Jorge Velasco

La banca del Socialismo del Siglo XXI

domingo, 08 de diciembre de 2019 · 00:01

Los bancos  desempeñan un rol clave en el sistema económico de cualquier país.  La  función primaria de los bancos es poner en contacto a los ahorristas con aquellas personas o empresas que desean captar recursos, a través del endeudamiento.  El acceso al crédito es  vital  para toda economía, así  es posible apoyar nuevos proyectos de inversión que llevan al mejoramiento de la productividad y competitividad de las empresas, generando empleo y riqueza en un país. Los países con mayor penetración en su economía presentan un mayor desarrollo y  países en crisis tienen un sistema financiero débil.

Cuba y Venezuela son los máximos exponentes del Socialismo del Siglo XXI y tienen economías en una crisis profunda, además el hundimiento de la economía venezolana arrastra a la cubana. Venezuela ha pasado de ser uno de los países más ricos de la región a ser uno de los más pobres, lo que según Kenneth Rogoff (Harvard) “puede ser el ejemplo más sobresaliente de políticas desastrosas en décadas” y  el FMI califica esta economía como la de países devastados por la guerra. La pregunta es cómo sobreviven los bancos en una economía con estas características.

Para Francisco Faraco (experto en banca), en Venezuela  “los bancos  no se mueren de infarto, se mueren de cáncer”. Hoy la banca venezolana genera ingresos gracias al flujo de transferencias y pagos electrónicos (82% de las ganancias), sin esas comisiones los bancos estarían quebrados. Otra tabla de salvación ha sido la revalorización de sus activos para elevar su patrimonio, de esa manera logran mantener su solvencia. Aún no se produce una crisis financiera por las inyecciones de liquidez del Estado que permiten a los bancos hacer frente a sus obligaciones. La banca venezolana ha perdido su esencia de intermediación y solo es un sistema de pagos. Hay cuatro bancos grandes en Venezuela: el Venezuela (estatal) y los privados Banesco, Mercantil y Provincial (del BBVA) el resto (27) son pequeñas entidades. El 65% del activo de la banca venezolana para junio 2019 es del banco de Venezuela. El sistema esta técnicamente estatizado.

La cantidad de empleados que trabajan en la banca se ha reducido, desde el 2016, de 71.000 a 56.000 (-21%). La cantidad de cajeros electrónicos ATMs ha caído a un tercio y las 3.400 agencias bancarias tienen escasos visitantes. La banca tiene problemas de solvencia  y en lo operativo hay un deterioro en la infraestructura y posibilidad de atender a los clientes, además de la fuga masiva de talentos. La morosidad está en 3% pero hay bancos  con hasta 29%, el ROE es menor al 5% y el patrimonio de la banca se ha reducido a una décima parte de lo que era el año 2000. La cartera de créditos de todos los bancos suma aproximadamente 350 millones de dólares, eso equivale al 1,3% de la cartera de la banca boliviana. El marco regulatorio es muy rígido con control de tasas de interés, comisiones, encaje y adecuaciones patrimoniales para otorgar créditos. Además la banca está obligada a prestar intereses todavía más bajos para fomentar la agricultura, el turismo y la pequeña y mediana empresa. El gobierno ha puesto límites a las tarjetas de crédito, entre seis a  300 bolívares que no alcanza ni para comprar un café. La actual normativa de la banca boliviana preocupa porque  tiene un dejo bolivariano, como los techos en las tasas activas, por las metas de colocación al sector productivo y de vivienda social y por el fuerte impulso que el  anterior Gobierno le ha dado a la banca estatal (Banco Unión y bdp), en los últimos años, que hoy juntos suman una cartera de créditos de más de 3.000 millones de dólares (12% del sistema bancario). Urge cambiar el actual modelo impuesto del sistema bancario para priorizar lo técnico y quitar cualquier sesgo  político.