a más de 35 países con fondos cercanos a los 200 mil millones de dólares. Entre los beneficiarios de esta financiación están: Argentina, Ecuador, Egipto, Irak, Jordania, Túnez, Ucrania y 16 países del África Subsahariana.

“En años recientes, el FMI ha ayudado a solucionar crisis financieras y vulnerabilidades alrededor del mundo, incluyendo Angola, Barbados, Colombia, Malawi, Marruecos y Sierra Leona”, señala. En esa misma sección, el FMI destaca unos seis casos exitosos recientes: Chipre, Ghana, Islandia, Irlanda, Jamaica, Portugal y Serbia. En algunos de estos, sin embargo, no está del todo claro que la clave de la recuperación económica haya sido el fruto de las recetas tradicionales del FMI.

En Islandia, por ejemplo, el FMI reconoce que el gobierno tomó medidas “no ortodoxas” para superar la crisis y obtener el “más amplio apoyo político posible”.

Algo similar ocurre en el caso de Portugal, cuya recuperación ejecutada por un gobierno de izquierda se basó en una fórmula que rechazaba la receta tradicional de austeridad y que, de hecho, revertía muchos de los recortes aplicados por el anterior gobierno conservador, aunque todo esto se hacía de forma responsable desde el punto de vista fiscal. “El FMI ha sido capaz de ser una válvula de salvamento continuo”, dijo. Una interpretación que probablemente no compartan los manifestantes que durante las últimas dos semanas estuvieron protestando en las calles de  Quito, Ecuador.

 


 

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