La Criba

El periodismo contra los mitos económicos

domingo, 21 de abril de 2019 · 00:00

Javier Aliaga 

¿Por qué los políticos necesitan hablar del hallazgo de un “océano de gas”, del “oro blanco” del litio que convertirá a Bolivia en una nueva Arabia Saudí, del despertar del “coloso de hierro” del Mutún para transformar al país en una potencia del acero o del gran valor de compra que tienen nuestros cien bolivianos?

Las declaraciones en tono de declamación que hacen los políticos en esos temas no ahorran en metáforas, hipérboles y mitos y tienen el propósito de persuadir a la gente con una sola imagen sobre la supuesta época “dorada” o de “zafiro” de la economía boliviana.

Recordemos que desde hace unos años se viene repitiendo “Bolivia, corazón energético de Suramérica” y hace una década se insistía de forma delirante en que Bolivia garantizaría en el planeta la transición de los coches de combustibles fósiles a los eléctricos. Aunque esos dos últimos anuncios tuvieron un amplio tratamiento informativo en una diversidad de formatos y medios parece que ninguna de esas metas se hará realidad a la vista de las evidencias. Es previsible la irresponsabilidad con que los políticos sobredimensionan su visión parcial de la realidad cuando informan sobre lo que pasa con la economía, un tema que no debería ceder fácilmente a la confusión de los anhelos, fantasías y los datos.

Y es llamativo que muchas de esas metáforas machaquen nuestro imaginario, cuando, a la vez, desde el mismo Gobierno se minimizan datos como la baja de las reservas internacionales, de las exportaciones o el estado de las negociaciones sobre gas con Brasil. Estoy seguro de que la mayoría de los periodistas que se hacen eco de las exageraciones en titulares lo hacen para dejar en evidencia las ocurrencias de las autoridades que, además, coinciden con ese sentimiento atávico de desarrollo vinculado a la Pachamama. No obstante, frente al tratamiento político y casi mágico de los temas económicos y frente a los mismos actores políticos, los periodistas podemos ir un paso más allá y centrar el debate en la explicación y la interpretación de lo que sucede, en lugar de sólo reproducir la información del Gobierno, peor si es exagerada.

En el mismo ejemplo del supuesto “océano de gas” que resultaría descubierto en el pozo Boyuy,  Repsol fue cautelosa al informar que resta probar si es un descubrimiento comercial, a la vez que el Gobierno insistía en exagerar los alcances del hallazgo.

Si los periodistas deciden ir un poco más allá podrían consultar a cualquiera de los geólogos de las universidades del país para conocer su opinión sobre la posibilidad de que algo comparable a un “océano de gas” exista entre Santa Cruz y el norte argentino. Seguro que las respuestas alumbrarían los mares de confusión sobre el tema. Lo curioso es que la frase del “océano de gas” o la variante de un “mar de gas” en Bolivia tiene decenas de miles de menciones en el buscador de Google y fue una de las noticias más leídas del año.

Acá cabe una autocrítica como sector porque el periodismo en el área económica debería diferenciarse por el tratamiento riguroso y en profundidad de los datos y los temas cuando se está ante una declaración política o informaciones que distorsionan la realidad.

Si los periodistas se cruzan de brazos ante las hipérboles a sabiendas de que lo son, es porque en lugar de ser un antídoto contra los mitos decidieron contribuir a su difusión en coincidencia con los intereses de los políticos y para la gloria de los mismos.

Confidencial

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