Después de esto, nada será igual

domingo, 03 de noviembre de 2019 · 00:00

María José Rodríguez B.

La verdad no existe, se construye. Y no hay una verdad, las hay muchas y diversas, cada cual con una narrativa poderosa que la sustenta. Veamos un mapa mínimo de las “verdades” que en estas semanas fueron develadas y los poderosos mitos que las sostienen. 

Inicialmente Bolivia era un país dividido por la sospecha de un proceso electoral poco transparente. Después se edificaron, y muy pronto, dos visiones completamente distintas de país. Por un lado, el país en el que grupos “golpistas”  de “derecha” luchan contra el  “ganador” de las elecciones y el “voto campesino”. Por el otro el de los “pacifistas demócratas” contra un gobierno con intenciones “dictatoriales”. 

Antiguos mitos sociales han nutrido ambas visiones que no son sólo producto de la comunicación política. Sucede que como dice, Hugo Haime -en su libro Qué tenemos en la cabeza cuando votamos- los mitos sociales “(…) determinan, entre otras cosas ¿Cuál es el lugar que se le da a las distintas instituciones? ¿Cómo es concebido el sistema de poder? ¿Cuál es el lugar de las élites?” Es decir, decretan la forma en que percibimos al otro, y cómo nos relacionamos con él , así como en qué contexto. 

Y, ¿por qué es esto importante? Pues porque al desoír los mitos podríamos hacer un análisis de situación equivocado o por lo menos incompleto y tomar decisiones sobre falsas premisas. Analizar las cosas desde nuestro propio mito o conjunto de mitos, determinará un tipo de relacionamiento con el otro. 

Si no aprendemos a conocer los mitos que sirven de marco para la construcción de la “verdad” del otro, será muy difícil establecer estrategias de seducción comercial, política  o relaciones de confianza para llevar a cabo proyectos conjuntos, emprendimientos e, incluso, de selección de personal.  Sólo por poner ejemplos.

Entender cuál es el mito que empuja la fidelidad hacia una marca, hacia un candidato o un gobernante, debería ser una tarea esencial y periódica. Las verdades cambian de rostro cada tanto y, cuando lo hacen, se comienza a ver los rasgos de una crisis del cambio o un momento de disrupción. Las “verdades” que determinen las relaciones futuras entre los bolivianos tendrán que ser distintas después de estas semanas de crisis social y política. En especial, cambiarán las que dibujan las relaciones de confianza y aquellas que se basan en la identificación con ciertos modelos de conducta. Las cosas no serán iguales que antes para nadie.  Este cambio de mitos capaces de modelar las “verdades” sobre todo lo que nos rodea, impactará en absolutamente todas las relaciones. Las empresas con sus clientes y sus colaboradores. Entre vecinos, entre ciudadanos y gobernantes. Dentro de las familias, en el mercado entre caseros, en fin… todas.

Porque “la verdad” en la que el otro crea será la qué determine la manera como  establecerá su relacionamiento (social o económico) con el otro. Atender a los mitos  permitirá entender formas de pensar y actuar que, digámoslo así, se ponen de moda o que renacen en una discursiva que se pensaba olvidada o medianamente superada. 

Después de estos días ya nada será igual. Habrá cambiado el conjunto de mitos que explican las razones del comportamiento del otro y de los grupos. Habrán cambiado las maneras de entender el poder, la utilidad de las relaciones funcionales y las afectivas. Después de estos días en que las madres rezan el Ave María mientras esperan con sus hijos la llegada del temido “otro”, seguramente las necesidades espirituales ganarán popularidad ante las materiales.

  Y las exigencias y necesidades también cambiarán, aunque no inmediatamente. Y las ofertas políticas y comerciales deberán también cambiar. El futuro se dibujará sobre una mitología nueva y de no saber leerla, la sociedad avanzará (como suele suceder) más rápido que la política y la economía real. 
 

 

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