Economía

Preocupa aumento de la mora y riesgo de restricción crediticia

La mora era de 1,6% en 2018 (Bs 2.995 millones), pero a octubre de 2019 trepó a 2,2% (Bs 3.345 millones). El analista atribuye a la Chiquitania y a la convulsión.
domingo, 01 de diciembre de 2019 · 06:07

 Reynaldo Marconi

La situación financiera del país es complicada y preocupante a un mes del cierre de la gestión 2019, considerando la herencia del gobierno del MAS y luego de varias semanas de convulsión social. La dinámica de ciertos factores macroeconómicos podría convertirse en riesgos si no se actúa prontamente. 

Preocupa la persistencia de: agudización de los déficits comercial y fiscal, disminución del nivel de las reservas internacionales (RIN), nivel de la deuda externa y deuda pública interna, surgimiento de brotes inflacionarios, incremento de la mora bancaria, etc. Es comprensible que la solución de todos estos problemas no forma parte de la agenda del gobierno de transición. 

Sin embargo, determinadas medidas son de urgente aplicación, no solo con el fin de preservar la estabilidad, sino con la finalidad de facilitar la transición hacia un 2020 con perspectivas renovadas con un nuevo gobierno. Ese es el caso del sistema financiero nacional (SFN), en el que existen dos áreas que requieren atención prioritaria: incremento de la mora y riesgo de contracción del crédito. 

Incremento de la mora bancaria

Durante los últimos años, el SFN ha tenido el mérito de mantener una tasa de mora muy baja, 1,6% entre 2010/2018, según datos de la ASFI. A diciembre de 2018, la mora del sistema cerró con 1,76% (Bs 2.995 millones). A octubre de 2019 se situó en 2,2% (Bs  3.345 millones), que fue ligeramente superior a su equivalente a octubre de 2018, que se situó en 2,0%. Los datos preliminares muestran que la mora actual se sitúa alrededor de 3,1%, aunque la misma podría ser menor a cierre de mes. Este incremento de la mora es una preocupación y la misma proviene de la confluencia de tres factores: efecto Chiquitania, impactos de la convulsión social  y  la desaceleración de la economía. 

El impacto es diferenciado según sector económico, región y actividad del prestatario. La ASFI, con buen criterio de anticipación, ha emitido una Carta Circular el pasado 18 de noviembre  recordando a las entidades financieras su facultad para la reprogramación de créditos. Dicha circular  podría ser complementada con una reglamentación expresa para la reprogramación de los créditos bajo condiciones especiales. La reglamentación sería aplicable solo a aquellos casos afectados por los incendios forestales y la convulsión social y que sean evidenciables, cuya atención sea una potestad caso por caso por las propias entidades financieras.

Los beneficios de esta medida se apreciarán en la situación de los prestatarios atendidos, quienes cumplirán sus obligaciones financieras acorde a su capacidad de pago, y el nivel de la mora será transparentada en función de la situación de los prestatarios y su disciplina de pago. No emitir reglas claras podría dar lugar a que personas interesadas aunque no afectadas, busquen beneficiarse con un tratamiento que es especial. El tratamiento de estos casos no debería afectar la exposición de los estados financieros de las entidades financieras. 

Riesgo de contracción del crédito

Durante los años de gobierno del MAS el comportamiento del crédito ha seguido la dinámica del crecimiento de la economía. Los resultados son claramente diferentes en el periodo de lotería entre 2005/2014 del otro de vacas flacas entre 2015/2019. En el primero, 2005/2014, las captaciones del SFN crecieron a una tasa promedio de 19,7% anual y las colocaciones a una tasa promedio anual de 17,5%. Tasas inéditas en el crecimiento del SFN. Por el contrario, en el periodo 2015-2019 (octubre) las captaciones crecen a un menor ritmo, 7,6% anual (menores ingresos), y el crédito a una tasa promedio anual mayor de 13,4%, en todo caso menor a la tasa del primer periodo de 17,5%. Este resultado, de crecimiento de los depósitos a tasas menores que las captaciones, es solamente comprensible, merced a la inducción  originada en las metas de colocación de cartera para el sector productivo y de vivienda de interés social, impuestas por la regulación. Resulta sorprendente la relación básica entre cartera financiada por los depósitos que entre 2005/2015 presenta un margen disponible de 23,3% en promedio anual, el cual baja a 9,9% anual para el periodo 2015/2019. A nivel macroeconómico, el objetivo de mantener  tasas de crecimiento de al menos 4,5% anual (para pagar el doble aguinaldo), fue financiado a costa de mayor déficit fiscal y endeudamiento externo e interno.

A nivel del SFN, el persistir en la política de cupos de cartera, ha inducido a las entidades bancarias mantener tasas altas de colocación, con el solo objetivo de cumplir los mínimos de cartera impuestos por la regulación. En el presente, dicha situación podría tornarse insostenible. En efecto, a octubre de 2019, la ASFI reporta que los depósitos alcanzaron el monto equivalente a  26.064 millones de dólares, que representa un monto menor en 0,3% respecto a diciembre de 2018, y los créditos del sistema llegaron a la suma equivalente de  26.472 millones de dólares, implicando un crecimiento de 6,4% respecto diciembre de 2018. 

La situación es simple: existe descalce entre las captaciones que son menores a las colocaciones y esto es preocupante. A octubre de 2019, dicho descalce es de 418 millones dólares, pero que a la fecha probablemente sea mayor, habida cuenta de los retiros producidos en los días de la convulsión. Esta situación genera un riesgo estructural para la contracción del crédito, puesto que el riesgo de iliquidez se encuentra en las puertas.

Las medidas a adoptar son urgentes: facilitar para que las entidades financieras accedan a mayor liquidez y/o, ajustar los cupos de cartera a fin de atenuar la presión para el crecimiento de cartera con metas sectoriales. 

Reynaldo Marconi es  economista y abogado

 

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