Saúl Flores Calderón

El PIB de La Paz es del 27,89%

domingo, 29 de diciembre de 2019 · 00:00

Según el INE, el aporte del departamento de La Paz al PIB nacional en 2015 fue 26,83%, al año siguiente 27,85%, en 2017 subió a 28,07% y  el año anterior fue de 27,89%. Estos datos muestran un crecimiento sostenido y similar al de Santa Cruz (29,10%). Este crecimiento tiene algunas explicaciones. Una primera es que La Paz es el segundo departamento productor de minerales (convencionales y auríferos) lo que genera divisas y regalías por esta “exportación tradicional”.

Un fenómeno poco estudiado es que, en el mismo cuatrienio, según el Servicio Departamental de Caminos, en el departamento paceño 36 empresas constructoras –todas bolivianas y provenientes de varios departamentos– construyeron 400 km de caminos asfaltados interprovinciales. Eso dinamiza la economía con mano de obra, materiales de construcción, residencias de equipos humanos y maquinaria. A ello se agregan 45 empresas consultoras que elaboraron 28 proyectos viales (carreteras y puentes) a diseño final. Entre ambas generaron 2.600 empleos directos y otros 6.500 indirectos. Otro fenómeno –poco publicitado, pero con resultados– es la producción agrícola a escala. Comenzó con 200 hectáreas sembradas de quinua en la provincia Villarroel por la empresa comunal Aproquijal (76 familias). Se cosecharon 1.600 quintales y se vendieron 1.330 qq.

En este caso, además del ingreso directo por la venta, de casi un millón de bolivianos, la dinámica estuvo en el retorno de los hijos de comunarios productores, desde Argentina, Brasil y España. Esos migrantes se sumaron como mano de obra para sembrar y cosechar. A la quinua le siguieron, en el altiplano la siembra de forraje (alfalfa, cebada y pasto llorón) y cacao en la zona tropical de Alto Beni.

En este caso, el forraje fortalece la producción lechera y de sus derivados y ello genera otras dinámicas económicas multiplicadoras. Hasta la fecha se tienen más de 2.200 hectáreas sembradas, y más de mil familias productoras asociadas, en 12 municipios de ocho provincias. Antes, la dinámica era entregar semillas. Ahora se induce a los comunarios a producir. En términos cualitativos, la producción agrícola a escala comienza a resolver un problema estructural que como occidente arrastramos desde la Reforma Agraria de 1953: el minifundio.

Por ahora, cada familia campesina siembra y cosecha con fines de consumo familiar y de subsistencia. La economía agrícola de escala –que da pasos acelerados– tiende a romper el mito económico del minifundio. Otras dos dinámicas poco estudiadas son el movimiento por pago de impuestos y el turismo, aunque existen trabas. Según el Servicio de Autonomías, el departamento de La Paz aporta al país con 26% de impuestos recaudados, pero percibe cero recursos de la Coparticipación Tributaria (recaudación de impositiva y aduanera).

La Ley 31 de Autonomías de 2010 dispone discutir el Pacto Fiscal, pero a la vez niega a las nueve gobernaciones percibir recursos de los tributos, que sí perciben alcaldías (20%) universidades públicas (5%) y Ministerio de Economía (75%).

Esta fórmula distributiva de tributos fue creada por la Ley 1551 (1994). O sea, la traba a nuestro desarrollo tiene 25 años. El otro fenómeno es el potencial turístico. Nos falta mejorar el manejo de residuos sólidos en los Yungas, o un Malecón en nuestra bahía de Copacabana, y acelerar el funcionamiento de los aeropuertos de Apolo e Ixiamas como otras puertas al portentoso Parque Madidi. Pero el futuro también está en Iskanwaya (municipio Aucapata, provincia Muñecas) unas misteriosas ruinas en proceso de reconstrucción. Las industrias, hotelera y gastronómica, tendrán gran trabajo y recursos por generar. Aun así, el reciente cambio de gobierno nacional abre esperanzas para La Paz.

 

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