Con más deuda y menos reservas se compromete la estabilidad económica

Recuerda que el crecimiento del gasto en 2014 estuvo acompañado por un aumento de los ingresos, debido a los precios altos de los hidrocarburos; después, los gastos crecieron más que los ingresos.
domingo, 10 de noviembre de 2019 · 06:09

René Martínez  / Fundación Jubileo

Los precios internacionales de hidrocarburos cayeron  en 2014 y desde entonces el país entró en una nueva etapa de la economía, con menores ingresos y con diferentes indicadores que registran retrocesos.

Adicionalmente, hubo decisiones desacertadas que se traducen en problemas que se van gestando y profundizando. Por un lado, se incrementó el gasto público hasta un nivel demasiado alto que resulta en un creciente y acelerado endeudamiento; por otro lado, se congeló el tipo de cambio de la moneda nacional respecto al dólar, y se tiene un déficit en la balanza comercial (más importaciones que exportaciones) que, sumado a otros factores, conlleva a una constante caída de las reservas internacionales netas (RIN). 

El nuevo contexto económico demandaba dar un giro y realizar ajustes; sin embargo, al parecer, la decisión fue arrastrar los problemas y diferir el ajuste durante todo el último periodo gubernamental. Al efecto se estarían dejando diferentes problemas o facturas pendientes desde el punto de vista económico para la siguiente gestión. Estos temas forman parte de una agenda urgente, que no se visualiza en el escenario político actual, con una democracia e institucionalidad debilitadas, que ponen en riesgo el Estado de derecho.

Mayor endeudamiento

Principalmente desde 2007, el sector público incrementó su nivel de gastos de manera significativa. Crecieron tanto los gastos corrientes, que es la parte más significativa, como también los gastos de inversión. Asimismo, se crearon e incorporaron al presupuesto empresas públicas, bajo dependencia del nivel central. Los gastos del sector público han tenido una tendencia a incrementarse notablemente y se han multiplicado varias veces en los últimos años.

Al principio de la bonanza, el crecimiento del gasto estuvo acompañado por un incremento de los ingresos, resultado de los altos precios internacionales de los hidrocarburos; pero, en adelante, los gastos crecieron más que los ingresos, incluso a pesar de la caída de ingresos. Como resultado, se tiene un déficit fiscal que se fue profundizando y que ya llegó a 8,1% para 2018.

Al efecto, el crecimiento de la deuda –para expandir el gasto (financiar el déficit fiscal)– es cada vez mayor. Esta orientación de aumentar el gasto público ha resultado en incrementar el endeudamiento, incluso durante el periodo de la bonanza.

En 2007, la deuda externa bajó a 2.208 millones de dólares, gracias a una condonación de la deuda multilateral gestionada en años anteriores; posteriormente, tuvo un crecimiento continuo y especialmente en 2017 un incremento bastante alto de más de 2.100 millones de dólares en un solo año.

La cifra fue en aumento hasta llegar a 10.747 millones a agosto de 2019.  Este problema, que tiene su raíz en el excesivo crecimiento de los gastos, se ha convertido en un tema estructural. 

El nuevo rango de ingresos no es coyuntural, sino permanente, y refleja la realidad económica del país; la bonanza fue una situación extraordinaria. Y  los gastos, específicamente los gastos corrientes, tienden a ser muy difíciles de bajar, es decir que no se pueden dejar de pagar, como ítems, sueldos, bonos y otros gastos de funcionamiento de determinados sectores. El nivel de gasto público alcanzado y la tendencia de seguir incrementándolo a pesar de no tener los ingresos suficientes, con el argumento de alimentar un modelo y bajo un discurso que no reconoce el nuevo contexto de desaceleración de la economía, podría llevar a una situación de insostenibilidad de las finanzas públicas y de mayor endeudamiento a mediano plazo. 

Más allá de los márgenes de sostenilidad presente, los recursos que se reciben hoy como endeudamiento deben ser pagados a futuro; en consecuencia, quedarán como una herencia o factura pendiente. 

Caen reservas internacionales

Desde la gestión 2015, el país registra déficit de la balanza comercial, es decir que las importaciones son mayores que las exportaciones, de modo que hay una salida neta de divisas.

Hay diferentes condiciones y factores que determinan el nivel de las exportaciones y de las importaciones en un país. Bajo las condiciones estructurales actuales, los principales elementos que determinaron la situación boliviana son: por el lado de las exportaciones, la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos (desde fines de 2014) que resultaron en una consecuente reducción del valor de las exportaciones de gas, el principal producto. Y, en lo referente a las importaciones, éstas no se ajustaron de la misma manera, puesto que con el actual tipo de cambio, congelado desde  2011, la moneda nacional está sobreapreciada, lo que favorece la compra de productos importados (y de contrabando); éstos se hacen relativamente más baratos en comparación con la producción nacional, considerando, además, que algunos países de la región devaluaron sus monedas.

Al efecto, siendo que para importar mercancías se requieren divisas, ante el actual déficit comercial, las reservas internacionales están cayendo constantemente. Las reservas internacionales, las cuales alcanzaron un nivel récord de más de 15.000 millones de dólares en 2014, como resultado del superciclo de la exportación de hidrocarburos a precios altos, están cayendo desde el 2015. Y éstas, además que permiten importar y cumplir con el servicio de la deuda, son el respaldo de la moneda nacional y de la estabilidad de la economía.

Analizando las causas de este problema se puede señalar que los precios internacionales de los hidrocarburos son una variable exógena, es decir que el país no puede influir en ellos; pero el tipo de cambio sí, porque hay una política cambiaria que es definida por el nivel central. El tipo de cambio es un factor fundamental que determina el resultado de la balanza comercial, principalmente por el lado de las importaciones en el caso de Bolivia, puesto que la mayor parte de las exportaciones, que corresponden al gas, dependen de los contratos con otros países. Al respecto, fue un error de política el congelar el tipo de cambio, resultando que ahora ya no funciona como una variable de ajuste de los desequilibrios externos; al contrario, profundiza el déficit comercial.

Asimismo, el actual tipo de cambio, además de afectar al productor nacional que no puede competir con los productos extranjeros, resta competitividad a las exportaciones no tradicionales, y así también se afecta a la producción nacional y al empleo.

Buscar la estabilidad económica 

Con el transcurrir del tiempo, los problemas se agravan y se hace más latente el riesgo de una inestabilidad económica a futuro. 

Es responsabilidad de las autoridades del nivel central resolver estos temas (elevado gasto público, endeudamiento y caída de reservas internacionales) a fin de que no se lleguen a situaciones que el país ha vivido en el pasado y que algunos países de la región atraviesan actualmente.

Estos problemas debieron haberse corregido oportunamente, lamentablemente fueron postergados durante todo un periodo de gobierno.

La estabilidad económica es la condición mínima que se requiere para tener un nivel de confianza y de certidumbre en el cual los diferentes actores puedan desarrollar sus actividades económicas y se tengan las oportunidades para generar ingresos y empleo.

Los temas pendientes no son solamente problemas del Gobierno, sino que afectarían directamente a las condiciones de vida de la población en temas de empleo, oportunidades, precios y otros; es la población la que pagará la factura y podría afectar con mayor intensidad a los sectores más pobres y vulnerables del país.

Confidencial

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