La Criba

La tormenta perfecta

domingo, 03 de noviembre de 2019 · 00:00

Javier Aliaga

De las advertencias sobre los nubarrones negros en el horizonte de nuestra economía estamos pasando a la formación de una tormenta perfecta o quizá ya estamos en medio de la misma, pero no la distinguimos bien por la falta de actualización en varios datos oficiales y en las estadísticas de YPFB, del Banco Central y del Ministerio de Economía y Finanzas.

Y es que, a la tendencia negativa de las cifras sobre los ingresos, la deuda pública, la caída en las reservas internacionales y el déficit público, el país ha sumado la crisis política, la violencia en las calles y el cerco campesino a las ciudades anunciado por el propio mandatario Evo Morales con el claro propósito de escarmentar a las multitudes que no dejan de gritar fraude. Esa actitud pone a Morales en la mira de la crítica porque muestra que el Presidente no tiene ningún reparo en llevar los problemas al peor extremo y en lanzar todo tipo de ofensas a sus rivales políticos, en lugar de buscar soluciones usando el poder que tiene en el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, en los aparatos de seguridad del Estado, en amplios sectores sociales e incluso en grupos de choque. 

Ya que controla el poder estatal, Morales tiene la mayor responsabilidad en esta tempestad.  Por eso es llamativo que el mandatario haya señalado que las protestas serán las culpables de que este año no se pague el doble aguinaldo, aunque la medida en sí misma sea un despropósito económico. Urge una solución a la crisis política sabiendo que la defensa de la democracia es una bandera de lucha extendida en el país, pero también porque se necesita proteger logros como la reducción de la extrema pobreza.

Los extremos violentos del otro lado tampoco son aceptables. Está visto que, aunque se clame por protestas sinceramente pacíficas y sólo democráticas, las manifestaciones siempre terminan rebasando esos llamados y agravan el conflicto y sobre todo la economía de la gente que menos posibilidades tiene de capear un temporal. Esto no sólo preocupa, sino que ha comenzado a asustar a mucha gente como se puede ver en la acumulación de alimentos y en la avidez de dólares. Otra muestra de la confusión reinante es la estimación de las pérdidas económicas por las protestas desde el 20 de octubre.

 La Cámara Nacional de Industrias dice que en cuatro días se han perdido 60 millones de dólares; la Cainco, que agrupa a los empresarios cruceños, agrava el diagnóstico y señala que las pérdidas son equivalentes a 500 millones de dólares. Hay una diferencia muy grande entre una cifra y otra y eso sólo refleja la angustia que existe en medio de los torbellinos que están viviendo los diferentes sectores económicos en el país, cuyas previsiones de crecimiento han comenzado a ser ajustadas a la baja. La agencia calificadora Fitch Ratings, según publica la prensa, ha bajado la previsión nacional de crecimiento al 3,6% para este año y al 2,8% en 2020.

En medio del conflicto, cabe el reclamo que hacen varios economistas de una mayor transparencia en las cifras oficiales para tener el detalle de lo que está sucediendo. De tal forma que, tras todos los cuestionamientos al proceso electoral que ha provocado la crisis política que estamos viviendo, al cóctel de problemas se suma el ingrediente de la falta de credibilidad.  Ignorar la realidad o tratar de esconderla sólo puede agudizar los problemas, peor cuando ya existe una percepción negativa sobre todo en la clase media acerca de  cualquier cosa que diga o haga el Gobierno.