Análisis

Un balance necesario

domingo, 10 de marzo de 2019 · 00:00

Ronald Nostas Ardaya

En la última década, el país vivió un proceso de profundas transformaciones que afectaron aspectos sustanciales en los campos político y social, aunque también incidieron en los procesos económicos.  Estos cambios  lograron  avances, pero  generaron nuevos desafíos y necesidades por resolver.

En economía, el giro principal fue el mayor protagonismo del Estado en la planificación, dirección y ejecución de políticas  que resultaron exitosas en términos de crecimiento, estabilidad y redistribución, pero produjeron desbalances, desequilibrios y poca sostenibilidad  en ámbitos como la productividad, la industrialización y el crecimiento armónico de los actores y factores que generan riqueza y desarrollo  desde la sociedad.

Con esta visión, se creó un modelo que produjo una innecesaria contradicción entre el eficiente manejo de la macroeconomía por el Estado, -que todos valoramos y buscamos sostener- y un sistema que dificultó la expansión del sector privado productivo nacional, a través de mayores presiones salariales e impositivas, la débil intervención para solucionar temas como el contrabando, la informalidad y la burocracia, y la ausencia de políticas de apoyo a la producción nacional y a los pequeños y medianos emprendimientos en la industria manufacturera y  sectores no tradicionales.

Debido a esto, una gran parte de los esfuerzos de la institucionalidad privada se concentró en reclamar al Gobierno sobre la urgencia de corregir las medidas que dificultaban o imposibilitaban el crecimiento del sector, como los dobles aguinaldos o la ley de empresas sociales.  Debemos reconocer que en los últimos meses hubieron cambios con medidas  como la ley del etanol, el impulso al Mutún, los puertos al Atlántico y el Plan de Empleos.

En los nueve años que me cupo representar los intereses del empresariado privado nacional, he sostenido ante el Gobierno y la opinión pública, la necesidad de que se respete el rol que siempre cumplió el sector privado, y he propuesto la creación de políticas de articulación y coordinación, que permitan desarrollarnos, sin trabas, sin privilegios y sin presiones irracionales.

En la perspectiva general, para el empresariado privado, el modelo económico y su manejo en los años de bonanza, fueron positivos, considerando las condiciones imperantes, pero subsisten  dudas sobre el futuro, ahora que las principales fuentes de ingreso del país han disminuido, y es evidente que sufrimos una desaceleración lenta pero constante; que no tenemos alternativas para enfrentarla sin poner en riesgo los avances alcanzados; y que el sector productivo nacional precisa con urgencia acciones que le permitan fortalecerse y sostener el crecimiento.

Estoy persuadido que el sector empresarial se enfrenta hoy ante el desafío de adecuarse no solo a la coyuntura, sino al nuevo rol protagónico en la economía, en un escenario de transformaciones que demandarán de nosotros esfuerzos mayores en innovación, expansión y unidad. Hay la capacidad, la lucidez y la voluntad para asumir este reto, de cuyo éxito depende el crecimiento y la estabilidad del sector, pero también la sostenibilidad de un modelo económico que deberá ajustarse, sea por voluntad de los gobernantes o sea por la propia realidad económica, que es más contundente que las posiciones dogmáticas o los buenos deseos.
 

 

Confidencial

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